NO tienen remedio. En este país, los marxistas, los separatistas y los entusiastas de la Amnisty International no tienen remedio: son unos cursis de campeonato. Conste que no trato ahora de sus respectivas ideas, tendencias, predilecciones, creencias o vocaciones, así políticas como morales en general. Todas ellas pueden ser admirables, eminentes, acertadísimas (tampoco lo son, por lo general); pero, al propio tiempo, resultan perfectamente compatibles con la cursilería. Y con el patetismo o sea, el aldeanismo o sea la visión chata, menuda, rural y (como hoy suele decirse) obsoleta de las cosas.

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La cursilería del marxismo se metió en mis ojos infantiles (es decir, hace cuarenta y tantos años), en la Valencia triste y asustada de la guerra civil. Recuerdo con pavor la pedantería insolenta y el sofocante mal gusto de ciertos pretendidos intelectuales socialistas, que venían por casa porque eran amigos de unos parientes de Madrid, también intelectuales (pero éstos, en serio) que teníamos refugiados. Las mujeres parecían tíos y los hombres se me antojaban raros, para mi inocencia de entonces; hoy hubiese dicho que eran maricas o sea, gays. Lo cual tampoco tiene que ver, porque marimachos y mariquitas de exquisito gusto claro que háylos. Aquéllos, desde luego que no. Aquéllos eran redichos, suficientes, envarados y cargantes. Hablaban de todo doctoralmente y daban lecciones a domicilio, sin que nadie se las pidiese.

 

Semejante cretinismo se ha perpetuado en los actuales genios oficiales del marxismo, así en las letras como en las artes y no se diga, en la otrora llamada ciencia política. Siguen siendo estas gentes insoportablemente vanidosas y rematadamente cursis. No hay más que ver lo que escriben, lo que pintan o las declaraciones que hacen. O las medidas que toman, para democratizar (según ellos) el país. Aparte las excepciones de rigor, como siempre hay que decir, miren ustedes alrededor y sean sinceros (no me atrevo a pedirles que sean francos, tal como están las susceptibilidades). Nada hay más aburrido, hortera e insufrible que un mitin, una conferencia, una entrevista o un coloquio a cargo de estas gentes. Siempre se llevan su lección aprendida, la misma cada vez, y la colocan monorrítmicamente, venga o no a cuento. El Partido lo ordena y en paz.

 

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OTROS que tal bailan son los separatistas, ésos seres alucinados que se han inventado su historia particular, han procreado para su gusto privado una determinada etnia incontaminada de estigmas celtibéricos, promueven el racismo y quieren sacar de quicio lenguas muy respetables, aunque minoritarias, cuando no llegan a descubrir una inédita. Que resulta, por ejemplo, que existe un idioma aragonés, palabra de honor, que lo he leído en un periódico de Zaragoza, donde una extraña Asociación que decía defender la pureza lingüística de los maños, solicitaba del poder público que en discursos, sermones y periódicos, así como en letreros y demás manifestaciones impresas, se usara tan sorprendente lengua, en coexistencia con el castellano. Y aun lo primero, hice por entenderlo, que notoriamente los baturros tienen un acentico muy peculiar y muy suyo, rediela; pero eso de que, por escrito, haya un idioma aragonés autóctono, pues la verdad, no lo entiendo y ustedes dispensen.

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En cuanto a la cursilería y orfandad mental de los vascos de pacotilla, que no tienen idea de la hermosa (aunque tan limitada) lengua euskera y lo arreglan todo agarrando la correspondiente y con alta, ¿qué decir? Pues que se trata talmente de una koña, de un katxondeo. (¡Ah, que me olvidaba! También la ch hay que convertirla en tx y con ello culmina el proceso de euskerización del vocabulario). Con razón están que trinan los auténticos filólogos vascos, los verdaderos estudiosos y amantes de la añeja y difícil lengua. Las atrocidades que con ella vienen cometiendo los cursis (perdón: kursis) que no la saben y se la inventan, les convierten en doctores Frankenstein del idioma, que talmente quieren sacarse de la manga otro nuevo, a base de retales del antiguo. Una monstruosidad, pues.

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PARA terminar, queda la chaladura de catalanizarlo todo, que también ha prendido (fruto de la misma odiosa confabulación del paletismo con la cursilería) en muchos alucinados siervos de Pujol, que no se contentan con poseer una bellísima lengua, rica en tradición y pródiga en colosales obras literarias y juegan a la invasión de cotos ajenos y traducen por narices (mejor dicho, per collons y ustedes dispensen) cualquier palabra castellana que se les viene encima, incluidos nombres y patronímicos. O sea que a mí me han colocado como Ferrán en la Guía del Il-lustre Col-legi d'Advocats de Barcelona y como Paus, a los Pablos; Peres, a los Pedros; Joseps, a los Josés y así sucesivamente, aunque los afectados sean de Valladolid o de Córdoba.

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El día menos pensado, veremos que anuncia la Generalitat unas representaciones solemnes de La vida es son (lógica traducción), adjudicando la autoría del drama a En Pere Calderó del Vaixell, que es como literalmente podría traducirse el glorioso nombre de don Pedro Calderón de la Barca. En esa línea, hablarán de Francesc Franc (mal, por supuesto), de Josep Antonio Cosi de Ribera; de los futbolistas Joanet, Del Bosc, y Sant Josep; de la actriz Florinda Petit, del veterano Alfred Maig, del bailarín Antoni y de los actores Xesus Pont y Ferrán Prim.

 

La leche, vamos. (O sea, la llet).

 

VIZCAINO CASAS

(Heraldo Español nº 54, 13 al 19 de mayo de 1981)