Tomando como cuartel general el Parador de Gredos, un remanso de paz, en especial a la hora del café de sobremesa saboreado sorbo a sorbo en una de las mesitas de su terraza contemplando el pinar próximo y las montañas lejanas, envuelto el ambiente en un frescor y silencio que nos llenan de una paz absoluta, dispusimos las mañanas para conocer eso que los cursis de la capital llaman la España vaciada, cuando se trata de la España olvidada, dejada de la mano de Dios, la España de nuestras raíces, nuestra madre tierra cargada de tradiciones, leyendas e historia.

            Una de esas rutas de mañana la dedicamos a conocer el municipio de Santiago de Tormes que agrupa seis núcleos de población: Aliseda de Tormes, Horcajo, Navasequilla, la Lastra del Cano, Lastrilla y El Cardedal.

            Un completo desayuno en el Parador, justo a las ocho de la mañana, el primer turno, y sobre ocho y media partimos en dirección a “EL Barco de Ávila”. Antes de arrancar, como de costumbre, ponemos el cuentaquilómetros parcial a cero (Km 0).

Km 30,3: A la altura de La Aliseda de Tormes, desvío a la derecha en dirección a Horcajo de la Ribera. Buena carretera. La entrada a Horcajo es un bosque galería de gran belleza. La iglesia de la Asunción presenta una cuerda que baja desde el campanario por la fachada exterior para ser tocada desde fuera. En la plaza, una señora espera la llegada del pan sobre la diez de la mañana: “¡Hoy se retrasa!”.

Km 38,4: Ermita de la Concepción: Romería el 3er domingo de junio a la que acuden vecinos de Horcajo y Navasequilla. Barbacoas de piedra al otro lado de la carretera. El lugar es un rellano en un alto de una belleza soberbia. Muy próximo se inicia un camino que sube a un picacho donde se levanta una gran antena. De ese alto, un parroquiano de Navasequilla nos contó la leyenda de “La cama de la Virgen”. Una senda, en la corona del citado cerro lleva a una piedra plana, la cama.

 

Ermita de la Concepción (Ávila)

 

Km 40,1: Navasequilla. Los de Navasequilla presumen de tener el pueblo más alto de España con 1.693m, aunque no lo tienen del todo claro. Charlamos un buen rato con Teodora, Francisca y Eusebio, los tres de apellido Moreno.

–De niño, había nevadas que cubrían los tejados. Hacían un túnel para pasar personas y animales. Hace un rato, de una huerta de ahí abajo me ha salido un corzo y ha tirado para arriba, ¡que chicos saltos pegaba el animal! –nos comenta Eusebio.

–¿Es usted escritor?, –me pregunta Teodora– ¡Como le veo escribiendo en esa libreta!

–Más o menos, –le respondo.

–Pues a ver si escribe un reportaje y nos arreglan la carretera o nos dan mantas –interviene Eusebio.

–¿Y qué refranes tenéis por aquí? –les pregunto.

–Hay uno sobre el pueblo de ahí abajo, pero ese no se lo digo. “En Navasequilla, buena gente, buena familia” –interviene Teodora.

            Volvemos sobre nuestros pasos y al llegar al cruce de abajo giramos a la derecha en dirección a La Lastra del Cano.

Km 50: La Lastra del Cano. Café entrando en el pueblo a la derecha, en “La Taberna de la Lastra”. Con gran amabilidad nos atiende Adela, la dueña. A mi pregunta de si justo enfrente del bar se encuentra “Un potro”, ella me dice que sí, sale del bar, cruza la carretera y nos explica cómo erraban las vacas. Antes de marcharnos le pregunto por un lugar para almorzar y me dice que si queremos nos prepara un entrecot de ternera con unas patatas fritas de huerta. ¡Hecho, señora! Subimos a El Cardedal, damos una vuelta por la zona y quedamos sobre las  dos.

 

El potro. Lastra del Cano (Ávila)

 

Km 51,9: El Cardedal. Un alto al que combaten todos los vientos, un conjunto de una decena de casas a los lados de una sola calle. Fin de la carretera. El lugar lo preside un abrevadero con fuente en uno de sus extremos y al frente aparece una casa con una espadaña de piedra que alberga una campana, antigua escuela. Al fondo de la calle aparece una era con un potro de errar vacas. La soledad, el silencio, el peso del paso del tiempo nos transmiten la sensación de contemplar uno de los lugares con más encanto y sabor de la grande y extensa España, la España de los mil paisajes, la España cargada de historia e historias, costumbres, usos y desusos. Sin duda es la España que están vaciando por puro desconocimiento de un país, porque ese vaciado, en cierta forma puede frenarse potenciando el turismo de interior.

            Desde Cardedal llegamos en breve visita a La Lastrilla, Aldeanueva de Santa Cruz con su antiguo convento de la monjas (S.XVI) y Avellaneda (fin de la carretera, no dejar de ver casita en la parte baja, entrando a la derecha). Volvemos a la Lastra del Cano, allí nos espera el almuerzo.

 

El Cardedal (Ávila)

 

Km 73,5: La lastra del Cano (1:55 pm) ¿Son muy grandes?, ¿le preparamos uno o los dos?  –nos pregunta la chica del bar que nos muestra una bandeja con dos entrecots. Pónganos ese, el más grande y redondo, le indico – ¿En su punto? –Sí, gracias, y traiga también, por favor, media ración del queso ese “del pastor” que anuncian. Sí, lo hacen aquí y nos lo traen.

Almorzamos en la terraza del bar bajo un techado que da sombra espesa, acariciados por una brisa fresca y constante que viene y va. El entrecot está soberbio, las patatas fritas de huerta, aceitosas y doradas, tampoco se quedan atrás. Guadalupe, ¿un café? ¡Sí!. Entro a pagar y a despedirme, le doy las gracias por todo a Adela, la dueña, que nos invita a que volvamos en invierno y me explica que han recuperado la cocina tradicional a la lumbre y preparan por encargo y con reserva anticipada carnes a la brasa, judías blancas de la zona, calderetas y cocidos en tres vuelcos cocinados a fuego lento en pucheros de barro individuales. Tenga usted, llévese la tarjeta.

            Volvemos al Parador de Gredos. Ducha, siesta sin dormir, otra ducha y a tomar café en la terraza, frente al pinar, nuestro lugar preferido, pero antes solicito en recepción si puedo leer uno de los libros de la biblioteca del gran salón con chimenea del Parador, uno de título “Exaltación y Estirpe de las cosas de España”, escrito por J.E. Casariego. ¡Claro, señor, acompáñeme y se lo entrego! Y así, leyendo sobre las cosas de España reparo en ese dolor que uno siente por las cosas que ama, porque uno ciertamente sólo conoce aquello que ama de verdad.