Decisiva y dolorosa reminiscencia de los pasados marzo y abril del pasado año. Mientras una parte de mis compatriotas trillaba el sendero de la infrahumanidad, exhibiendo desacostumbrada puntualidad a la hora de aplaudir, desde el balcón, su propia auto-servidumbre, otros se entrenaron en la repugnante modalidad de chivatos vocacionales. Y sin fronteras. Balconazis. Balcobolches, menos eufónico, la verdad. Los chotas de toda la vida, vamos.

Entre terroristas y chotas, entre cerdos (autoridades) y ratas

En verano, el terrorista - generador y difusor de terror - Iñigo Urkullu  muy propio de un partido de siniestros psicópatas racistas como el Pnv) alentaba a los ciudadanos a denunciar a quienes no cumplieran con las liberticidas medidas que había tomado su ilegítimo gobierno. La televisión pública vasca, ese detritus denominado etebé, reclamaba la habilitación de teléfonos de denuncia ciudadana.  La caza de brujas de los estados totalitarios, engrasada y en marcha. Políticos en Usa, y en múltiples países, incitando y fomentando actitudes semejantes de denuncias ciudadanas propias de regímenes totalitarios.

Disfruta de tu cóctel, soplón

Hoy, escuchando el nuevo disco de la gloriosa banda navarra, Lendakaris muertos. Miedo a un Planeta Plano (Vol. 1). Y el toque de queda. No aguanto encerrado. Y surgen "los ladrones de cuerpos". Ratas que "salen de sus madrigueras". Odiosos "extraterrestres me gritan desde el balcón". Chotas y chivatos. Un piojoso snitch, soplones y confites de toda la vida, "escucho sus aullidos llamando a la madera". Delatores de manual. Soplacirios de la ilegítima y terrorista autoridad de turno. Lástima, esta noche duerme caliente algún soplón, claro. Pero, también, esta noche "se celebra un cóctel en tu balcón".

Pues lo dicho. Cóctel Molotov Al Chivato Del Balcón. Nada que no se sepa. Limpiar y secar bien las botellas, chorrito de ácido sulfúrico, llenarlas de gasolina, poner el correspondiente tapón metálico. Y sellado con cera. Lavado y secado de nuevo de las botellas. Y, conclusión, adherir un papel secante previamente impregnado de polvo de clorato de potasa. Nada que no sepa. Tan habitual en la buena literatura…

…Incluso el Cabrón de balcón no se lo merece. Fue un cabrón muy “responsable”. Y “solidario”. Y te lo creíste, cabrón. En fin.