De todas las locuras que podemos

cometer a lo largo de la vida

ninguna es comparable a la suicida

locura de que a Dios la espalda demos.

 

No hay otra en realidad, pues si eso hacemos

no importa lo demás, está perdida

nuestra alma y por tanto la partida

que jugar y ganar aquí debemos.

 

De gozos mundanales así estemos

colmados y de honores hasta arriba,

si Dios nos falta estamos en la ruina.

 

Lo dijo Quien habló con voz divina:

¿de qué sirve que el mundo lo ganemos

si a cambio nuestra alma la perdemos?