Lleno de gozo y alegría por haber compartido portada estos días con Pío Moa, Eduardo García Serrano o el General Chicharro, lo que me tiene en una nube, me dispongo a escribir el artículo de hoy que será más costumbrista y menos político que los últimos que he escrito.
 
Con la perdida de población en los pueblos de España se va perdiendo también un vocabulario riquísimo sobre las múltiples labores agrarias y ganaderas que se desarrollan en estos ámbitos, y también muchas tradiciones de tipo religioso o laico. Una de las más populares siempre ha sido la matanza del cerdo. La familia se reunía para sacrificar el animal y obtener de el un sin fin de productos alimenticios, de consumo inmediato unos, más duraderos otros. Entre chatos de vino se procedía al despiece del animal y a la posterior conversión de sus carnes en chorizos, salchichones, jamones, etc. Todo desarrollándose por medio de un ritual milimétricamente establecido. Acompañado también de charlas, risas y bromas.
 
Antes de proceder al sacrificio del animal, los más pequeños y los más bromistas lo bautizaban con el nombre de algún político al uso, y así, a Felipe, a José María o a José Luís les iba llegando su San Martín, cosa que no le deseo a ningún miembro de nuestra clase dirigente, aunque más de uno se lo merezca.
 
Se asaban los chumarros, cuyo exquisito sabor unido al del buen vino, daban energías y ánimos para continuar con la tarea. Todo en jovial ambiente y fraterno.
 
También se han perdido las celebraciones de los quintos, al desaparecer la mili y desaparecer los quintos también.
 
Y las fiestas religiosas se van sosteniendo gracias a la colaboración de personas de avanzada edad que seguramente pensaran que estarían mejor en otros menesteres.
 
Con todo ello se nos van yendo las esencias de la España multisecular, sustituidas por la extraña mezcolanza urbanita de religiones, razas y costumbres.
 
Los alemanes tratan de que sus esencias alemanas no se pierdan luchando desaforadamente contra la despoblación en los lugares en que esta se presenta. Mediante una red ferroviaria precisa y asombrosa mantienen comunicados todos los lugares patrios para que vivir en los pueblos o lugares escarpados no sea un menoscabo a la hora de tener los diversos servicios que nos ofrece nuestra civilización al alcance de la mano.
 
Sumense a esto una red de carreteras y autopistas ejemplar y el desplazamiento de fábricas de las multinacionales a lugares donde la despoblacion acecha y vemos como este pueblo ha salido victorioso del combate y conserva sus costumbres y tradiciones, esencia de alemanidad.
 
Esto es lo que tendría que hacerse en España también. ¿ qué donde estará el dinero? Pues supongo que en bolsillos donde no debería estar.
 
17 taifas, con sus oropeles y lujos nos succionan nuestra sangre y sudores. Destinandose una cantidad de recursos ingentes al boato y no a las necesidades perentorias que tiene nuestra sociedad. Es hora de acabar con este engendro monstruoso antes de que acabe el con nosotros.
 
Solo desde ADÑ se aboga por acabar de una vez con la patraña. El Vox constitucionalista, nos habla de reformar un invento que necesita ser erradicado de raíz. Y ello por que nos está succionando los líquidos vitales a la vez que nuestra alma y nuestro espíritu se mueren con ellos. 
 
Así pues una de las condiciones sine qua non para dar un giro a la decadencia de nuestro país y poder afrontar los retos que se presentan, es la abolición del sistema de las autonomías, por el daño que hace a la unidad de España y por el daño que hace a nuestros bolsillos.
 
Si no, continuaremos deslizándonos por esa cuesta abajo en la que ha entrado el país y que puede desembocar en algo trágico. Para nuestra revolución Nacional Sindicalista esto será siempre algo prioritario. Al igual que la resurrección de nuestra España vaciada e inerme.
 
El mal que sufre España tiene 45 años de antigüedad y hay que acabar con él. Se llama Constitución del 78 y además de despojar nuestros bolsillos nos está despojando el alma también. Lucharé desde esta trinchera de El Correo de España para que mis compatriotas se den cuenta de una vez del mal que padecemos y de que con partidos sistémicos la cosa no tiene arreglo posible.