Recientemente aparecieron documentos de gran valor histórico que motivaron la realización del último libro de Ángel Fierro: "La Dama de Arintero. Análisis Crítico". Se trata de las Cartas Ejecutorias de Hidalguía de la familia Argüello en la Real Chancillería de Valladolid (años 1494/95, y 1545/81), de Julián de Argüello, su nieto Francisco de Argüello, y sus descendientes Pedro y Hernando de Argüello, aportadas por don José Daniel Fuentes Macho, vecino de Valladolid, con "cobijo veraniego en el Alto Curueño" y descendiente de Julián de Argüello, según el árbol genealógico de la familia sacado de dichas cartas ejecutorias. Se habla de los padres de la Dama, Juan García Díaz y Leonor Téllez, y de sus hijas. Es lo más lejos que se ha podido llegar en las investigaciones hechas, en este caso por el autor de este análisis crítico. Su libro -fiel testigo de su estilo virtuoso- coloca cada palabra en su sitio y en el momento oportuno; nos provoca una detención en el camino al levantar el misterio de la tierra que suele quedar desaparecido bajo el polvo de las pisadas.

No se entiende -en principio- que Julián de Argüello, un "fijosdalgo" de los Argüellos, territorio de realengo, casado con una hermana de la Dama, con el honor de ir a la guerra, fuera a la misma que se le atribuye a la Dama, sin mencionar para nada el nombre -que no el caso- de su cuñada, en sus Cartas Ejecutorias de Hidalguía. Se conjetura que no querría descubrir el secreto intuyendo lo que suponía. A la llamada al fonsado, en su condición de noble aportó diez caballos y veinte lanzas, lo que da idea de su alta posición social. Debió ocultar el hecho por su gravedad. Y por eso nada se dijo, ni se escribió. Tampoco sabía escribir ni leer la mayoría. Todo surgió después del acontecimiento cuya única vía de comunicación, fue la oralidad del romance -única fuente primaria- como expresión anónima de lo insólito que tenía que salir entonces a la luz, y que hoy es tan difícil de investigar entre tanta sombra.

El verdadero meollo de la historicidad y verdad del personaje se cree pueda estar en el Expediente nº 20.140, que la ministra de Defensa, entonces Carmen Chacón, hizo desaparecer al desmantelar de su antiguo emplazamiento madrileño, el Museo del Ejército. Lo envió para el Alcázar de Toledo, adonde solo llegan o existen allí, una parte de fondos históricos y nada de la eliminada Sala de Heroínas, adonde también estaba María Sarmiento que a la sazón luchó en la misma guerra de sucesión Castellana, contigua a la Dama, a favor de Juana "la Beltraneja". Con la Dama de Arintero, desaparecieron de la exposición al público los cuadros e historia de las grandes de España: Agustina de Aragón, la monja Alférez, Manuela Malasaña, la Condesa Bureta, María Pita, etc.,

Los documentos, si no los quemaron, en algún sótano húmedo del Alcázar toledano deben estar retirados pudriéndose en el olvido, para lo que fueron destinados. Los investigadores individuales lo han solicitado allí, y solo les dieron buenas palabras. O no quisieron trabajar para buscarlos, aunque la Biblia dice: "el que no trabaja que no coma". La historia es nuestra y queremos conservarla. Debe ser solicitado formalmente, el expediente y el retrato, por el Ayuntamiento o alguna Institución leonesa hasta que vuelva a su origen como Dios manda. Pero ya ni es necesario: Ante la reiteración, el Museo del Ejército ha contestado que no aparece nada, por lo que hay darlo por perdido. Con este expediente y la documentación que quemaron los rojos en 1937, de iglesias y archivos, al incendiar los pueblos montañeses, hubiera sobrado para conocer todo vestigio de la Dama que ahora nos matamos buscando. Las dos causas -aquella quema, y esta pérdida- se relacionan bastante. La vida es así y no se puede cambiar cuando se hace historia. Solo es necesario no enterrarla en la indiferencia del olvido y actuar en consecuencia.     (Fin)