HOY, de nuevo, tengo que escribir desde "la celda del dolor"; desde esta celda que atormenta mi cuerpo y aprisiona mi espíritu. Ahora, por primera vez en carne propia, estoy sintiendo de verdad la sensación esa de que todo en el acontecer humano es un engaño lleno de vanidades y ambiciones. Ahora, por primera vez, estoy encontrando el valor justo de lo que somos o de lo que creemos ser.

¡Y a fe de Dios que ahora más que nunca estoy viendo con claridad lo absurdo de esta "guerra" que nos traemos entre manos!

De verdad, de verdad ¿merece la pena participar en esta orgía de pasiones que unos y otros, estos y aquellos, hemos organizado a nuestro alrededor?

El problema, mi problema, tu problema, nuestro problema... es que, a pesar de todo, la vida sigue y hay que vivirla.

Dostoyesvki comienza una de sus narraciones ("El sueño de un hombre extraño") con estas palabras que en anteriores lecturas me habían pasado inadvertidas: "Soy un hombre extraño. Ahora me tratan de loco; pero esto sería para mí una especie de ascenso, si no continuase siendo el mismo hombre "extraño" que antes... Preciso es decir que ya no me enfado con las bromas que me gastan. Al contrario, más bien me divierte el que se burlen de mí. Y hasta me reiría de buena gana con ellos, si no experimentase cierta tristeza al ver que los que de mí se burlan ignoran la Verdad, y yo, en cambio la conozco... ¡Y pensar que ellos no podrán conocerla nunca! ¡Oh, no, no podrán conocerla!..."

Y es que el dolor, ciertamente, nos hace sentirnos seres "extraños". Seres "distintos" y como "únicos". A veces, hasta seres "miserables".

Y, sin embargo, nada, ni siquiera el dolor, puede doblegar un espíritu que se ha fortalecido en el ansia de la sinceridad. Porque la Verdad es como un imán que atrae y encadena al hombre que lucha por encontrarse a sí mismo... y, en definitiva, a Dios.

¡Esa sí que es la verdadera libertad!

Pero, no. No quiero desviarme del camino. No quiero centrar en "mi" problema vuestra atención... entre otras cosas porque el problema de hoy es España. ¡Y España sí que se merece todo nuestro entusiasmo y toda nuestra rebeldía!

Eso sí: os confieso que nunca había meditado tanto como en esta "celda del dolor". Tal vez porque desde aquí el panorama es distinto... o acaso porque llevo bastantes días sin leer periódicos. ¡Qué cruel es para un periodista tener que reconocer que desde que no lee periódicos su mente está más clara y su alma más tranquila! ¿Querrá eso decir que los que estamos atormentando a los españoles somos los periodistas?... ¿querrá eso decir que los que estamos dislocando las cosas somos los periodistas?

Quizás. Quizás ahí esté la explicación de que el pueblo español lea hoy menos prensa que nunca.

Bueno, pero el hecho es que yo quería hablar hoy del libro que acaba de publicar el profesor Tierno Galván ("Cabos sueltos", Editorial Bruguera) y que yo acabo de "tragarme" de un tirón.

Que ¿por qué?

Porque en el libro hay muchas "explicaciones" a muchas de las cosas que hoy están ocurriendo en España. Porque el marxista Tierno escribe "desde la última vuelta del camino" y dice lo que tiene que decir sin miedo a la galería o pensando en los votos de pasado mañana.

¡Es curiosa la "alergia" que los socialistas españoles sienten a todo lo que huele a "militar"!

¡Es curiosa la "explicación" que Tierno da a los actuales problemas de España!

Pero, sobre todo, es curioso el desencanto y la desilusión que se desprende a lo largo de las casi setecientas páginas del libro.

Vayamos por partes:

En la página 411 el "profesor" dice del hoy Rey de España y entonces Príncipe y sucesor de Franco lo siguiente:

"¿Cómo era don Juan Carlos? La opinión más generalizada le definía como un pobre muchacho, semientontecido por el paso por las academias militares donde había tenido que someter su inteligencia y libertad a una disciplina que se le exigía en términos de entrenamiento para convertirse en algo parecido a un muñeco animado...".

O sea, que el " profesor" -¿sin darse cuenta?- acepta algo que es consubstancial con el socialismo español y que "explica" el sentimiento antimilitarista del PSOE que sus propios líderes actuales no tratan de ocultar.

Porque de esas palabras se desprende que las "academias militares" no sólo entontecen a los que por ellas pasan, sino que, además, son escuela de "muñecos animados". Luego, deducción: todos los que hayan pasado por las "academias militares" se han entontecido y se han convertido en "algo parecido a un muñeco animado".

No. señor profesor. Esas palabras no son justas y mucho menos verdaderas. Las "academias militares" españolas han sido y siguen siendo escuela de grandes soldados, de excelentes profesionales y de buenos patriotas. Como tampoco es cierto, ni justo, que usted dé por válido eso de que "tengan que someter su inteligencia y su libertad a la disciplina"... cuando la verdad es, eso sí, que la disciplina bien entendida es siempre motor y desarrollo de la inteligencia y de la libertad.

("¡Disciplina!... Nunca bien definida y comprendida. ¡Disciplina!... que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!... que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos. Esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos").

¿No será, señor Tierno, que otra vez renace el "espíritu socialista" de aquella decisión de 1931 que cerró las puertas de la Academia  Militar de Zaragoza y que motivó estas palabras del entonces general Franco? ¿No será que sus "Cabos sueltos" no están tan sueltos?

Porque yo ya me huelo que detrás de sus palabras vendrá -como tras lo del divorcio ha venido lo del aborto - un proyecto de Ley que dé paso al "cierre legal y constitucional" de las actuales Academias militares... ¿o me equivoco?

Menos mal que en la página 233 de su libro el profesor Tierno se abre a la sinceridad y dice: "Ahora, los portugueses conservan bastante de su altura de entonces (se refiere a la etapa pre-democrática) y entre nosotros, por desgracia, la ramplonería, sobre todo la ramplonería política organizada como burocracia de partido, está achicando cada día más a nuestro país".

Porque "ahí' está el quid de la cuestión. Ahí está el quid de los problemas de España: en esa ramplonería de los partidos políticos actuales.

En esa ramplonería política de la actual clase política, que - insisto- está llevando a España al precipicio y al desastre.

Y termino. Termino con estas bellas palabras que Tierno escribe en la página 351 y que yo reproduzco para que las lean los "dictadores democráticos" que hoy pululan por la Villa y Corte:

"Hacer victimas equivale a hacer verdugos y los verdugos nunca han tenido prestigio".

(Claro que, parafraseando a Lenin, los socialistas se preguntarán ya: ¿y para qué sirve el prestigio cuando se tiene el Poder?)

Heraldo Español nº 60, 24 al 30 de junio de 1981