El pasado 6 de febrero el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, los Estados y Reinos de la Commonwealth, y el resto de Dominios y Territorios de S.M. Británica conmemoraron el “Accession Day, 2022”, o día de la Ascensión, en el que se conmemora el acceso al Trono Británico de la Reina Isabel II, y no solo eso, sino que en este año se cumple el Jubileo de Platino de S.M., nada más y nada menos que 70 años de reinado.

Cuando a las 11:15 de la mañana del 6 de febrero de 1952 la BBC anunció al mundo el fallecimiento esa misma mañana en Sandringham House del que fuera el último Rey-Emperador Jorge VI, la entonces Princesa Isabel se encontraba en Kenia, de gira con Su esposo, el Duque de Edimburgo, y desde Palacio no habían podido contactar con ella para comunicarle el fallecimiento de Su padre, y por ende, Su acceso al Trono.

La entonces ya proclamada Reina Isabel II se enteró a través de Su esposo de la triste noticia que cambiaría su vida para siempre.

Inmediatamente la Reina procedió a cancelar la Gira por la Commonwealth y regresar a Londres, donde al bajar de la escalinata del avión la joven Reina de 25 años se encontró con todo Su Gobierno, presidido por nada más y nada menos que Sir Winston Churchill; y por primera vez la joven Reina tuvo que bajar sola por la escalera del avión, seguida ya para siempre tres pasos por detrás por Su esposo.

Nadie imaginaba entonces que la “nueva era Isabelina” como la anunció Churchill, llegaría a celebrar su Jubileo de Platino.

En estos 70 largos años de reinado S.M. Británica ha tenido que hacer frente a numerosos cambios, políticos, sociales, económicos, y sobre todo al importante cambio que significó el fin del Imperio Británico.

Si el padre de la Reina Isabel, el Rey-Emperador Jorge VI perdió la Corona del Imperio de la India (al producirse la Independencia de la India) su hija y sucesora ha sido testigo de la desmembración de los restos del Imperio Británico, con la independencia de los antiguos Dominios y Colonias, la salida de la Commonwealth de muchos de ellos, e incluso la conversión en Repúblicas, cortando así el último lazo de unión que tenían con la Corona Británica.

Cambios a los que la Reina Isabel II ha sabido adaptarse, y no solo eso, sino sobrevivir y, en muchos casos, salir reforzada. Pero no es de extrañar pues tuvo el mejor maestro en su propio padre, el Rey Jorge VI, y en el que fuera el primero de sus Primeros Ministros, Sir Winston Churchill, quien guio a la joven Reina en sus primeros años.

Con dos maestros como ellos, dos gigantes de la política que vencieron al mismísimo Hitler, a quien le puede extrañar que la Reina Isabel II haya podido superar cualquier obstáculo que se haya puesto en su camino, y bien sabe Dios que no han sido pocos.

Al poco de comenzar su reinado tuvo que hacer frente a la aceleración de la descolonización de África y el Caribe, entre 1956 y 1980 más de 20 Naciones se independizaron del Reino Unido como parte de una transición planificada hacia un gobierno autónomo, quedando muchas de ellas integradas en la llamada Mancomunidad de Naciones (la conocida Commonwealth), de la que la Reina está al frente con el título de “Jefa de la Mancomunidad de Naciones”.

Pero sin duda su primera crisis como Monarca Constitucional de los Países de la Commonwealth ocurrió en el año 1975 con la crisis constitucional australiana que estuvo cerca de convertir a Australia en una República.

Tras esta crisis, en el año 1977 la Reina Isabel celebró su Jubileo de Plata, para el cual se llevaron a cabo fiestas y eventos a lo largo de todo Reino Unido, muchos de los cuales coincidieron con giras nacionales y viajes por países miembros de la Mancomunidad. Las celebraciones reafirmaron la popularidad de la Reina. Pero el descanso duró poco, pues un año después tuvo que hacer frente a la traición de Sir Anthony Blunt, Conservador de Pinturas de la Colección Real y amigo de la Reina, quien fue descubierto como espía al servicio de la Rusia Soviética, y justo un año después, en 1979 el IRA asesinaba al tío de su esposo, y primo de ella, Lord Mounbatten, en un terrible atentado terrorista.

Y así, con la muerte de su tío, la Reina entraba en la década de los años 80, años que en los que tuvo que vivir la boda de su hijo, el Príncipe de Gales, con lady Diana Spencer (matrimonio que no apuntaba mal en principio), la Guerra de las Malvinas (en la que combatió su hijo favorito, el hoy tan denostado Duque de York) y el Gabinete presidido por Margaret Thatcher “la Dama de Hierro” con sus reformas económicas, y todo lo que ello conllevó, como el alto índice de desempleo, los disturbios de 1981, la violencia de la huelga de mineros de 1984, etc, así como la pequeña crisis surgida en la Mancomunidad de Naciones debido a la negativa de Thatcher a aplicar sanciones contra el apartheid en Sudáfrica.

Puede que la Reina no coincidiese, en muchas de sus políticas, con su Primer Ministro Tatcher, pero desde luego supo reconocer la valía de esa mujer extraordinaria, concediéndole el título de Baronesa, y nombrándola Dama de la Orden de la Jarretera y de la Orden del Mérito.

Pero sin duda una de las décadas más complicadas a las que tuvo que hacer frente fue a la de los 90, década que comenzó con la participación británica en la I Guerra del Golfo, y continuó con la separación y posterior divorcio de los Príncipes de Gales, y los Duques de York, el incendio del Castillo de Windsor en el año 1992, la decisión del Gobierno de que la Soberana pagase, por primera vez en la historia, el impuesto sobre la renta en el año 1993, y la trágica muerte de la Princesa Diana de Gales el 31 de agosto de 1997, momento en que la reina se hallaba de vacaciones en Balmoral con su hijo y nietos. Durante cinco días la reina y el duque protegieron a sus nietos del intenso interés de la prensa, manteniéndolos en Balmoral, donde podían llorar a su madre en privado; sin embargo, el aislamiento de la familia real causó consternación pública. Bajo la presión de la reacción del público hostil, la reina volvió a Londres y acordó una transmisión en vivo a todo el mundo el 5 de septiembre, un día antes al funeral de Diana. Gracias a su entereza durante esa retransmisión la Reina pudo recuperar parte de su popularidad, perdida hasta tal punto en los días anteriores que estuvo cerca de dar al traste con la Corona.

La primera década de los años 2000 tampoco comenzó bien, pues la Reina tuvo que afrontar la muerte de su hermana, la Princesa Margarita, y de su madre, la Reina Isabel, quienes murieron en febrero y marzo respectivamente en 2002, año terrible pero también año en el que la Reina celebraba su Jubileo de Oro, donde como en el Jubileo de Plata hubo giras por sus Reinos, fiestas por las calles, actos conmemorativos y la inauguración de monumentos en honor a la ocasión, recuperando la popularidad perdida en los años anteriores.

En esos años el Reino Unido participó en las Guerras de Afganistán y de Irak, donde las bajas británicas fueron numerosas, aparte de hacer frente a las continuas crisis provocadas por el comportamiento de su nieto el Príncipe Enrique de Gales, y al miedo que había con el matrimonio celebrado de su hijo el Príncipe de Gales con Camilla Rosemary Shand.

No obstante, a comienzos de la década de 2010 las cosas parecían ir mejor en el entorno de la Soberana, pues en 2011 contrajo matrimonio su nieto, el Príncipe Guillermo con la Srta. Catherine Middleton (hoy Duques de Cambridge), su otro nieto el Príncipe Enrique de Gales recuperaba su popularidad al servir en la misión en Afganistán, y centrarse en su carrera militar.

En el año 2012 la Reina celebró su Jubileo de Diamante, con celebraciones alrededor de todos sus reinos, la amplia Mancomunidad de Naciones, celebraciones a las que siguieron la inauguración de los Juegos Olímpicos en Londres.

En esos años de elevada popularidad, en los que además la opinión pública empezó a aceptar a la Duquesa de Cornualles (la en su momento tan denostada Camila, quien hoy día es Dama de la Orden de la Jarretera y forma parte del núcleo duro de la Casa de Windsor, hasta el punto de que la Reina haya declarado que le gustaría que fuese coronada como Reina consorte cuando el Príncipe de Gales la suceda) culminaron con su Jubileo de Zafiro en 2017 y el matrimonio de su nieto el Príncipe Enrique de Gales con la Srta. Meghan Markle en 2018 (hoy Duques de Sussex). Todo parecía ir viento en popa para la Corona Británica.

Pero como en una película de terror, los viejos fantasmas volvieron, comenzando en 2019 con los problemas de los Duques de Sussex con los funcionarios de la Corona filtrados a la prensa, la acusación de pederastia al Duque de York por su relación con Jeffrey Epstein, la salida en 2020 de los Duques de Sussex como miembros en activo de la Casa Real y su autoexilio americano, con la famosa entrevista a cierta conocida presentadora de EEUU los problemas judiciales del Duque de York, y el fallecimiento de su esposo, el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo en 2021 (pandemia de COVID de por medio) parecía anunciar que el famoso “Annus Horribilis” volvía, pero como siempre la Reina ha sabido reponerse.

Ha parado los pies a su nieto y esposa; ha apartado a su hijo predilecto, el Duque de York, de la Corona; ha enterrado y velado en silencio a su querido esposo, y ha sabido dirigir al resto de miembros activos de la Familia Real para afrontar los problemas que puedan aparecer.

Este año 2022 la Reina celebra su Jubileo de Platino, 70 años en el Trono, 70 años de servicio de sus pueblos, pues siempre ha sido fiel a esa frase que pronunciara con motivo de su vigésimo primer cumpleaños, “Declaro ante ustedes que mi vida entera, ya sea larga o corta, será dedicada a nuestro servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos

Hoy no hay Imperio, pero si hay Mancomunidad de Naciones, Isabel II sigue reinando en Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Jamaica, Barbados, y así hasta 15 naciones, incluyendo Gran Bretaña; bien podría aplicar la hispánica frase de “en mis dominios nunca se pone el sol”

Pero sin lugar a dudas, el mayor mérito de la Reina Isabel II es que en todo el mundo, al oír las palabras “Reina”, “Corona”, “Monarquía”, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la suya. Isabel II es, sin lugar a dudas, la Monarca por antonomasia.

Y en este, su Jubileo de Platino, solo puedo decir ¡Larga vida a Isabel Segunda, por la Gracia de Dios, Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y de sus otros Reinos y Territorios, Jefa de la Mancomunidad de Naciones, Defensora de la Fe!

¡Dios salve a la Reina!