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Yo tengo un pueblo. En España todos tenemos un pueblo... y desgraciado español el que no tenga un pueblo. Mi pueblo se llama Nueva Carteya y está situado en la Campiña de Córdoba. Entre Montilla, Castro del Río, Espejo, Baena y Cabra. O sea, entre iberos, cartagineses, romanos, visigodos y árabes... ¡alto ahí!.. y judíos y gitanos y toreros y bandoleros. Pero mi pueblo es el más joven de todos, ya que no llegó a conocer ni siquiera a la Reina de los tristes destinos. Eso sí, sus tierras y sus olivos centenarios o milenarios fueron pisadas y cultivados por Viriato, Anibal, César, el Gran Capitán, Séneca (en uno de sus cortijos nació), Averróes, Almanzor, Maimónides, Abderramán el Grande y hasta José María el Tempranillo... Es verdad, Nueva Carteya, mi pueblo, no tiene historia, pero en sus arroyos todavía se pueden encontrar monedas romanas y sus olivos son los mismos que vieron vencer a Julio César en Munda. "In Farsalia pugnavit pro victoria, in Munda pro vita mea".
                       Pero, por encima de todo mi pueblo, Nueva Carteya, es un pueblo blanco, de gente trabajadora y abierta, sencilla y humana, bullanguera y cantaora.. donde el aceite corre a la par con el agua... Que ya lo dijo Federico García  Lorca cuando estuvo en los años treinta con su teatro volandero: ¡¡ Que curioso es que un pueblo andaluz tenga más molinos de aceite que tabernas!!... ¡Volveré!".
                       Pues eso, mi pueblo es el más bonito de España y ser carteyano un regalo de los Dioses...y por eso en Madrid, en París, en Londres, en Nueva York... siempre me conocieron como "el carteyano".