Daniel Canca nació en Málaga el 14 de abril de 1974. Tras su formación preuniversitaria en un colegio de Padres Agustinos, se licencia en Biología Molecular y Patología Médica en UCLAN (Reino Unido), cursa posgrado en Genética Médica por la Agencia Internacional Contra el Cáncer (Francia) y obtiene la posición de investigador en oncología por la Open University de Londres y el Hospital San Raffaele de Milán (Italia). Master en Dirección de Marketing y Gestión Comercial por ESIC, cuenta con 20 años de experiencia en distintas áreas médicas, gestión empresarial y consultoría para distintas multinacionales del ámbito sanitario a lo largo de 15 países y 22 años lejos de su tierra natal.

Amante del teatro, el jazz, la ópera y la navegación a vela (con el primer equipo con discapacitados que compite en la Copa del Rey de Vela por primera vez en la historia de la competición), es escritor aficionado, apasionado del piano, la magia y la literatura. Desarrolla puntualmente voluntariado biosanitario desde hace 15 años en zonas de conflicto en África e India, así como de acompañamiento de pacientes terminales en su Málaga natal en la actualidad, donde ejerce como Director Gerente en el Laboratorio Ortoplus y milita en la formación VOX por el municipio de Benalmádena.

Usted siempre tuvo un clara vocación en el ámbito sanitario...

La dedicación a las personas empezó siendo una vocación profesional de investigación, netamente celular y molecular, donde la visión humanista estaba ausente como sucede en muchos otros científicos.

Sin embargo, con los años y en mi caso, se fue convirtiendo en un interés no sólo biológico sino también espiritual y sociocultural, donde adquiere un papel importante cómo el aprendizaje de las vivencias personales, en el contexto en el que suceden, afectan al organismo -no sólo porque pueden somatizarse o porque el ser degenera hasta que la persona deja de existir-, sino porque el tiempo vital en el que tenemos salud es el margen de aprendizaje espiritual con el que contamos. Parto del hecho de que no sólo los creyentes pensamos más allá sino que hay también corrientes filosóficas que creen en vidas futuras y están sustentadas por médicos de prestigio como Jung, Moody o Weiss.

Y dentro de este ámbito sobre el mundo empresarial...

Hay mucho de parecido entre la estructura y funcionamiento de una célula y la de la empresa. Procesos bien acompasados, con jugadores específicos multidisciplinares, que forman órganos y sistemas que desempeñan distintas funciones para un fin último: crecer como entidad, donde cabe la optimización, el reciclaje, el reemplazo, la duplicación de funciones y un sinfín de maravillas. Por ejemplo, la expansión de la empresa sería como el matrimonio y el spin-off sería como tener un hijo. 

No obstante, el ámbito empresarial requiere capacidades especiales de interacción social, psicología, comunicación, asertividad, empatía, liderazgo, visión y un montón de formación y errores para poder tener criterio y acertar en las decisiones. Una Empresa es la misma jungla que un organismo vivo, que también tiene virus, bacterias y parásitos, pero donde hay un sistema inmune -una filosofía de trabajo- que coordina y ejecuta eficientemente, dentro de un entorno donde también existe la competencia.

Está claro que la vida hospitalaria y la empresarial no implican el mismo entorno, pero la pasión por la ciencia se puede combinar con la pasión por la vida empresarial y cuando ambas se encuentran el romance está asegurado.

Es muy interesante su voluntariado con enfermos terminales, algo que le ha dado experiencias muy intensas.

Me adentré en el voluntariado pensando que quien está solo y tiene mucho Amor que dar, si no encuentra a quién, está obligado a ir a donde lo necesitan. Calcuta era el mejor destino porque allí descubrí cosas que no se aprende casi en ningún sitio, entre dispensarios médicos en medio de calles imposibles -con recursos muy escasos y medios casi inexistentes- y la comunidad de leprosos de Titagarh, donde entre tanta miseria y tanta necesidad hallas mucha luz, mucha paz y una sonrisa inexplicable para los occidentales en la cara de todos aquellos a los que miraba. Eso me llevó a repetir en años sucesivos y tomar contacto con África, donde aprendí que si haces un truco de magia con un pañuelo te pueden considerar brujo.

En estos países puedes experimentar 100 sensaciones distintas a lo largo de un mismo día, simplemente concentrándote en la mirada de cualquier niño. Desde hace años formo parte del Club Andaluz de Vela Adaptada, donde practicamos Velaterapia con niños con 'capacidades distintas' dentro del espectro del autismo, down y otros síndromes, para ayudarles en su evolución cognitiva e interacción con los demás. Al mismo tiempo, practico el deporte de la vela con adultos, donde hay invidentes y discapacitados físicos e intelectuales, con los que competimos en regatas de altura, siendo el primer equipo con personas con 'capacidades distintas' que logra competir en la Copa del Rey de Vela en igualdad de condiciones.

Durante los últimos años dedico parte de mi tiempo al voluntariado con pacientes oncológicos terminales, debido a mi formación y por el interés de hacer mejor los últimos días de aquellos que tienen una fecha pronta de partida. Como siempre, el voluntariado en general (y este en concreto) te aporta mucho más de lo que tú puedas dar, regalándote un sinfín de intensas vivencias, íntimas y aleccionadoras, sobre lo maravilloso de la vida, aunque esta paradoja pueda parecer una contradicción en estos casos.

También tiene el don de escribir y suele hacerlo en formato de carta...

La literatura y la interpretación me atraparon desde muy temprana edad. Tan temprana como ingenua, porque vivía pensando que jamás podría escribir bien si no me leía todos los clásicos. Desistí cuando vi cuántos eran. Aún así fue una extraña forma de formarme en la literatura, iniciándome con la extensa biblioteca de mi padre, donde había temáticas muy dispares y la afición por las novelas históricas de mi madre que sin duda marcaron parte de mi inclinación hacia algunos géneros concretos. Recuerdo leer obras de teatro como Otelo, donde para mayor comprensión solía ponerles las caras de mis compañeros del cole a los personajes.

Paralelamente, se despertaba mi pasión por el cine clásico, considerando 'Casablanca', aún hoy día, como la mejor película de la historia del cine. Los guiños de humor y el sarcasmo de los hermanos Epstein, repartidos magistralmente en medio de un terrible drama como la ocupación nazi, siempre los he considerado sublimes, haciendo aún más grande esa obra del séptimo arte. Me gusta pensar que en todo drama existe la posibilidad de darle la vuelta. Solía ver cine clásico porque disfrutaba con los textos, los giros, las tramas, encontrando mucha riqueza creativa.

Leía la literatura obligada del colegio rápidamente, porque en ese momento prefería ponerme a escribir que a leer y crear mis propias historias -las que aún guardo-. Experimentaba leyendo cualquier libro al azar de aquella gran biblioteca, temáticas y escenarios poco propios de la infancia, como Goethe, Wilde, o Poe, hasta que encontré obras tremendistas y de aventuras llenas de colores y mensajes: Cela, Márquez, o Coelho, cuya obra 'El Alquimista' me condicionó tanto que dos años después me marchaba de mi tierra natal al Reino Unido para buscar mis pirámides y no volver en 22 años. Aterricé en la comedia cuando me trasladé a Madrid, formándome en magia escénica y guiones cómicos, compartiendo tertulias nocturnas en 'La Luna' en COPE durante algunos años, lo cual me hizo recordar la infancia en la que me encerraba en mi cuarto con unas cintas y un radiocasete a locutar y grabar mis propias entrevistas a personajes imaginarios que yo mismo interpretaba.

¿Qué espera aportar a El Correo de España?

Considero que escribir es dirigirse a alguien, tal y como se hace cuando se envía una carta: con un objetivo, con unos argumentos contrastados, con unas preguntas claras, y con la exposición de unos hechos que exigen una reflexión, una respuesta o ambas cosas. De modo que siempre tengo muy presente a quien deseo que la lea, y especialmente a los que pueden estar más distanciados de valores que considero fundamentales: Unidad, Libertad, Justicia y Familia, valores que abrazan otros muchos de igual importancia. Un truco para la efectividad de las cartas es interpretar la carta a modo de guión, declamando su texto.

La literatura epistolar perdura desde de siglos, desde las Cartas de San Pablo hasta las Cartas de Groucho. Por ello, propongo Cartas a distintos colectivos sobre temáticas no sólo científicas sino también de gestión. Cartas con verdades siempre contrastables, en muchas ocasiones incómodas y no exentas de sarcasmo (por ello las llamo 'Cartas desde el Gulag'), para que la izquierda no honrada y otros destinatarios se vean señalados e incómodos con cada carta, donde el rigor de la exposición les invite a responder, con palabras y con actos.