“¡Dios de salve, Reina y Madre Misericordísima de España, Virgen Santísima del Pilar, Vida, Dulzura y Esperanza de nuestra amantísima Patria, Dios te salve!”.

 

      Sí; Tú eres la Vida de nuestra España, porque Tú nos la trajiste cuando al venir a visitar a nuestro Apóstol Santiago nos trajiste la fe de tu Hijo, que ha sido y seguirá siendo el alma de la nacionalidad española, y Tú nos la conservaste, no consintiendo que jamás en el trascurso de los siglos, aquí arraigase la herejía, y Tú nos que nos la conservaste, consérvanosla también en esta hora aciaga que atraviesa nuestra Patria y en la que sus enemigo, que son los tuyos y los de nuestro Dios, juramentos y coaligados con las fuerzas del Averno tratan de arrebatárnosla. 

      Tú eres nuestra Dulzura, porque tu devoción, riquísimo panal de dulce miel, tan hondamente sentida y tan fervorosamente practicada por nuestro pueblo, le ha suavizado en todo momento las asperezas y endulzado las amarguras de la vida, que por Tí y contigo se nos hace mas dulce y levadera. 

      Tú eres nuestra Esperanza, la esperanza única del pueblo español, juntamente con el Corazón amante de tu Divino Hijo, que quiere reinar en España con más veneración que en otras partes y que reinará por Tí, que nos has de traer su reinado de paz y de amor; sí, Tú eres refugio de los pecadores, esperanza de los que desesperan, auxilio de los abandonados. Tú eres ahora especialmente nuestra esperanza, como lo has sido siempre para España, en todos los trances de su vida, en hambres, en peste, en guerras, en revoluciones y en   toda suerte de calamidades públicas y privadas.

      Por eso, porque eres Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, a Tí clamamos los desterrados hijos de España, aquellos hijos de España que nos sentimos como extraños y como desterrados en nuestra propia Patria.

      Sí, Madre nuestra del Pilar, a Tí llamamos; una vez más, poderosísima y benignísima  Patrona de la Hispanidad y de las Españas, este pueblo de tus predilecciones se postra ante el trono de tus misericordias, ante ese trono   veintiún siglos singular, que Tú a Tí misma quisiste erigirte a orillas del Ebro, cuando con la divina impaciencia por establecer entre nosotros el reinado de tu Divino Hijo y en tuyo, para que aquel en nuestra Patria mejor se afianzase, viniste en carne mortal a tomar posesión de ella, que desde entonces es tu Patrimonio, y por la que todos la conocen como “Tierra de María Santísima”.

      Pero, ¡ay!, en esta Tierra tuya, que debería ser tu Huerto cerrado y tu Jardín de delicias, ha penetrado insidiosamente la serpiente infernal, y al igual que en el paraíso, le ha convertido en tierra de lloros y lamentos.

      Por eso, ¡oh Reina y Madre nuestra!, a Tí suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, que hoy es tu España.

       A Ti venimos con lágrimas en los ojos exhalando hondos suspiros del corazón, como el hijo que te invoca angustiado y suplicante, cuando ve cernerse sobre su madre, postrada por grave enfermedad, el espectro de la muerte, porque nosotros vemos en peligro inminente y casi en trance e muerte a nuestra Madre Patria, y por eso venimos gimiendo y llorando a pedirte para ella la salud y la salvación, que sólo de tu amor de Madre y tu poder de Reina esperamos, pues de los medios puramente humanos hemos perdido ya toda esperanza de remedio.

        Por eso a Tí llamamos, por eso a Tí suspiramos, gimiendo y llorando. Escucha el clamoreo que a Tí se eleva de todos los confines de España, donde se ven tantos ojos que lloran, tantos corazones que suspiran, tantos labios que musitan una plegaria en la que dicen:

        Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a tu España esos tus ojos misericordiosos; ten presente que la España que ha apartado de Tí los suyos y se ha vuelto de espaldas, no es la España real,  genuina y auténtica España, sino la España oficial, totalmente divorciada de la verdadera España, y en pugna abierta y manifiesta con el sentir profundo, que es el que hoy cae de rodillas ante tu Pilar, símbolo de la firmeza invariable de tu protección y amor a España a través de los siglos, te pide suplicante que vuelvas a España esos tus ojos misericordiosos, esos ojos en los cuales siempre se ha mirado con complacencia el pueblo español.

        Te pide, además, que después de este destierro, en el que estamos viviendo dentro de nuestra propia Patria, sojuzgados por la antipatria obediente a poderes extraños que la tiranizan, nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Sí, ¡Virgen del Pilar!  Muéstranosle, necesitamos verle, conocerle, amarle entrañablemente. Déjanos ver su Rosto, déjanos conocer su Corazón y concédenos amarle con todas nuestras fuerzas, para que nuestro sacrificio, trabajo y oración, con su Ayuda y Bendición, resulte útil y sea fecundo para la redención de España, en su unidad de tierras, en su unidad espiritual y entre todos sus hombres.

         ¡Oh Clementísima, oh Piadosa, oh Dulce siempre Virgen María!

Ruega por tu España, Santa Madre de Dios, para que se haga digna por la penitencia, y por la expiación, de alcanzar, por tu amor de Madre y tu poder de Reina, el cumplimiento de la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo, de reinar en España con más veneración que en otras partes, para que España vuelva a ser mariana, paladín de la Fe Católica y que Dios Nuestro Señor la bendiga, prospere y glorifique. Amén.

 

Pueden cantar o simplemente escuchar el himno de la Virgen el Pilar.