Losar de la Vera es un pueblo de Extremadura al que al llegar llama profundamente la atención la forma en la que están cuidados los jardines y los setos, con formas originales y bonitas lo que provoca la pregunta, ¿a qué se debe? La explicación es que esas formas obedecían a la sabia mano del jardinero, Mateo. Mateo el jardinero. Un hombre sensible a la belleza, artista y muy enamorado de su mujer. Como todas las personas vocacionales, Mateo fue maestro y tuvo un aprendiz del arte de podar y cuidar sus arbustos y árboles que tanto embellecían, y embellecen, su pueblo.

La mujer de Mateo enfermó y murió. Desde entonces a diario Mateo pasaba por el cementerio y depositaba flores en la tumba de su amada.. No pudo soportar la soledad y un día trazó su plan. Tomó su Seat 600 lo llevó al encinar. Había elegido cuidadosamente el lugar, paró el coche entre dos encinas de forma tan ajustada que impedía abrir las puertas del coche. El fuego, que él mismo provocó, hizo lo demás. A Mateo le movería la esperanza de encontrarse con ella en la otra orilla. Descanse en paz, este jardinero enamorado de la belleza, pero aún más enamorado de la mujer con la que había compartido su vida.

¿Qué le llevó Mateo a tomar la terrible decisión? ¿Qué le lleva a un hombre a quitarse la vida, y una vida en la que ejercía una profesión en donde la belleza ocupaba un lugar prominente. ¿De qué se le acusará? ¿Hay alguien que preste atención al estado en que quedan los hombres cuando enviudan, sobre todo habiendo superado los sesenta años? ¿Se ocupa alguien de comprender la situación anímica de hombres que hayan quedado viudos?

Si se quiere comprender las diferentes naturalezas del hombre y de la mujer sería interesante estudiar ambos colectivos, ver cuántos viudos de cada sexo contraen segundas nupcias o relaciones similares y así se aprenderá a conocer mejor los factores antropológicos que subyacen en el hombre y en la mujer.

El joven jardinero mantiene viva la obra de Mateo y es su obra lo que nos queda de él, y cada vez que miramos un seto podado, queda eternamente suspendido en el ambiente el sentido profundo de la frase bíblica: “no es bueno que el hombre esté solo”.