Estamos asistiendo a una crisis económica desbocada. Con los centros de discusión populares, los bares, cerrados por el tema del coronavirus.  Es esto casualidad o obedece a alguna intención más premeditada por parte de nuestros dirigentes?
 
Supongo que el coronavirus tiene que ver pero que también alguno haya pensado que no hay mal que por bien no venga. Ante la calamitosa situación económica de España y la actitud de nuestra numerosa dirigencia de no ceder ni una sola de sus prebendas, a quien beneficia el que los bares permanezcan cerrados a cal y canto?
 
Esos centros de discusión populares han quedado pues en fuera de juego, y asistimos a una especie de paz del cementerio en nuestro país. ¿Que pasará allá en Agosto cuando el virus retroceda y se pueda volver a discutir con los amigos al calor de un café?
 
Espero que sea entonces el momento de hablar claro y tendido de la ruina en que nos encontramos. Que esta calma chicha actual sea el preludio de una tormenta de discusiones en las que quede claro que así no podemos seguir.
 
Que la actual María Antonieta, la marquesa de Galapagar, se vea obligada a explicar en que se gastan los 500 millones de euros de su ineficaz y superfluo ministerio.
 
Que los presidentes de las 17 taifas nos expliquen el porqué con tantos gestores al mando somos el país más afectado por el covid y por la ruina.
 
Que las legiones de políticos sin carrera nos rindan cuentas de sus actividades calientasillones y de porqué tanto asesor no se traduce en tener un país más activo y saneado.
 
Que los que se apoyan en los enemigos de España para gobernar nos digan que "ventajas" estamos obteniendo de sus pactos y componendas.
 
Pero mucho me temo que todo esto quede en aguas de borrajas.  Los apesebrados medios de comunicación no nos darán ninguna explicación a todo esto que les pediremos que nos aclaren.
 
Por ello se debería empezarse a producir una especie de tormenta dialectica en los bares. Los ciudadanos deben quejarse de una vez de por qué con tanto político somos cada vez un país más miserable en vez de parecernos cada vez más a los países punteros de la civilización occidental.
 
Entre cervezas y chatos de vino tendremos que exigir que nos aclaren esas cuentas que nunca salen y pedir responsabilidades.
 
La revolución de los bares. Debe producirse para exigir la derogación de la explotadora Constitución del 78 y el cambio de nuestros dirigentes.
 
Y no es un sueño. Es una profecía. El país está exhausto y no creo que aguante tranquilo más de cuatro meses más.
 
En verano vendrán las explosiones de protestas y reivindicaciones pues la situación se ha vuelto insostenible.
 
Y supongo que Pedro Sánchez se verá obligado a convocar nuevas elecciones para el Otoño. La presión popular así se lo exigirá.
 
Si no ocurre esto, o cosas parecidas es que el país está definitivamente muerto y sin solución alguna posible.
 
Los 140000 millones de Bruselas no deben servir para acallar nuestras voces y de que sigamos apalancados en la autocomplacencia suicida.
 
Es la hora y el momento pues de la protesta popular contra los que nos están expoliando y convirtiendo nuestras vidas en un suplicio.
 
Estoy convencido de ello. Mientras, esperaré a que abra de nuevo el bar del pueblo atendiendo mis cultivos, y mis escritos. Yo no puedo hacer más. Llega el momento a las organizaciones patriotas de tomar las riendas del descontento generalizado pues. 
 
Y que de todo ello salga un nuevo gobierno patriota comprometido con la repoblación de la España vacía y con el desarrollo económico, material y espiritual de España.
 
Les dejo pues, voy a pasar la moto azada al suelo de mi huerto. Ojalá que cuando los frutos estén maduros este verano el pueblo español haya despertado de su oprobioso letargo. Nos va en ello el futuro del país y de nuestros descendientes.
 
Que nuestras discusiones regadas de vino y licores sirvan para exigir responsabilidades de una vez. Y no para hablar de los goles de Mesi. Esto es lo que debe suceder este verano cuando el calor y las vacunas hayan contenido al virus.