Todo el mundo sabe que La Puerta del Sol es el kilómetro cero desde donde se bifurcan y se extienden todos los caminos de esta nuestra España. En ella, que es parte y patrimonio de todos los habitantes de esta dolorosa Patria nuestra, se han desarrollado acontecimientos históricos importantes muchos, vergonzosos otros. No quiero hablar de hechos luctuosos que los hubo, ni de otro cariz social acaecidos en este histórico lugar. Hoy no.

         Hoy me quiero centrar en lo ocurrido hace unos días cuando dos analfabetos pertenecientes a la policía municipal se acercaron al pintor, Antonio López para pedirle un no sé qué permiso para poder plantar su caballete en un lugar público y continuar con un proyecto de algo más de 11 años para acabar de pintar una parte de esta plaza cargado de todo su genio de pintor universal, regalando toda su luz a los que le quieran observar delante de un lienzo creando arte eterno. Dice que no le incomodan los curiosos. Él pinta en mitad del paso bullicioso de las gentes mirando de cara a la estatua ecuestre de un rey que como testigo desde su alto pedestal se congratula con esta notoria visita.

         Casi dando la espalda a la entrada de la Comunidad nadie ha sido capaz de saludar de forma oficial y respetuosa al pintor. Tampoco el alcalde del Ayuntamiento, que seguro que estando al tanto de esta intermitente visita ha sido incapaz de pedir a sus ágrafas guindillas que no molesten a tan ilustre visitante. No ya advertirles de quien se trata, por si acaso lo desconocen, que, seguro que es lo más probable, sería un milagro que no lo fuera, simplemente pedirles que no le importunen con su valentía ignorante. Al tonto de uno de los dos guardias que al ser increpado por un ciudadano al presenciar tan bochornoso espectáculo con aquello de "como sí es Van Gogh", decirle solo que aparte de un patán es un mentiroso, porque si supiera algo del pintor holandés seguro que su actitud hubiera sido otra muy distinta.

         El caballete y sus pinceles en un lugar que él engrandece con su presencia. En el mismo lugar donde no hace demasiado tiempo unos vándalos porreros colocaron su comunismo y su mierda en la plaza de todos y sin permiso de nadie durante el tiempo que quisieron en un invento incivil llamado 15 M. Hoy los alrededores de Sol, Preciados, Gran Vía y Callao, por nombrar unos pocos lugares del deteriorado centro están plagados de mendigos y orates fusilando la estética de estos lugares, convirtiendo el centro de Madrid en una Corte de los Milagros y nadie los retira de la vía pública. En la puerta de la Fundación Telefónica se ha instalado un zarrapastroso con un colchón y tirado en el se entretiene consultando su móvil y ninguna autoridad le dice nada. Con este panorama pedirle papeles a Antonio López es, aparte de asqueroso, un bofetón a casi todos los ciudadanos de este lamentable país, antes ya hace mucho tiempo, España.