Los perros de ojos rojos

empezaron la tierra a escarbar

y encontraron enterrados

esqueletos bajo el matorral.

 

 

Arrancaron sus calaveras,

les rompieron el parietal.

Buscaban tras los huesos

del espíritu alguna señal.

 

 

Al no hallar lo que buscaban,

decidieron dictaminar:

el alma no existe,

lo acabamos de probar.