Juan E. Pflüger es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Ejerció la docencia de historia durante 18 años, a la vez que compatibilizaba la enseñanza con la participación en medios de comunicación. Desde 2008 trabajó en el Grupo Intereconomía, primero en la elaboración de contenidos para su página web, de donde pasó a colaborar con la revista Época y, posteriormente se integró en la redacción del periódico La Gaceta, en el equipo de Investigación.
En el año 2013 se incorporó a la redacción del digital gaceta.es en el que fue coordinación de la redacción y posteriormente redactor jefe hasta el año 2018. Durante este periodo ha sido colaborador habitual de El Gato al Agua y del programa de historia Tiempos Modernos, así como contertulio en diversos programas de radio.
Tras diez años en el Grupo Intereconomía, desde enero de 2018 fue director de El Correo de Madrid, colaborando a su puesta en marcha y desde enero de 2019 es el responsable nacional de prensa de VOX.

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En su opinión, ¿por qué la palabra “comunismo” no tiene en España, y en otros países de Europa occidental, el mismo carácter profundamente negativo y despectivo que tiene, por ejemplo, el concepto “nazismo”?

En España el comunismo se ha reinventado y blanqueado gracias al apoyo internacional desde la Transición. Somos uno de los pocos países donde queda un Partido Comunista fuerte. Actualmente está integrado en Podemos y es socio en el Gobierno más radical que ha tenido España desde el Frente Popular.

Durante mucho tiempo se usó el comunismo en España como sinónimo de antifranquismo con apoyo de líderes progresistas europeos y se ha permitido que engañe a la sociedad apropiándose de términos que siempre le han sido ajenos como “democracia”, “libertad” e “igualdad”.

Durante mucho tiempo se ha ocultado el carácter criminal de la ideología más asesina que ha existido y a eso, en el caso de España, ha colaborado el PSOE porque fueron socios de crímenes desde la Segunda República hasta nuestros días.

Comunistas y socialistas han copado dos ámbitos que han sido fundamentales para que sus crímenes sean ocultados y lo han hecho magnificando otros crímenes que no les llegan ni a la suela de los zapatos. Esos dos ámbitos han sido la educación y los medios de comunicación, donde los diferentes gobiernos -UCD, PSOE y PP- siempre les han dejado actuar libremente y adoctrinar a generaciones en una conciencia según la cual el comunismo era bueno porque venció al nazismo.

Yo he dado clase de historia en bachillerato durante 18 años. Los temarios están hechos para que un alumno acabe su etapa de estudios obligatorios sabiendo que los nazis exterminaron a judíos y opositores en campos de concentración, pero se pasa de corrido por las purgas de Stalin y ni siquiera se habla de los dos millones de asesinatos cometidos por Lenin al que se sigue presentando como ejemplo de revolucionario. Los crímenes de Mao que se cuentan por millones, se reducen a una línea en el temario oficial y de otros casos como Camboya con los Jemeres Rojos y las masacres en África, ni se habla.

Por eso tenemos una sociedad, educada en la escuela marxista y sometida al control de los medios de comunicación que conoce el nazismo tal y como fue, pero que del comunismo solo conoce una leyenda rosa.

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¿Cuáles son, a su juicio, las principales mentiras que desde hace décadas viene repitiendo la historiografía española para mayor gloria de la izquierda política y cultural?

España es un caso atípico en la historia del siglo XX. Somos el único país del mundo que ha vivido una guerra civil en la que hubo una brutal represión y ha documentado uno a uno los asesinatos cometidos por el bando republicano. Se desarrolló una investigación ajustada al derecho de ese momento -con todo lo que eso implica- que durante casi 15 años investigó la represión de socialistas, comunistas y anarquistas. Y, lejos de usar esa documentación por parte de los investigadores, se desacredita por el mero hecho de que la hicieron los vencedores de la guerra.

Menospreciar esos documentos históricos es tanto como dejar la puerta abierta a la manipulación revanchista de la historia.

La primera gran mentira fue la del número de represaliados tras la Guerra Civil. Se dan datos que son auténticas barbaridades. Hay “historiadores” que llevan la cifra a más de 120.000. La realidad es muy distinta, de los condenados a muerte tras la guerra más del 90% de las sentencias no se ejecutaron y fueron conmutadas con estancias medias en la cárcel por debajo de los 5 años.

Hay dos mentiras que es básico que sean desmontadas para entender el funcionamiento de la represión republicana durante la Guerra. La primera es que fue una obra de incontroladas sin apoyo desde el Estado; la segunda, que se aplacó la represión tras los primeros meses de guerra. En ambos casos se pretende justificar la represión y minimizar tanto su número como la responsabilidad política de comunistas, socialistas y anarquistas.

La represión republicana fue constante. Tras el inicio de la Guerra Civil se siguió asesinando, las grandes sacas de Madrid comienzan en noviembre, cuando la guerra lleva cuatro meses, las checas se mantienen durante todo el conflicto y hay lugares de exterminio en la retaguardia republicana, como Camuñas o Serretes, en los que se asesina hasta en las últimas semanas de la guerra.

Por otro lado, no se pararon los crímenes, si bien se fueron reduciendo. Pero no fue por la acción del gobierno del Frente Popular, sino porque los republicanos fueron perdiendo territorio paulatinamente a manos de los sublevados y tenían menos sitio en el que desarrollar sus crímenes.

 

En su opinión, y desde un punto de vista histórico, ¿cuáles son los principales aspectos sobre la persecución religiosa emprendida por socialistas, comunistas y anarquistas que se han ocultado a la opinión pública española?

Nuevamente encontramos que la gran mentira de la historiografía marxista sobre la persecución religiosa tiene tres patas: la primera que la Iglesia se había vinculado al alzamiento desde el principio; la segunda, que fue obra de descontrolados; la tercera que fue numéricamente reducida.

Las tres son falsas. La Iglesia se mantuvo neutral desde el principio. Pese a ello, vemos que ya lo hicieron las izquierdas en mayo de 1931, cinco años antes del comienzo de la guerra, se produjo una persecución religiosa. La vinculación al bando franquista se produce con la Carta de los Obispos en mayo de 1937 y solo después de conocerse la persecución que sufrían religiosos y seglares.

En segundo lugar, no fue obra de descontrolados. Los comités revolucionarios formados en todos los municipios bajo el control del Frente Popular durante la guerra aplicaron esta persecución religiosa, y era la autoridad de los partidos políticos del Gobierno republicano en esas poblaciones.

Y finalmente, no fue algo numéricamente reducido. Fueron asesinados casi 7.000 religiosos y más de 1.000 seminaristas. Un porcentaje altísimo si tenemos en cuenta las víctimas de población civil. En “Arderéis como en el 36” hay un capítulo dedicado a la persecución religiosa en el que aparecen diócesis donde se asesinó a más del 75% del clero.

 

¿Por qué el mundo cultural europeo, en general, y el español, muy en especial, está casi absolutamente en manos de la izquierda?

Con el mal llamado “mundo de la cultura” ocurre lo mismo que con el ámbito educativo. La estrategia de la izquierda, en todo el mundo occidental, ha sido jugar al largo plazo -lo mismo ocurre con los separatistas vascos o catalanes-. Han ido adoctrinando a las generaciones para cambiar la percepción de la realidad y hacerlas manejables.

En la escuela, la izquierda se centró desde finales de los años sesenta adoctrinó a generaciones de alumnos que fueron las bases sociales y de votantes que permitieron las cuatro mayorías socialistas de Felipe González.

En el ámbito cultural, la izquierda lleva introduciendo mensajes que están condicionados por la compra de voluntades a base de subvenciones. Desde el poder de la izquierda en países como España, Francia, Alemania, Italia, siempre se han cuidado de ganarse al mundo “de la cultura” que realmente es el mundo del cine y la televisión, no el de escritores, ensayistas, pintores…

De esa manera, se ha conseguido que el que no pasa por el aro del pensamiento izquierdista, no puede trabajar en su círculo cerrado.

 

¿Qué opina de la Ley (leyes) de Memoria histórica que se están impulsando tanto por parte del Gobierno central como desde los Gobiernos autonómicos?

La gran mentira de la Ley de Memoria Histórica está en intentar defender que protege la libertad, cuando realmente es la mayor muestra de censura contra el pensamiento y la investigación. Es imponer SU realidad por ley. Es copiar lo que hicieron Stalin, Hitler o Mao y establecer que es ilegal lo que no se ciña a la cultura oficial.

Y como siempre hace la izquierda, lo venden empleando palabras bonitas. A esta imposición ideológica de una censura brutal le llaman “dignificación de las víctimas”, como a la muerte de un niño en el seno de su madre le llaman “interrupción voluntaria del embarazo”.

Es la misma estrategia que han empleado siempre. Pero lo único que están consiguiendo es que quienes de verdad tienen honestidad intelectual se están revelando.

Con la nueva reforma, en caso de que finalmente entre en vigor, libros como “Arderéis como en el 36”, no podrían ser publicados porque no casan con la verdad oficial que pretenden imponernos.

 

¿Por dónde comenzar la resistencia al totalitarismo izquierdista que cada vez con mayor claridad se aprecia en el horizonte?

Yo intento mantener la sana costumbre de iniciar la resistencia contra el totalitarismo de la izquierda globalista en el día a día. No comprando su lenguaje ni sus argumentos. Es fundamental hacer uso del razonamiento crítico para que no nos impongan su totalitarismo.

Ahora hay en toda Europa partidos político que, como VOX en España, están plantando cara a esa deriva de imposición ideológica que busca cambiar nuestra forma de vida y limitar nuestras libertades y derechos como ha hecho el Gobierno social-comunista en España escudándose en el Coronavirus.

Quien no quiera arrepentirse de lo que están intentando imponernos desde la izquierda y con el beneplácito de otros partidos nacionalistas, de centro e incluso de derechas, deben plantarse y defender sus principios y valores desde ya.

Lo que se ha dado en denominar el consenso progre no es sino un intento de hacer a las sociedades occidentales perder su identidad y renunciar a su soberanía.

No solamente hay que plantarse, hay que dar marcha atrás en muchas cesiones que se han hecho a organismos internacionales y que han quitado a España el derecho a decidir sobre materias que no debieron ser cedidas jamás porque atentan contra nuestra soberanía.

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