Esta noche Hamlet se ha vuelto loco, y como Nerón, se ha pasado las horas contemplando las llamas inenarrables de un monte que ardía. El fuego (¡qué trágico espectáculo!) corría a la velocidad del viento... a la misma velocidad que la ira se apoderaba de su corazón.
         "¡Increible!... ¡Esto es una salvajada!... ¡Esto es un crimen!... ¡Esto se merece un escarmiento divino... ¡Dios no puede permitir que se destroce su obra tan salvajemente..."
         Luego, absorto ante la terrible majestuosidad de las llamas y el rojo intenso que se apoderaba del ambiente... Hamlet se aisló en sí mismo y comenzó a desvariar.
 
         "Señores diputados, Señorías... Ayer un fuego en Valencia; anoche, fuego en Castellón... La sierra  de Gredos es ya un inmenso   montón de cenizas... Málaga, Asturias, el País Vasco, Cataluña... están ardiendo... ¿Y qué hacemos nosotros? Nosotros seguimos hablando de Abril Martorell y de la próxima remodelación del Gobierno... Nosotros seguimos hablando de los "barones"... Mientras España arde por los cuatros costados, nosotros seguimos hablando del sexo de los ángeles... ¡No, señorías! No estamos cumpliendo con nuestra misión. Nuestra misión es servir al pueblo español; nuestra misión es tratar de salvar a España...
 
     ¡Señores diputados!... ¡Despertemos de la siesta! porque cuando la Patria está en peligro dedicarse a hablar puede ser un crimen...
     Aquí y ahora, señorías, lo que está haciendo falta es que nos replanteemos la necesidad de restablecer la pena de muerte... ¡Sí, la pena de muerte!... Pero una pena de muerte con publicidad y televisión... ¡Que los asesinos sepan que no estamos dispuestos ya a dar un paso más hacia atrás! ¡Que los incendiarios sepan que quien a fuego mata a fuego debe morir! ¡Que los violadores y los atracadores sepan que aquí queda todavía un ápice de hombría y de justicia!...
      Por eso, yo, representante, como vosotros, del pueblo español, solicito en esta Cámara la decisión firme de adoptar por unanimidad el restablecimiento de la pena de muerte.
     Por eso, yo, representante como vosotros, del pueblo español, solicito de esta Cámara la adopción de medidas extraordinarias, de medidas que hagan temblar al mundo y que puedan ser recordadas por nuestras generaciones siguientes con verdadero terror... pero con orgullo.
     Sí, señorías, yo propongo a esta Cámara que sin discusión y por unanimidad se aprueben las siguientes medidas:
    a) La pena de muerte, en general para quienes asesinen, roben, violen, atraquen, incendien, perjuren o permitan la corrupción.
   b) La pena del fuego. Yo propongo que a los incendiarios convictos y confesos se les arroje desde una avioneta y ante las pantallas de televisión al próximo fuego que se produzca en cualquier monte de nuestra geografía. Que sean las llamas las encargadas de purificar el espíritu corrompido del incendiario.
    c) La pena de castración. Yo propongo que a los violadores convictos y confesos se les castre públicamente y a cámara lenta.
    d) La pena de amputación. Sí, señorías, yo propongo a  quien se coja in fraganti robando o atracando se les ampute sus extremidades al estilo musulmán y en plena plaza pública. Eso, a la primera vez; a la segunda, además de las amputaciones correspondientes, se les debe ahogar con el fruto de sus robos.
     e) La pena de San Pedro. Y propongo que para los perjuros se prepare algo especial, porque quien es capaz de jurar en vano y traicionar a Dios se merece algo especial. Señorías, que el perjuro permanezca colgado cabeza abajo doce horas la primera vez, veinticuatro la segunda y una semana la tercera... a partir de ahí, la pena debe ser a muerte.
     f) Y para los corruptos... la pena eterna. O sea, el infierno en vida.
     Señores diputados, señorías... si así lo acordáis, que Dios os lo premie y si no, que os lo demande. Porque también vosotros tendréís que responder de vuestros actos. He dicho. 
           ¡Horacio, asustado, con miedo  ¡¡O Dios, mi Dios, mi Rey, Hamlet, nuestro Príncipe se ha vuelto loco, loco de remate, Dioses del Olimpo, venid a salvarlo !!!.
HOY
 Sí, loco de remate... a estas alturas pedir la pena de muerte, y la castración, y la lapidación, y la amputación... ¡eso sería una locura¡ ¡una salvajada¡ ¡una tontería garrafal¡... Oye, Horacio, ¿y por qué no le preguntamos al pueblo su opinión?...¿opinar el pueblo, también tú estás loco?... Los pueblos no opinan, opinan los Partidos ¿los Partidos?...Querrás decir las Ejecutivas de los Partidos... No, aquí no opina nada más que el Jefe...Pues, que opine el Jefe, que opine qué hacemos con el Pedro y el Pablo... ¿Cruz, cabeza arriba, cabeza abajo?, ¿guillotina, estilo Luis XVI?, ¿Hacha, estilo Carlos i?... ¿O Ekaterimburgo?...
          Me voy, hoy estáis todos locos.