En el año 2005, una noticia del diario ABC nos avisaba que una de las obras singulares, de uno de los arquitectos más conocidos del siglo XX, se caía.

A las afueras de Guadalix vemos una ruina de la que no se distinguen ni siquiera las cuatro paredes.  Como en los castillos, poco se puede adivinar del antiguo esplendor de una ermita que, situándose en una pequeña elevación a las afueras del municipio de Guadalix de la Sierra, dispone de unas vistas privilegiadas hacia el sur, hacia el pantano de Pedrezuela y el Cerro de San Pedro.

Un espacio comido por las zarzas y en el que lo primero que se me viene a la cabeza es ir al coche a por el casco, no vaya a caerse algo del techo.

 

LA ERMITA

De 1969 es la ermita de Nuestra Señora del Espinar, y el arquitecto, Miguel Fisac, autor de obras como la Iglesia de los Dominicos, a la entrada de Madrid, o el Centro de Estudios Hidrográficos, junto al Puente de Segovia, que ya tratamos hace tiempo.

La propuesta inicial de grandes dimensiones se abandona, por razones presupuestarias, para acabar construyendo una solución mucho más sencilla.

A partir de una solución en abanico con una serie de elementos cóncavos definiendo los accesos al conjunto que diseña en 1967, los condicionantes económicos harán proyectar una solución mucho más sencilla, en 1969, con una planta rectangular delimitada por el gran muro de piedra de uno de sus lados y del fondo de la zona del altar. En el lateral derecho una pequeña zona de sacristía y un aseo completan el espacio de dimensiones reducidas. La cubierta inclinada cierra el espacio hacia el altar donde se reduce la cota centrando así con ese recurso la visión en el frente del conjunto.

El conjunto dispone de una gran puerta corredera que cuelga de una viga de acero y que permite la apertura completa del espacio al exterior, sin ningún impedimento a la vista del altar desde los alrededores, situándose todo el conjunto en una pequeña meseta junto al acceso por carretera al municipio.

Al exterior, unos arcos de piedra permiten enmarcar la vista orientada hacia el vecino Cerro de San Pedro. A continuación, pueden ver la viga de celosía y puerta corredera, y al arquitecto Miguel Fisac, con el torso descubierto dibujando el caballo de Santiago que aparece en el muro central otra ermita, la de Almagro, que les aconsejo que visiten.

 

ABANDONO

Desconozco quien es el actual propietario, o si de este tipo de patrimonio, en su cesión, debe inscribirse en el registro que ante situaciones de abandono la administración podrá expropiar el bien (como ocurre en los centros de las ciudades, donde se comienza con multas coercitivas e incluso con ejecuciones subsidiarias de las obras). Pero el caso es que el asunto viene de mucho más atrás en el tiempo.

Según el diputado que lo denunciaba en 2005 “Continúa siendo un ejemplo de la obra de uno de los mejores arquitectos españoles del XX a pesar de la falta de interés del Gobierno regional y del Ayuntamiento del PP”, Se registró en la Asamblea una pregunta a Patrimonio Histórico regional sobre si prevé “alguna actuación para restaurar dicha ermita, por sí misma o en colaboración con la Provincia Eclesiástica de Madrid, propietaria del inmueble”.

El entonces director general de Patrimonio Histórico regional, Javier Hernández, tildó las denuncias del diputado Chazara de demagógicas “por hacerlas sin conocer lo que están haciendo las administraciones». «Precisamente este año recibimos la petición del alcalde de Guadalix de la Sierra para ver si podían obtener la cesión de la ermita por parte de la iglesia para dotarla de actividad, según indicaban están en negociaciones porque la iglesia está de acuerdo, pero quiere un uso respetuoso”. Según Hernández, cuando el Ayuntamiento reciba el inmueble procedería a su reforma.

Y hasta 2021 llegamos.

LA RUINA

Hoy, 16 años después, el abandono se ha traducido en ruina. Además de la vandalización y retirada de cualquier elemento metálico, del forjado de la cubierta se han desprendido trozos completos, estando la ermita sin vallar y sin proteger, pudiendo causar graves daños la caída de las bovedillas desprendidas sobre los visitantes que la recorran.

Comida por las zarzas y por las pintadas, muestran los resultados de los afanes cortoplacistas de nuestros gobernantes, siempre dispuestos a cortar la cinta, pero no a mantener ni cuidar un patrimonio que es de todos (o debería serlo)

Queda disfrutar del espacio, imaginarse como fue, como podría volver a ser, aunque ahora la rehabilitación y uso de este espacio sería tan caro casi como volver a construirla, debido a la corrosión y destrozo de los elementos estructurales, que deben ser sustituidos, por encontrarse años a la intemperie y sin protección.

 

 

Si pueden acercarse, merece mucho la pena, por el sitio, y por su ruina evocadora. Tras estos tiempos de pandemia en los que la gente busca la libertad, el aire libre, y recuerdan las cosas que son importantes, es un lugar que te llena de vida y esperanza, de que siempre podremos buscar un futuro mejor. Peor, desde luego, al menos el edificio, no puede estar.

Y recuerden, si no llevan casco, cuidado con la cabeza.

Santiago Durán García

Arquitecto Técnico (UPM) MDI Máster En Dirección Inmobiliaria (UPM) EEM Gestor Energético Europeo (UPM European Energy Manager)

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