Ha sido mi intención, durante todo este tiempo y tras ya 13 artículos de la Serie “Milicia Inmaculada”, no sólo dar Ánimo para el Combate contra la Masonería, y toda forma de Perfidia y Paganismo, sino también mostrar, de forma simultánea, dónde están los frentes clave de nuestro Verdadero Combate y Santa Lucha como Soldados de la Inmaculada, Soldados de Cristo, y hacerlo con el fin de no dar tumbos de acá para allá “en vanas filosofías y sutiles debates mundanos”.

En este preciso momento de mi despedida (no tema el lector, Dios mediante, mi retorno, y el de esta Serie en El Correo de España, será tras la Pascua de Resurrección, con el Anuncio Pentecostal del Espíritu, que es Fuego, Acción Evangélica y Milicia) es mi propósito encuadrar todo lo visto hasta ahora con un solo Propósito y Ánimo… La Milicia:

  • Lo primero que has de traer a la memoria, una y otra vez, es que toda la vida no es más que Milicia.
  • La mayor parte anda engañada, pues el mundo los tiene embaucados y sus pensamientos embargados con distracciones halagüeñas, por los medios de comunicación de masas y los gobiernos manejados por el poder, como si ya hubiera terminado la Guerra y todo fuera Paz.
  • Es lamentable que, como quien tiene segura la Paz, duerman con tanta seguridad y a pierna suelta sin advertir que escuadrones armados, de mil engaños y ardides, están al acecho de su ruina, una ruina impregnada de mentira, ponzoña, miseria y podredumbre personal y comunitaria.
  • Si este frente de batalla no fuera suficiente, hay otro más sutil y letal que llevamos dentro de nuestro corazón y pensamientos, un enemigo más que íntimo, y tanto más peligroso cuanto más domesticado. No le podemos echar de nuestro campo ni alejar con un muro. Debemos vigilarle con mil ojos, no sea que abra nuestra ciudadela de Dios a los demonios, vicios, herejías y blasfemias o fornicaciones y adulterios. Ojo con el Pecado que nos hacen creer que no existe.
  • Estando empeñados en tan formidable Guerra Santa, con frentes internos y externos, y teniendo enemigos tan numerosos, tan dispuestos a destruirnos, tan despiertos, tan armados, tan pérfidos, sutiles y diestros para la Guerra:

¿No deberíamos armarnos concienzuda y diestramente contra ellos?

¿No deberíamos hacer guardia y velar?

¿Por qué no recelamos de todo en este mundo y en especial de los asuntos más propios de este mundo como la política o las formas de espiritualidad?

  • Sin embargo, como si todo estuviera en paz, nos echamos a la bartola, no hacemos nada frente a este mundo y sus engaños, nos complacemos en nosotros mismos y, como dicen, guardamos ociosamente nuestra piel.
  • Como si esta vida fuese un banquete griego, y no una Guerra, nos metemos en la cama y festeamos; en lugar de vivir en tiendas y campamentos, alimentados de manera frugal, pero vivificante, no vivimos sin tener nada y poseyéndolo todo desprendidos.
  • Para nuestro entrenamiento es de especial importancia no sólo conocer nuestras armas sino al propio enemigo.
  • Sucede que en las guerras se permite descansar, pero a nosotros no se nos permite apartar ni un dedo de las armas. Hay que estar siempre en trance de combate y no se puede bajar la guardia porque nuestro enemigo no descansa.
  • Nunca debemos estar más alerta que en el momento en que ondea la bandera de la paz y nunca menos que cuando tenemos al enemigo en campo abierto o combatimos en guerra frontal.
  • Si los enemigos se arman para perdernos y dominarnos, ¿tendremos pereza para armarnos diestramente? Velan ellos para matarnos, ¿y no velaremos nosotros para escapar y hacerles frente después?
  • Nuestras principales armas son la Oración, la Ciencia de la Sagrada Escritura y el Conocimiento de Dios que aporta Inteligencia y Sabiduría.
  • La Oración constante Eleva nuestro Ánimo y Determinación al Cielo, ciudadela inaccesible para los enemigos. La Ciencia y el Conocimiento ponen, a su vez, la mente en contacto con la Sana Doctrina Militar y las Ideas Saludables.
  • Digamos: “Que la Oración tienda la mano a la Inteligencia para que, como amigas, obren con un mismo parecer”. La Oración pide, pero la Ciencia sugiere lo que hay que pedir con Inteligencia Militar.
  • Siendo la Sagrada Escritura nuestra Ciencia Militar, el Templo de Dios es considerado nuestro Cuartel General. Nos suministra durante estas 40 Jornadas de Desierto lo necesario para continuar la Guerra o Milicia.
  • La Inteligencia Militar de la Escritura es como la Luz de las 12 estrellas de la Mujer Inmaculada que está sentada sobre el Trono de Israel y que está engalanada por el Hijo Amado de Dios Padre, Jahvé de los Ejércitos. Una Luz que está opuesta a la de los hijos de este mundo.
  • Si nos entregamos al Estudio de la Escritura y Ejercitamos en su Doctrina, así como en el Magisterio y la Tradición de los Padres, no temeremos los peligros del día ni de la noche pues tendremos la Inteligencia de la Milicia Inmaculada.

Como conclusión, quisiera trazar, para de ahora en adelante, y de manera especial para este próximo mes en que debo estar retirado, en silencio, soledad y desierto:

  • Un camino de vida que supone Milicia y Combate.
  • Un lugar apropiado donde encontrar las armas para la Guerra Justa. Nuestro Capitán y Rey nos las tiene puestas a punto, de manera especial, contra filisteos, réprobos y pérfidos “de la Sinagoga de Satanás”, aquéllos que “doblarán su rodilla ante Él”.
  • Estas armas no se fabrican en los yunques de los hombres, sino por el mismo Rey, Jesucristo, y por aquella Mujer que estuvo a su lado en el Calvario, la Pasión y la Cruz, María Inmaculada, General de los Ejércitos, y a la que el propio Arcángel San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, obedece con presteza y profundo amor.
  • Tengamos por coraza la justicia, por casco el juicio, por escudo la santidad, por espada la cólera, por túnica la venganza y por manto el celo por la Casa y el Templo Dios.

TE DOY CON ESTO UN PEQUEÑO PUÑAL QUE NO HAS DE DEJAR DE TU MANO…