Me caen bien esos millonarios

joviales, despreocupados

que viven más fuera que dentro

de la realidad.

Sus vidas parecen

eterna vacación

con sus barcos, sus cochazos

y sus hermosas mujeres

resplandecientes como el sol.

Los hoteles de cinco

estrellas son su hogar,

las fiestas su oficina,

el dinero corriente

de su manantial.

Ellos poseen la fórmula

secreta del buen vivir,

ángeles de un paraíso

del que un día, aunque lo olviden,

habrán de partir.