Ahora sí, ahora (a mis 80) me he convencido de que yo no soy una persona normal...que ya lo decía mi madre: "este hijo mío es un bicho raro". Porque no puede ser normal quien ha olvidado los nombres y hasta las caras de algunos familiares, de muchos amigos y hasta del que yo mismo fui (y no me reconozco ni en esas fotos antigüas que me muestran mis hermanas cuando de higos a brevas nos vemos)... y no ha olvidado, e incluso las "vé" tal cual eran, o fueron mi "RUBIO",  mi "PRINCESA", mi "CHESPI"...y menos aún  mi "PEPITA"... ¿Qué quiénes fueron estos personajillos o personajes para que los recuerde como si ahora mismo los tuviese a mi lado?... Les aseguro que ahora mismo, ya, sólo por escribir sus nombres (los nombres que yo mismo les puse en el bautismo) me estoy emocionando y rejuveneciendo...¡Dios, animales y objetos que se recuerdan más que a las personas¡...Al final pienso que aunque murieron o se fueron su alma se quedó conmigo.
                      Pero, basta ya de "papeleo" y permitidme que os presente a los  "míos", que estos sí que son "míos"...
                      El "RUBIO" era un gato, mejor dicho un gatillo, de color pardo, claro, amarillito, que me regaló mi madre el mismo día que nació en mi casa  (fue uno de los 7 que parió la gran "TULA", la más madre de todas las gatas de mi calle) y que yo adopté con propiedad, como algo "mío" (qué curioso, con el "RUBIO" supe lo que era la propiedad privada, porque que nadie intentara quitármelo que lo mato). Y yo le daba de comer, y conmigo dormía, y encima de mi hombro lo tenía en cuanto me descuidaba... Tanto, tanto, llegué a quererle que cuando escribí mi primer cuento hasta le hice personaje literario.
                   La "PRINCESA"... ¡Ay! ¿y cómo describo yo a una paloma que más parecía un ángel disfrazado con plumas que dominaba el espacio y  jugando con el viento me maravillaba hasta dejarme con la boca abierta? ¿y qué puedo decir de aquel "objeto volador" que en cuanto yo salía al patio de mi casa (el patio de mi casa era en realidad un pequeño zoológico, porque mi padre era un "enamorao" de todo lo que se moviese o volase, donde había perdices, tórtolas, gallinas pavos, canarios, cerdos, conejos...y has palomas...el palomar era como el mihrab de aquel patio que además era un jardín con su pozo incluído) volaba majestuosa hasta posarse en mi hombro y me arrullaba sin palabras su amor. ¡¡ Única!!.
                  Y luego, algo más tarde, cuando aprobé el exámen de Ingreso en el Instituto de Cabra (en mi pueblo no hubo Instituto hasta 50 años después), llegó mi "CHESPI", el caniche pueblerino que me regaló mi tío Félix como premio por haber aprobado con sobresaliente. ¡Ah! y ese sí que no lo bauticé yo, porque cuando me lo entregó ya lo llamaba así él, lo cual me obliga a decirles que mi tío era un lector apasionado de Willian Shakespeare (aunque yo, por ser yo, también le llamaba"Hamlet"). Pero "Chespi" llegó a ser para mi más que un perro, como quedó demostrado cuando escribí mi novela "Spalis", pues lo hice mi confidente y mi asesor aúlico...y con él me paso hablando muchas paginas. Porque si no he dicho ya, lo digo ahora: "Chespi" hablaba.
 
                  Y ya, años después, cuando con 14 años me vine a Córdoba, apareció la maleta, mi "PEPITA", porque así la llamé en cuanto mi madre la bajó de la capilla (la capilla era la habitación de mi casa que quedaba sobre el horno de leña de la panadería,  con  30 años de vida, y que era como un cuarto oscuro donde se arrumbaban las cosas que no se usaban, pero no se querían tirar, de suelo de tierra y paredes de piedra y 50 grados en invierno y en verano). Era una maleta de madera, todo madera, y cantoneras  y bordes bastante desgastados. Era la maleta que mi padre se llevó a sus guerras (y digo sus guerras porque no conforme con haber luchado en Belchite, Teruel y el Ebro luego se fue a Rusia con la División Azul y no se fue a la de Ifni porque mi madre lo ató con cadenas)... Pues con "PEPITA" me marché yo a Córdoba y con "PEPITA" me marché a Madrid y con ella viajé a Roma, a Paris, a Trípoli, a Londres y hasta el "Nuevo Mundo"...¡Ah, si "Pepita" hablase, porque les aseguro que mi "Pepita" sabe de mi más que yo!... Bueno, la verdad es que por ella tuve el primer encuentro gris cuando llegó mi Jefa y quiso jubilarla, porque yo me negué en redondo y hasta le compré una nueva para ella para que no protestara... pero, ni así, la Señora se puso en jarras y dijo que ella no viajaba con aquel vegestorio, que la maleta o ella... sí, fueron unos momentos cruciales, porque lo discutiamos en el salón y  le daba la razón y  me rendía, pero cuando la cogía para esconderla la oía llorar, en silencio, por supuesto,y se me partía el corazón y vuelta a la guerra... Hasta que vino el ángel de la guarda (mi ángel, ese ángel que me acompaña desde siempre del que se reían mis hijos y ahora se rien mis nietos) y nos dió la solución. ¡¡ Un vestido !!!. había que vestir (aunque mi Señora y Jefa lo llamó disfraz) a la maleta con un forro de tela buena y las cantoneras y los bordes con piel de conejo y cuero de cabra. ¡Y así lo hicimos¡... O sea, sin vencedores ni vencidos.... aunque "Pepita" no se sentía muy a gusto y a veces se enfadaba y le hacía agujeros a la tela. ¡Dios!... ¿y cómo no voy yo a recordar y a tener presente a mi "Pepita" si fue con ella y con los libros que pude meter en su poderoso vientre (a pesar de los años "Pepita" siguió y sigue fuerte) como salí de mi casa camino del exilio (porque ¿qué es un divorcio sino un exilio obligado o  voluntario?).
                   Pero, sería un torpe carteyano si no recordase para ustedes que a mi maleta, bueno, la maleta guerrera de mi padre, la rebauticé con el nombre de "Pepita" (mi padre nunca la bautizó, y como iba a bautizar a una simple maleta si mi madre se las tuvo que ver con él para que nos bautizara a mi y a mis hermanos).  A mi maleta, en cuanto fue mía, le puse el nombre de "Pepita" en honor de mi primera novia, el gran amor de mi primera juventud, la bella "Pepita Jiménez" por la que me dieron el Premio Juan Valera y con la que aprendí a escribir en esta lengua divina con la que yo me entendía con mi "RUBIO", mi "PRINCESA" y mi "CHESPI".
Va por mi profesor y amigo, Enrique de Aguinaga, de quién aprendÍ mucho de lo poco que soy. En primer lugar y antes que nada el Rigor y la Síntesis, la Amistad, el Respeto...y hasta una Palinodia.