En honor a la verdad, he de decir que no todos los sindicatos gozan del estatus del que gozan CCOO y UGT, resucitada la última en la transición y bien regadas ambas con las ingentes cantidades de dinero del llamado patrimonio sindical. No todas las centrales sindicales han pervertido sus fines como lo han hecho estas dos que se dicen mayoritarias, que se han convertido en grandes organizaciones burocratizadas y politizadas para beneficio de unas élites que nunca han dado un palo al agua como se suele decir.

Es archiconocido, como los sindicatos llamados de clase  -la suya, no la de los demás-  afanaban pasta de los dineros dedicados a los parados, a los EREs y a todo aquello que oliese a billetes, para luego darse mariscadas a todo trapo, asar vacas, irse de putas o comprar cocaína. Por no hablar del papelón de los sindicatos progres sanitarios en esta pandemia en que solo un mínimo porcentaje de sus liberados pidieron retornar temporalmente al trabajo para echar una mano a sus compañeros sanitarios, exhaustos de doblar turnos y guardias.

Todos los ciudadanos sabemos que tanto UGT como CCOO son sindicatos que se distinguen por una cristalina transparencia en sus datos. Claro, habrán adivinado que se trata de una pura ironía. Ni sabemos la afiliación, ni los ingresos de las cuotas de esa afiliación, ni el número de delegados sindicales, ni el número de de estos delegados liberados de todo trabajo, ni el número de horas dedicadas a trabajos sindicales de representación, ni con qué fondos se financian, salvo las subvenciones que de vez en cuando les arrea el estado con nuestros dineros de los impuestos, publicadas en el BOE, que ni mucho menos son todas las subvenciones que perciben.

Sólo nos queda el recurso a echar algún que otro número por no conocer los entresijos de unas organizaciones que se llaman democráticas y que subsisten gracias a lo que les pagan las empresas y nuestros tributos. Veamos.

Los tinglados sindicales son financiados exclusivamente por las empresas y los impuestos de los contribuyentes

Uno. Los sindicatos españoles son unas organizaciones que tienen como finalidad teórica la defensa de los derechos de los trabajadores, pero que en la realidad son grandes burocracias que alimentan a sus politburós a costa de los demás.

En efecto, los salarios de sus liberados, que no trabajan para la empresa que los tiene en su nómina, los paga íntegramente la empresa. Otro tanto ocurre con las llamadas "horas sindicales" de los delegados que corren exclusivamente a cargo de la empresa. O sea, que los sindicatos son organizaciones para defender a los trabajadores que financian las empresas contra las que actúan en la mayoría de las ocasiones.

Empresas e impuestos estamos pagando a los sindicatos 90 millones de horas anuales que se ahorran los sindicatos, equivalentes a 50.000 empleos

Dos. Como no sueltan prenda ni de sus afiliados, ni de sus cuotas, ni de sus ingresos tendremos que recurrir a echar algunos números que nos aproximen la realidad que nos ocultan. Aún con datos antiguos, las últimas cifras hablan de que en toda España, UGT + CCOO tienen alrededor de 250.000 delegados, que van desde 15 horas por delegado en las empresas con menos de 100 empleados, hasta 40/horas delegado en las empresas con más de 750 trabajadores.

Suponiendo una media de 30 h/delegado ya que el peso de los delegados de la administración y empresas públicas es elevado, multiplicando este valor medio por los delegados existentes, nos da una cifra en torno a 7,5 millones de horas/mes o 90 millones de horas/año.

Tres. Dadas que estas horas son acumulables y adjudicables por persona, y siendo la jornada media efectiva en España de 1.828 horas, la cantidad total de horas sindicalmente liberadas, 90 millones equivalen aproximadamente a 50.000 puestos de trabajo de tiempo completo o, lo que es lo mismo, a otros tantos liberados sindicales posibles a tiempo completo, a los que habría que añadir los liberados sindicales existentes en las secciones sindicales de empresa de UGT y CCOO.

El impuesto sindical: sin considerar las sustituciones de los liberados equivalentes, la mangancia sindical le cuesta a las empresas 1.500 millones anuales.

Cuatro. Los 90 millones de horas que no abonan los sindicatos, que equivalen a 50.000 puestos de trabajo que se ahorran, obligan a las empresas a tener que sustituir a estos trabajadores si no por una cuantía igual, sí por un número bastante parecido. Retribuir solamente a los 50.000 liberados equivalentes suponen para la sociedad 1.500.000.000 € al año, con un coste medio salarial estimado en 30.000 € trabajador/año.

Si sumamos a los 1.500 millones de los 50.000 liberados equivalentes el coste de los trabajadores necesarios para suplirles, estaríamos hablando de cerca de los 3.000 millones de euros anuales para las empresas. No es descabellado hablar por tanto de un nuevo impuesto a añadir a las empresas aparte los consabidos de beneficios, IRPF, IVA, etc: el impuesto sindical.

El nº de liberados y trabajadores de UGT y CCOO superan a muchas de las grandes empresas nacionales y estas centrales desarrollan actividades paralelas no siempre de carácter sindical

Cinco. De esta manera las dos centrales mayores sindicales UGT y CCOO se benefician de prerrogativas muy sustanciosas no sólo por todo lo antedicho sino también por las subvenciones directas que reciben del Estado y CCAA, lo que les permiten tener otra plantilla de trabajadores para sostener sus tinglados administrativos, como fundaciones o tapaderas de negocios atípicos, cursos de formación que no imparten, agencias de viajes y chiringuitos inmobiliarios, con los que timaban a sus incautos afiliados y simpatizantes, que se quedaban a dos velas esperando sus pisos, que nuevamente hubimos de rescatar con nuestro dinero.

Sin duda alguna, estas dos centrales son equiparables en número de trabajadores liberados y empleados a las más importantes y emblemáticas grandes empresas españolas, mantenidas no como lo hacen las empresas en base a los ingresos procedentes de sus ventas y el trabajo de sus empleados, sino que estos grandes momios sindicales lo hacen a través de los impuestos, las subvenciones y los chanchullos, cuyos dineros despilfarran en no pocas ocasiones sus dirigentes.

Ya va siendo hora que sindicatos, partidos políticos, chiringuitos de todo tipo y género, asociaciones, fundaciones y un largo etcétera se busquen cada cual las habichuelas y se financien con el dinero y aportaciones de sus afiliados y simpatizantes. Si la financiación con recursos públicos no es justificable en circunstancia alguna, mucho menos lo es en tiempos de crisis.

Y si la cosa no da para tanto, pues que echen la persiana, lo mismo que la tienen que echar tantas y tantas empresas y autónomos cuando vienen mal dadas y muchos empleados se tienen que ir al paro, o a la nada.