Los años el carácter lo acentúan.

Quien es de tal manera en su niñez

lo mismo pero en grande luego es.

No cambia, en su esencia, la natura.

 

Podemos, eso sí, si en nos actúa

la gracia corregir nuestros traspiés

y hacernos más virtuosos cada vez,

pero el núcleo del alma no fluctúa.

 

La lucha hasta la muerte continúa

por tratar de aquietar en nuestro ser

las tendencias al mal que nos subyugan.

 

Y más vale esa lucha sostener

con presteza y tesón si la factura

queremos evitar pagar después.