En su edición de ayer el Diario La Verdad hizo el siguiente reportaje sobre el libro "Aníbal Calero, el primer legionario" y de su autor Moises Domínguez. Este fue el artículo:

Aunque Moisés Domínguez nació en Madrid (1968) es cartagenero de adopción, escritor, historiador y con asesoría laboral y fiscal establecida en Pozo Estrecho. De él ya hablamos en esta sección con motivo de una de sus obras, lo que no apuntamos fue la defensa que realiza en diversos foros sobre las minorías que hablan valenciano en esta región como es El Carche, entre Abanilla, Jumilla y Yecla. Aún le queda tiempo para organizar en la asociación Sanac, la solidaridad con los niños afectados por el desastre nuclear de Chernobyl, algunas familias cartageneras los acogen.

En la nueva y reciente publicación, 'Aníbal Calero, primer legionario' (2020), de SND Editores, realiza una investigación histórica que a veces nos parece más bien una novela negra sustentada por las indagaciones de un detective privado. Las fronteras entre géneros se hacen tan porosas, que nunca sabemos que terreno pisamos ante unos hechos increíbles que van encadenándose en apenas 90 páginas.

 
 

Tras su paso por la militancia anarquista en Cataluña y Valencia se convirtió en el primer caballero legionario llegado a Ceuta afiliado en el banderín de enganche de Albacete. Esa fue su vida, un devenir entre bandazos desconcertantes, siendo catalogado como enfermo mental con un fondo psicopático y posibilidades de reacción paranoica. Así lo catalogaba su abogado defensor en el juicio contra Aníbal por el asesinato de su novia Pilar Azañón. Dotado de una gran simpatía y facilidad para una prosa desarrollada en la prensa política a favor de CNT y más tarde, de Falange Española, formaciones en las que participó. Aunque donde quizá encontró algo de sentido a su atribulada vida fue en la Legión, creada en 1920 con la denominación Tercio de Extranjeros, al mando de Millán-Astray. En la institución militar admitían a españoles y extranjeros entre los 18 y los 40 años, a los que no se les exigía documentación alguna. Desde luego, fue para muchos un refugio de vidas miserables, sin sentido o la ruptura con un pasado oscuro.

Aquel palentino hacía historia, aunque no le aguardaba una vida regalada sino de fatigas, riesgos y sacrificios, que era la propuesta que le ofertaban sus mandos. Conocido es el incidente en el que Franco, militar formado en aquellas áridas e inhóspitas tierras, ordenó fusilar a un legionario que se negó a comer el rancho, arrojándole el plato al teniente Montero Bosch.

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Vida de película

Las tropas españolas recibían el acoso del moro en una suerte de guerra de guerrillas, defendiendo el protectorado marroquí que le correspondía como fruto de los acuerdos establecidos con Francia en 1912. Aunque las zonas más ricas correspondieron a los galos, los hispanos no renunciaban al sueño imperial de un pasado glorioso y por no perder peso entre las principales potencias coloniales europeas. Aunque la aventura resultaba cara a un país de escasos recursos como el nuestro, hasta que todo acabó en los años 1956 y 1958 con la independencia de Marruecos.

Aníbal sabía ganarse a la gente con un gran encanto personal, tanto que hasta don Miguel de Unamuno iba a presentar una conferencia del legionario en la Universidad de Salamanca el día 11 de noviembre de 1922. Por causas desconocidas fue suspendida.

Nuestro protagonista comenzaba a mostrar sus abiertas simpatías por la Italia fascista de Musssolini, como dejó negro sobre blanco en uno de sus artículos en 'El Adelantado' salmantino. En aquellos tiempos existía la costumbre de que los legionarios contasen con una madrina de guerra, fuese soltera o casada, joven o mayor. Entre las obligaciones de la madrina estaba el mantenimiento de una relación epistolar, el envío de comida, ropa y una fotografía que servía al guerrero como amuleto. Una de las muchas madrinas de Calero fue la madrileña Pilar Azañón, a la que finalmente acabó por asesinar tras una relación de noviazgo.

El abogado defensor, en un alarde de alambicado machismo, acusó a la víctima de crimen de coquetería, al considerar a la difunta como pecadora e incitadora de hombres, cuando todo apuntaba a lo contrario. Fue condenado a pena de prisión, pasando entre otros presidios por el Penal de Cartagena, en abril de 1933.

No le faltaron padrinos, hasta el general Sanjurjo lo reclamó en su día junto a él como secretario en el Estado Mayor. El autor de la investigación aventura la posibilidad de que fuese indultado a los dos años y siete meses de prisión, como consecuencia de la acción del gobierno de centro derecha, la coalición radical-cedista de Lerroux.

Dejamos la historia en este punto porque la tienen que leer, observando las fotografías y documentos que Moisés Domínguez ha logrado reunir. Ustedes pasarán el verano junto a un canalla, aunque guardando la prudente distancia del tiempo. Y harán feliz a su librero, que falta hace que nuestra industria cultural recobre músculo.