Álex Navajas contertulio habitual en diferentes medios, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación e imparte también cursos y seminarios de formación. A partir de ahora va a colaborar en El Correo de España. Como es habitual hacemos una breve entrevista de presentación, que suelen ser muy cortas en palabras, pero profundas en contenido.
 
¿Cómo valora la labor de un medio como El Correo de España?
 
Muy positivamente. Todo lo que sea una corriente de aire fresco, inconformista, políticamente incorrecta y que busque la verdad, tiene todo mi apoyo. 
 
¿Qué supone para usted colaborar en este digital?
 
Un honor, una distinción. Sigo El Correo de España desde hace tiempo y admiro a muchos de sus colaboradores. Contarme entre ellos me lo tomo como un auténtico reto y una responsabilidad. 
 
¿De qué temas va a hablar?
 
Me gusta ir a la raíz de la cuestión; no quedarme en el hecho concreto, en la anécdota, en la superficie. Nuestra época se distingue por unas corrientes ideológicas tremendamente fuertes que operan en la oscuridad, y hay que sacarlas a la luz para rebatirlas. Algunos llaman a esto "conspiranoia"; yo lo llamo llegar al fondo de las cosas para entender de verdad qué está pasando. Así que los temas irán en esta línea y serán variados. Y, eso sí, escritos siempre desde la esperanza cristiana y no desde el derrotismo o la amargura. 
 
Háblenos de la importancia de poder expresarse con libertad.
 
Total. Un medio que no es libre no es un medio; es la voz de su amo, y de eso ya andamos sobrados en España y cada vez más en el resto del mundo. No es fácil "bucear" en Internet y encontrar información veraz y que no haya sido sesgada por las distintas ideologías putrefactas que nos rodean. Como decía Popieluszko, "los hombres que proclaman la verdad no necesitan ser numerosos. La falsedad requiere de mucha gente, porque siempre necesita ser renovada y alimentada". 
 
Igualmente es muy importante defender la verdad de la historia.
 
Absolutamente. Los historiadores deben relatar la historia, pero en demasiadas ocasiones se han convertido en activistas políticos que manipulan a su antojo y que usan la historia como arma arrojadiza.