Esta magia verde lleva hasta las nubes la música de las palabras y la hace traspasar regiones transparentes, frías nostalgias, cielos grises como la anciana plata, y la acuesta sobre la buena voluntad que descansa bajo el rumor de la noche serena.

Mas este viaje fugaz con la dimensión de un suspiro, porta los signos de la vida, la flor de la ilusión para agradar a los ojos y, el regalo gratuito de la lluvia que a veces Dios concede a los paisajes.

No sabe, querida amiga, la simplicidad del gran misterio del universo, lo simbólico de su arquitectura dibujada en cuadernos infantiles, y la resistencia de la piedra filosofal en el rotar de las esferas.

La palabra es el elixir de esta eterna juventud agonizante, encarnada en el verbo; el orgullo de la elegancia que la belleza pinta en sus labios de cristal cada mañana. No es de extrañar que el rastro de las sorpresas y grandes decepciones que cada cual lleva en su frente señalando la historia de sus días, comporte la sombra de su estatura o la presunción de su inocencia como un niño con lágrimas en los ojos difíciles de explicar.

El hombre, que no es más que polvo y sombra, al decir de Homero, no ama lo concreto sino lo misterioso, desconoce dónde empieza y dónde acaba, y viene a identificarse con la huida. Esa huida de la muerte, de la soledad y la locura. Esa huida a cualquier parte con tal que sea lejos del mundo.

Es la amistad, dilecta amiga, el antídoto contra la ingratitud que, aún lastrada por la arena solemne del dolor y la distancia, intuye la sima donde todo fariseísmo anida. La amistad, preciado don de los dioses, nunca es una idea, sino un sentimiento que aúna voluntades y hace reconocernos en el claro espejo de la sinceridad. Por encima del conocimiento enciende a veces la amistad su llama azul, y única referencia que tras largos siglos de oscuridad y silencio nos alumbra como luminaria perenne.

Merced a este milagro de la tecnología podemos intuir con meridiana certeza, que al otro extremo de la invisible línea, alguien nos habla y escucha, y hasta pude sentir los latidos de un corazón atormentado, o por suerte, en estado de reposo. Usted desde Méjico, reino de un imperio corrupto superior, y servidor desde este Madrid, capital de una España que se desangra a pasos agigantados, nos comunicamos sin saber muy bien cómo. Volviendo a la madre Hispana y a su tierra que un día diera a luz, Hernán Cortés, circula por WhatsApp, la mejor definición poética que atribuida a Espronceda pudieran alguien hacer, y que empieza así: "Oigo, Patria, tu aflicción, y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas, despedazar la nación..."

Alguien, desde la remota lejanía, ve transcurrir las cosas en calma, sin sobresaltos ni prisas, lentamente, como el marchar de las estrellas. Probablemente quien inventó el tiempo, antes que el mundo, lo sostenga en

equilibrio, aunque el mundo esté siempre amenazando con caerse. Y esa estabilidad, tan desconocida como misteriosa, amiga, es la base de la admiración y por eso la admiro. Porque me ofrece las bases del conocimiento, ese saber acumulado que marca las horas en la evidencia de que todas hieren, y la última, mata.

¿Hay algo más bonito que la justicia? Es aquella balanza que mide lo justo; la virtud cardinal indicativa de que todo ha de producirse, según derecho y razón natural, a su debido tiempo. Si la cara es el espejo del alma que refleja el mundo, nos revela que la perfección no es cosa de él, y que las frías tinieblas inundan a menudo el valle. El valle que era hermoso, y ya ve cómo lo dejamos de tanto llorar en él.

Pero en la oportunidad está el destino que escribe la vida; la memoria, entendimiento y voluntad necesarios para conseguir soñar. Como trozo del paisaje que hace más atractivo el universo en sus días, con las razones del corazón que la mente no comprende; son las palabras el único medio y fin que nos ofrece a cada cual la medida exacta de las cosas: la oportunidad de vivir. El verbo que en principio se hizo carne. Por eso en las palabras que narran el sueño de existir hay tantos cuentos de hadas que aún no está escrito que el suyo no sea posible. Hay estrellas en los arcanos y más lejanos firmamentos, cargadas de sorpresas. Y no puede ser que la mágica luz extendida entre usted y yo no sea sublime. El fluir de las vidas como los astros o las aguas al mar, es el alto valor expresivo y emocional de esa música superior a todos los lenguajes que logramos escuchar ensimismados. Sentir y no entender.

Las palabras son el camino de perfección que nos acercan a las cosas, porque sin poder confundirse con ellas, o ser ellas mismas, las aluden y representan. Por eso a la realidad nunca llegaremos, porque desde el momento en que se formula ya es ficción, y no nos pertenece.

Y ahora, con estos últimos jirones del día, a finales de junio, cuando la luz del sol se está apagando, llega la brisa clara de los días más largos del año, sembrados de un espacio y resplandor diferente. Puede ser que en un día de estos veamos que el paso del tiempo se detiene y ya no existe para siempre. Puede ser que cualquier día de estos ya seamos otros.