En recuerdo de mi gran amigo y compañero de “Pueblo” reproduzco hoy una de las páginas que escribía en mi “Heraldo Español” y que leídas 39 años después resultan verdaderamente gratificantes. Miguel Ors demostraba, una vez más, que dominaba no solo los deportes sino la vida política y de España en general. Murió hace unos meses y me remito a la canción famosa: “Cuando un amigo se va algo se muere en el alma”. Pasen y lean:

 

EN SEVILLA.- Estoy en Sevilla para transmitir el partido de Liga entre el Sevilla y el Athletic de Bilbao. Saludo a Chechu Rojo, diecisiete años en el Athletic; "qué marca", le digo, y qué cara de crío. Sonríe. Chechu tiene cara de 21 años, flequillo de colegial travieso. Chechu tiene todavía, en el Athletic, años de cuero, años de rendimiento. En Chechu, la cara no es el espejo de la partida de nacimiento.

 

Acabado el partido, y antes de subir al expreso de Cádiz, que pasa por Sevilla sobre las doce de la noche, ceno con un grupo de amigos. Hablamos de las próximas elecciones en Andalucía. Me dicen: "Aquí no tienen nada que hacer ni el centro ni la derecha. Aquí barrerán los socialistas de Felipe González y Alfonso Guerra. Andalucía, ni lo dudes, es de ellos, y algo de Escuredo, y un poco de Clavero Arévalo, y luego de UCD y quizá, un poquito, de Fraga. Andalucía no perdona, y el paro se la come. No es exactamente la política la que politiza a los individuos, sino el dinero, y en Andalucía concretamente, cuando no hay harina, o sea pasta, todo es mohína, o sea socialismo".

 

EN FLORIDA PARK.- A Pedrito Ruiz, en algunos medios informativos, se le ha pegado duro, durísimo. A pesar de todo voy a verle. Pedrito Ruiz es ácrata, aconfesional, es él y él es Pedrito Ruiz, un ser pasota, pero menos; un bufón de sí mismo y del prójimo y de lo que es, ahora mismo, España; es también presuntuoso, y retórico -a veces- innecesariamente, y vanidoso, y poseído -también esto- de complejo de superioridad. Pedrito se ha elevado sobre sí mismo. Este es tal vez su pecado. A pesar de todo, y a pesar, a veces, de su procacidad e incluso de su extremo atrevimiento, no está mal. Algunas de sus imitaciones son geniales, y otras son más intelectualoides que geniales. Gusta a unos, deja indiferentes a otros y defrauda, pienso, a los demócratas. Ni tan mal como le ha puesto alguna crítica, ni tan bien como la vez pasada en este mismo lugar de Florida Park.

 

EN EL CLUB SIGLO XXI.- Conferencia de Eloy Ybáñez, secretario de Estado de Turismo, en el Club Siglo XXI sobre el turismo. Cifras impresionantes. Durante el pasado año de 1981, tan nefasto, visitaron a España nada menos que cuarenta millones de turistas. ¿Cifra real o exagerada?, pienso, pensamos algunos de los asistentes. Eloy Ybáñez, diplomático, es madridista; y en la cena-coloquio se sirve del símil futbolístico para contestar a algunas de las preguntas de los comensales. Dice que el acto de inauguración del Mundial, en el Camp Nou, lo verán por la televisión más de mil trescientos millones de espectadores, y que durante el mes de celebración del máximo evento español de 1982, tendremos en España un millón doscientos mil turistas. Entre el sol y el balón. España será el ombligo del mundo durante un mes.

 

EN EL CINE.- Está en las carteleras una película de humor de Mel Brooks, "La loca historia del mundo", que no es gran cosa, pero cuyo éxito de taquilla es incontestable. La gente quiere reír, sonreír, divertirse y quizá olvidar. El mejor golpe de la película, en mi opinión, es la secuencia del tiro de pichón, durante la Revolución Francesa. El marido de María Antonieta, Luis XVI, está en los jardines de palacio practicando el tiro de pichón, y en lugar de pedir pájaro, grita: "¡Pobre!" Y se ve a un pobre volando por los aires al que el rey derriba de un certero tiro. La película, disparatada, entretiene. No ambiciona quizá Mel Brooks sino justamente eso y nada más que eso.

 

EN EL TREN.- Viajo últimamente en tren. En el avión no se viaja, se va o se viene. En el tren se viaja. Disponiendo de tiempo, es más agradable el tren, pero de día. Se ve el paisaje y el paisanaje. El único inconveniente de los electrotrenes, ters y talgos es que la limpieza no está cuidada con esmero, y la baja calidad de las comidas.

 

EN LA CALLE.- Hay indignación, en Madrid, con la noticia de la subida del impuesto de circulación. Madrid, para el automovilista, es la ciudad más antipática y cara del mundo. Se persigue al automovilista, por parte del Ayuntamiento como si fuese un lobo. Salir a la calle en automóvil es ruinoso tanto por el precio de los tickets municipales como de los aparcamientos, insuficientes y a determinadas horas completos. Luego está, acechando y esperando el descuido del conductor, la grúa. Si no se puede aparcar, si casi no se puede circular por Madrid, ¿por qué aumenta la tasa de circulación el Ayuntamiento? La insaciabilidad fiscal del Ayuntamiento de Tierno Galván es indignantemente feroz. A cambio de tanto impuesto ¿qué recibe el peatón o el automovilista? Calles sucias y abandonadas, jardincillos en mal estado, transportes públicos insuficientes, y mendacidad. La impopularidad de los concejales socialistas es cada día mayor, pero el profesor Tierno Galván debe de ignorarla. El otro día, con motivo del partido Atlético de Madrid-Real Madrid, apareció en el palco rojiblanco. Tarde. Estaba lleno. Hubo que buscarle un asiento. En un momento determinado, levantó el brazo para saludar a la hinchada y ésta, reconociéndole, le colmó de vocablos irreproducibles. Hubo de bajar el brazo a todo correr.

 

EN LA RADIO.- Escucho en el coche la entrevista de "Directo, directo", de Radio Nacional, dedicada a las compañías eléctricas. Al no comparecer nadie en representación de éstas, Alejo hizo algo original: recibir las preguntas de los oyentes, que quedaban naturalmente sin respuesta. Allí ardió Troya. Había que oír, con toda la razón del mundo por cierto, a los preguntadores. El pueblo español ya no se deja engañar. Sabe que está siendo objeto de burla, y su capacidad de paciencia empieza a rebelarse. Aconsejo a la clase política que escuche "a la voz del pueblo" en las entrevistas de "Directo, directo". Ahí no hay trampa ni cartón. Comprobará a la vez la bondad y hartura de un pueblo que empieza a sentirse incómodo y estafado.