En todos los rincones de nuestro país, el mes de agosto es festero por excelencia. A principios del día cuatro, Vitoria celebra una fiesta muy singular en honor de un personaje mítico e histórico: Celedón, muñeco de gran boina, vestido como las gentes del campo, que con su blusón cruza desde el campanario la plaza Mayor con su bolsa en una mano y el paraguas en la otra, para que comiencen las fiestas de la ciudad. Cuando Celedón toca tierra se convierte en una persona de carne y hueso que, a modo de botarga, se mueve por todas las partes durante los festejos.

También son interesantes las fiestas de Estella, en Navarra, cuyo Viernes de Gigantes, anterior al primer domingo de agosto, saca a las calles los famosos muñecones: en el desfile, un grupo de danzantes ejecuta el “baile de la era”. Es fiesta mariana, en la que los niños ofrecen flores a la Virgen del Puy, y también se honra a San Andrés, patrono de la localidad, en cuya procesión se saca su famosa reliquia y no falta la “abadejada”, en la que se premia a quien mejor haga el ajoarriero.

En la riojana localidad de Arnedillo también festejan a San Andrés, pero en el mes de noviembre, con una sorprendente procesión: la del humo, que procede de las fogatas que se encienden en las calles, donde emplean como combustible plantas y matojos aromáticos, que dan lugar a densas cortinas de humo que la procesión ha de atravesar en recuerdo del auxilio que prestó el santo, salvando a la vecindad de una epidemia.

El castillo de Pedraza, en Segovia, aparece envuelto en la luz temblorosa de las velas que inundan la monumental villa. Es una magnífica puesta en escena para un concierto de velas en el que la música no constituye el único atractivo.

El descenso del Sella nació como una excursión fluvial de un grupo de amigos y se ha convertido en una de las más destacadas pruebas de piraguas. La primera data de 1930, ahora confluyen en las aguas del río Sella los mejores deportistas de esta especialidad. Para acudir a la multitudinaria competición concurren unos mil quinientos deportistas que, desde Oviedo, un tren especial, recorre los bellos paisajes de sus riberas. El descenso internacional del Sella tiene lugar entre Arriondas y Ribadesella, y viene acompañado de meriendas, sonar de gaitas, bailes, sidra y millares de visitantes.

El “diagosto” tiene lugar el día 15 de ese mes en la villa salmantina de La Alberca, cuando se celebra el ofertorio en el día de la Asunción de Nuestra Señora. La ceremonia comienza con una ofrenda del alcalde de la localidad, le siguen los mayordomos y después el pueblo, entre ellas los panes de Jesús y María.

También destacamos en este breve glosario festivo de verano, la “pinochada” entre la villa soriana de Vinuesa y los vecinos de Covaleda, por la posesión de la imagen de la Virgen del Pino, en la que toman parte cientos de mujeres vestidas con el traje de “piñorra”, agitando ramos de pino a modo de arma. La fiesta se inicia con la “pingada del mayo” el día catorce, que consiste en enderezar dos árboles en la plaza Mayor y en la ermita de la Soledad, para proceder, al anochecer, a la “ofrenda de la vela”. Al día siguiente procesionan la imagen de la Virgen junto a San Roque, cuyos “gozos” se cantan:

Pues médico eres divino

con prodigiosas señales.

Líbranos de pestimales

San Roque peregrino.

 

Mientras se baila, entre los pasos, se canta el Rosario; y el dieciséis, con especial entusiasmo, celebran la “pinochada” o lucha en las que las mujeres ponen en fuga a los hombres. Terminan los festejos el día dieciocho con una caldereta.

San Lorenzo es santo con devotos en muchos lugares de España, entre ellos en Ojacastro y Ezcaray, en La Rioja, y en Huesca. Son frecuentes las procesiones religiosas, las tradicionales mudanzas, entre ellas, un baile de cintas, así como los gigantes y cabezudos, cantan y bailan jotas y efectúan ofrendas de flores y frutas. Todo esto ocurre el 10 de agosto.

Debidamente protegida para que no sufra durante el traslado, la Virgen de Manjavacas es llevada, el primer domingo de agosto, a hombros y a la carrera, desde su santuario hasta Mota del Cuervo, en Cuenca, que se hallan a una distancia de siete kilómetros. El camino de regreso tiene lugar dos domingos después, de igual manera.

En la “machá”, llevan chalecos de cuero y algunos cencerros. Les dirige un mayoral con campanillas a la espalda y una vara en la mano, y a sus órdenes tienen que afrontar diversas pruebas, con un objetivo ligado al nombre de la fiesta de Bocigano, en Guadalajara: “la machá”.

Nuestra geografía rural conserva tradiciones y festejos de gran riqueza emocional, que muchos pueblos se esfuerzan para que no desaparezcan de sus calendarios festeros. El mejor apoyo que podemos hacer por ellos es visitar las localidades que los celebran, pese a las limitaciones que padecen, de todo tipo, para mantenerlos.