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En mi vida, o por mi vida, han pasado algunos personajes que no se borran y que cierro los ojos y los veo como si los tuviese delante. Es el caso del "niño Antonio" (el oficial que llevaba la panadería de mis padres, el mejor consejero que tuve en mis años difíciles de la pubertad y primera juventud), el de mi tío Félix, del que tanto he hablado ya en este rincón que me ha dejado "El Correo de España" para que saque a la luz MIS RECUERDOS, el de Doña Juana, mi Maestra, por la que pude estudiar el Bachillerato y supo meterme en vena la pasión de la lectura; Doña Carmen Llorca, la profesora que me abrió las puertas de la Historia... y Don Rogelio...¿Que quién era o fue Don Rogelio?. ¡Dios, un librero, gracias al cual pude leer gratis durante tres cursos las obras de los del 98  ( los Unamuno, Azorín, Baroja, Valle-Inclán, Machado)  y a Ortega, y Lorca...y todo lo que me incitaba a leer!.
            Don Rogelio era el dueño. director y alma de la antigua "Librería Luque", la que estaba en la calle Gondomar, cuando el centro de Córdoba era la "Gloria Bendita" y el paseo diario obligado de los cordobeses. La calle más bonita del mundo. Pues, allí entré yo, por primera vez en octubre de 1954, justo al comienzo del curso y de mi primera estación como estudiante en la Escuela Normal de Magisterio, que estaba en la plazuela de detrás de la iglesia de San Nicolás. Naturalmente, yo me quedé embobado cuando vi aquellas estanterías llenas de libros y sin darme cuenta me puse a hojear con el ansia de un sediento aquellos tomos tan bien encuadernados ("Obras completas de...", "Obras completas de...") que ni me di cuenta de la hora que era, hasta que un señor, el que mandaba, se acercó a mi y me dijo:
                  ---  Muchacho, lo siento, vamos a cerrar... veo que estás muy interesado... ¿qué estás buscando?.
                  --   No, nada, perdone  --le respondí como avergonzado de haber tocado los libros sin comprar ninguno-- no, no buscaba nada en concreto, pero es que...
                 ---  ¿Cómo te llamas? ¿Qué estudias?.
                 ---   Magisterio, señor... y soy Julio Merino.
                 --    Bueno, pues yo soy Rogelio Luque y soy el dueño de esta librería...¿Te gusta leer? ¿lees mucho?...
                 ---  SÍ, leo mucho... bueno, los libros que tiene mi tío en su casa o los que me prestan...
                   -- Bueno, pues ya sabes, aquí tienes tu casa y puedes hojear o leer lo que quieras.
                       Y así nos hicimos amigos y así pasó a ser Don Rogelio mi Director literario, porque aquel hombre lo había leído todo y sabía de todo...y gracias a él pude descubrir y leer, por ejemplo a Camilo José Cela, a Carmen Laforet, a Gironella... y a muchos de los que en clase no se nos hablaba.
                    Pero, no era a mi solo al que cautivó, porque de entrar tanto por "La Luque" (así se la conocía familiarmente) me di cuenta que Don Rogelio era toda una institución en Córdoba, ya que la Librería irradiaba saberes y era un verdadero foco de cultura... la "Luz de Occidente" de los tiempos modernos.
                   Luego, la vida, como siempre, me separó de Córdoba y pasaron los años sin vernos. Hasta que en 1975 Don Rafael Castejón, el Presidente de la Real Academia de Córdoba, que había seguido mis pasos como periodista y escritor en Madrid, tuvo a bien hacerme miembro de la misma y el día que pronuncié mi discurso de Ingreso en el Círculo de la Amistad me llevé la grata sorpresa de que allí en las primeras filas estaba Don Rogelio y no tengo que decir el sincero abrazo que le dí a mi Director Literario... y en su nueva "Luque", ya en la calle Cruz Conde,  presenté mi libro "Las cuatro columnas de Córdoba" que me había editado la Real Academia que presidía todavía el Gran Don Rafael Castejón y me había escrito un prólogo precioso y calificaba como "Un evangelio de cordobesismo".
                   Ya no le volví a ver. Pero, ahora, cuando la vida me ha devuelto a mi Córdoba no puedo dejar de recordar aquella Librería Luque de la calle Gondomar, mi librería, y al bueno de Don Rogelio...y a la actual "Librería Luque", ya en la calle Jesús y María, acudo de vez en cuando, aunque sólo sea para saludar a su nieto, Javier Luque, que tanto se le parece.