El tiempo que es eterno en nuestra infancia

veloz como gacela corre luego.

Se va la juventud en leve vuelo

dejando nada más que su fragancia.

 

Muy pronto recorremos la distancia

que media entre los días en que un juego

delante de nosotros sólo vemos

y el hoy que nos apremia con prestancia.

 

Que es breve en este mundo nuestra estancia

de golpe descubrimos y entendemos

que tiene cada hora su importancia.

 

Las viejas enseñanzas aprendemos

de aquellos cuya voz juzgamos rancia

cuando antaño estas cosas nos dijeron.