Ha fallecido en las últimas horas el general Enrique Rodríguez Galindo. España, por desgracia tantas veces madrastra con sus mejores hijos, también lo fue en este caso.

Su nombre causaba literalmente pánico a los asesinos etarras. Numerosos terroristas murieron en enfrentamientos con sus hombres. El general Rodríguez Galindo fue el más destacado y prestigioso comandante de la Guardia Civil en la lucha contra la sangrienta organización terrorista separatista y de extrema izquierda ETA. Durante los durísimos y trepidantes años 80, cuando el País Vasco era un volcán terrorista en erupción, sólo él asumió la misión militar más difícil en defensa de España, la responsabilidad que nadie quería entonces.

Entre 1980 y 1995 el entonces Teniente Coronel Galindo estuvo al mando de la 513 Comandancia de la Guardia Civil, la Comandancia de Guipúzcoa, con sede en el emblemático Cuartel de Inchaurrondo. Guipúzcoa era la provincia vasca más conflictiva, la de mayor actividad etarra. En ese periodo, la Comandancia bajo su mando desarticuló casi 120 "comandos" o células terroristas etarras y encarceló a más de 800 terroristas etarras, lo que le valió el ascenso a general, en 1995. Era el militar más condecorado de España.

En su haber lucen éxitos memorables que causaron daños a la larga irreparables a la organización terrorista ETA, como la desarticulación del peligrosísimo "comando Donosti" del asesino Zabarte, en 1984, la destrucción de la infame estructura de financiación del "impuesto revolucionario" etarra en la Operación Sokoa, en 1986, la desarticulación de los comandos Donosti de 1987, el Araba, en 1989, la neutralización de los asesinos de la Casa Cuartel de Vic, en 1991, y sobretodo la captura de la cúpula terrorista de ETA, llevada a cabo por sus hombres, en Bidart, en el sur de Francia, en 1992. Un durísimo golpe del que la banda terrorista nunca llegó a recuperarse, como ellos mismos han reconocido en sus documentos internos. Y muchos más golpes a la banda criminal.

Si al final la banda terrorista, una de las más peligrosas del mundo, fue derrotada operativamente por las Fuerzas de Seguridad del Estado (por desgracia, no políticamente, por culpa de los diferentes gobiernos que han seguido blanqueando a los etarras), mucho mérito en ello tiene el general Galindo.

El mismo General Galindo que tuvo que enterrar a casi un centenar de sus hombres. ETA intentó asesinarlo en diversas ocasiones. En 1990 su familia se libró, de auténtico milagro, de morir a causa de un paquete bomba de gran potencia, que habían estado a punto de abrir y que pudo ser desactivado. Era muy respetado y querido por la inmensa mayoría sus hombres, que han expresado el honor que sienten de haber servido a sus órdenes.

No es extraño que desde el mundo separatista vasco (incluyendo al PNV) se le odiara. Durante años trataron de involucrarlo en el narcotráfico, hasta que la Justicia le amparó, demostrando que las acusaciones eran patrañas.

Sin embargo, finalmente fue condenado por su supuesta relación con los GAL, por un mediocre magistrado, el juez Gómez de Liaño, que así tuvo su cuarto de hora de gloria. Y se vio expulsado de la Guardia Civil su mejor oficial. Un hombre que nunca renegó de su patriotismo ni de sus ideas (aún se recuerda su visita al Valle de los Caídos, que levantó ampollas entre los progres), aunque lógicamente por lealtad profesional, sirviera lealmente a los mandos políticos de su época, como los ministros socialistas Barrionuevo y Corcuera, de quiénes habla con afecto en sus memorias.

Hoy las ratas de la política española se alegrarán de su muerte, pero la inmensa mayoría de españoles de bien le recordarán con gratitud. Tal vez le pudieron quitar oficialmente su grado y sus condecoraciones, pero nadie le podrá quitar su trayectoria y sus grandes méritos en la lucha antiterrorista, que forman parte ya, de la historia de España.

Descanse en paz el general Galindo, uno de los grandes soldados de la España del siglo XX. Desde aquí recomendamos su muy interesante libro de memorias "Mi vida contra ETA" publicado por la editorial Planeta, en 2006.