Quizás eran otros tiempos pasados, los vividos, los de mi edad y algo más jóvenes, me entienden, pues ellos también pasaron esa época, aquellos años que descubríamos la pasión, con el movimiento y revolución de nuestras hormonas danzando

¿Quién no tenía un amor imposible?

¿Quién no estaba enamorado de una cantante, una actriz, una modelo, .., que podría ser nuestra madre?

Aquellos tiempos maravillosos, que lo fueron, porque afortunadamente no existía el móvil, que ha terminado con la juventud, que se enfrasca de tal forma, que se convierten en robots, van por la calle, como zombis, cruzan de una acera a otra, sin mirar, si viene un coche, los pilla y los mandan al otro barrio, sin apenas enterarse.

Esta juventud de chicos y chicas, que se reúnen en un banco o en un burger y en lugar de hablar, se comunican con mensajes el uno al otro, cuando solo están a 3 metros de distancia, en lugar de hablar, mirándose a los ojos.

Aquella juventud vivida, tan solo con una bolsa de pipas, que repartíamos y que era suficiente y gratificante y con nuestra Pepsi que compartíamos chupando a morro, sin temor a sida, ni otras enfermedades modernas. Allí reunidos alegres, riendo y conversando, con ilusión y entre risas, contando situaciones pintorescas o propias de la pubertad desbocada.

Esos chicos y chicas de los años últimos de los 50 y la década prodigiosa de los 60, que acudíamos a nuestros Guateques, rotando en nuestras casas particulares, llevando nuestro microsurco preferido, para que lo pusieran en el tocadiscos Kolster Dakota (el mío y que aún le guardo) u otras marcas y así poder bailar, nuestra canción preferida, con una chica, sueltos con los bailes de moda; Rock and Roll, Twist, Surf, Gali Gali, Yenka, ….. o con una balada romántica, agarrados, muy agarrados, dependiendo de los codos de separación para que corriera el aire, que algunas chicas imponían, a las que sacábamos a bailar, esa chica que te “molaba”, que según se iba reproduciendo el disco,  subíamos de tono, nos apretábamos más e incluso, poníamos nuestro rostro pegado al suyo y entonces … ¡Maldición!...., terminaba la canción y venía la frustración,  … y nos preguntábamos;  ¿Por qué no tardaría 10 minutos, en lugar de solo 3, el disquito en cuestión?

Aparte de estos sentimientos juveniles, luego por la noche soñábamos con esa chica, que nos atraía tanto y tanto e imaginábamos que estábamos volando, allí por el cielo y que no nos llegaban los pies al suelo.

Aunque independiente a estas chicas de nuestros grupos gautequeros, estaba siempre esa voz cálida, esa chica, esa cantante, que nos atraía muchísimo, aquella Karina, Rocio Dúrcal, Marisol, Janet, Marie Laforét, Gigliola Cinquetti, Francoise Hardy, …

Y en la escena, esas actrices que mucho más mayores que nosotros, nos clavaban el corazón, con esa belleza, esa cara, ese cuerpo y esa voz femenina y sensual. Recuerdo que uno de mis amores era la “BB”, la sofisticada Brigit Bardó, que por cierto, vino a ver a un amigo de la pandilla (Antonio), en todo su apogeo, porque eran íntimos amigos desde hacía años, se escribían y él la invitó a casa de sus padres, para que pasara unos días de vacaciones. Lo curioso de este chico es que estaba enamorado de ella, a pesar que era maricón, aquí creo se puede decir. Era idéntico al actor, Anthony Perkins, ese actor  que como Norman Bates, se hizo famoso con el cuchillo en la ducha, asesinando a la guapísima actriz Janet Leigh (Marion Crane), en la película del gran Alfred Hitchcock, PSICOSIS

Con esto, no quiero acusar, ni decir que esta juventud, no tiene hormonas, pues las tiene como no podía ser otra manera, pero las prioridades de hoy son infinitamente distintas a las de entonces y ya no hablemos de los juegos de una época y de otra, pues sería tedioso, exponer la infinidad de divertimentos que manteníamos en nuestro tiempo libre y ahora están perdidos e incluso les son desconocidos

Lo malo es que el pasado ya no volverá, ni podemos reescribirlo como hacen los “Iluminatis” con la Historia, pero al menos, los recuerdos, solo nos lo podrá quitar la muerte, pero hasta que llegue, los gozamos con nuestra mente y nuestro corazón roto, por aquellos espléndidos tiempos perdidos por la edad.

Ricchi e Poveri - Come Vorrei ("Malena"-Monica Bellucci)

 

Guadalupe Pineda - Historia De Un Amor