Dije otro día al hablar de mis curas que tendría que escribir de don Manuel Osuna Bujalance, porque mis relaciones  con don Manuel fueron muy especiales. Cuando llegó a mi pueblo yo era ya un rebelde que me estaba bebiendo a Unamuno y no tardamos mucho en enfrentarnos. Aunque tengo que reconocer que don Manuel acabó venciéndome quizás porque su formación y su cultura eran muy superiores a la mía... y aprovechándose de mis ansias de saber me llevó a su terreno, y sirviéndose de San Agustín y sus "Confesiones" me hizo apasionarme por la vida de Jesús y aquel primer Cristianismo... Y hasta tal punto llegó mi afán naturalmente incitado por don Manuel de controlar y educar mi voluntad (para don Manuel el control de la voluntad era fundamental en la vida de cualquier persona) que llegué a hacer algo que visto desde ahora me parece hasta una "locura".
¡Todos los domingos y Fiestas de Guardar importantes, cuando más llena estaba la iglesia, yo me hincaba de rodillas en el pasillo central y brazos en cruz resistía toda la misa!! Era un modo de domar mi voluntad, haciendo lo que no quería hacer.
¿Un rosario en cruz, en público y soportando las risas y risitas de los amigos y vecinos?...¿ Se lo imaginan ustedes con mentalidad de hoy?
Pues también ese fui yo... pero a don Manuel Osuna Bujalance le recordaré siempre. Cómo recordaré siempre el "silicio" que me regaló para controlar mis apetitos sexuales.