No todos los días tiene uno la oportunidad de asistir al descubrimiento de un yacimiento arqueológico de hace más de 1.400 años. Tampoco ha sido producto de la casualidad porque nos encontramos por tierras riojanas documentándonos sobre los monasterios que circundan el Camino de Santiago y que jugaron un destacado papel en la repoblación de las villas que circundan la Ruta Jacobea desde la Alta Edad Media.

Pues bien, en el último mes de junio dieron comienzo los trabajos arqueológicos previos, consistentes en 25 sondeos, en el paraje La Magdalena, de la localidad riojana de Grañón; entre los kilómetros 4,950 y 5.110, estaban realizando trabajos de evaluación medio ambiental del proyecto de la Autovía del Camino de Santiago (A-12), tramo Santo Domingo de la Calzada a Villamayor del Río, cuando aparecieron enterramientos de forma intensiva.

Se acercan ya al centenar las tumbas descubiertas

Durante el último fin de semana, numerosos curiosos locales y veraneantes, se acercaron al yacimiento para contemplar decenas de tumbas, a las que habían quitado las losas de piedra, para descubrir los restos de adultos y niños que, alineados perfectamente hacia el naciente, volvían a presentarse de nuevo a la luz del Sol tras cientos de años privados de ella.

Días antes, ya en el mes de julio, la primera autoridad autonómica, Concha Andreu, acompañada de la delegada del Gobierno, María Marrodán, visitaron el tramo riojano de la A-12 para contemplar los trabajos arqueológicos de La Magdalena.

Tampoco faltó un entusiasta alcalde que, creyendo que se trataba de una fosa de la guerra civil, se presentó en la necrópolis para verificar los enterramientos. Tuvo que reconocer que se trataba de una falsa alarma. Ignoramos el valor cultural que, finalmente, dio aquel alcalde, que no es el de Grañón, a aquellos restos arqueológicos, después de la decepción de no poder utilizar políticamente el hallazgo de la necrópolis, como suponemos.

Nosotros, para evitar aglomeraciones innecesarias, estuvimos en el yacimiento este último lunes por la mañana, cuando los visitantes eran ya menos numerosos. Éstos podían disfrutar de la contemplación de los enterramientos, desde una pasarela de la autovía en construcción, con absoluta comodidad y sin interferir en los trabajos de los arqueólogos.

Nosotros fuimos más osados, valiéndonos de nuestra condición de periodistas, incorporándonos a pie de obra en el yacimiento. Eso sí, pidiendo permiso a los técnicos de Antequem, que es la sociedad vallisoletana responsable de los trabajos arqueológicos y medioambientales.

Restos óseos en muy buen estado de conservación

Observamos una superficie inicial de unos mil metros cuadrados, con decenas de sepulcros abiertos, a escasos centímetros de la superficie, en un terrano claramente arcilloso; las losas las habían retirado ya del yacimiento. Los restos óseos llamaban la atención por su perfecto estado de conservación y, si alguno presentaba deformaciones, según nos explicaron, se debía a los pequeños plegamientos del terreno a lo largo de los siglos; todos alineados con matemática precisión orientados al oriente y muy pocos antropomorfos.

El responsable de la actuación arqueológica, Luis Villanueva, es de Valladolid, y nos atendió como nadie lo habría hecho mejor. Respondiendo a todas nuestras preguntas, confirmó que la calidad de los restos es uno de los elementos más destacables del yacimiento; que en un lateral de la necrópolis, de forma circular, podría haber estado un templo de materiales poco resistentes, adobes y madera, que no soportaron el paso del tiempo; que ninguno de los restos hallados presentan mutilaciones que pudieran indicar la existencia de una acción violenta o batalla. Por el momento son escasos los vestigios de cerámica.

Le preguntamos sobre la posibilidad de la existencia de algún poblado próximo y nos aseguró que los conocidos, Grañón y el castillo y asentamiento de una población en la cúspide del monte conocido popularmente como la Teta de Grañón, se hallan ambos a más de un kilómetro de distancia y que, seguramente, habría alguna entidad de población menor más cercana, aún pendiente de descubrir.

En principio, descartó nuestro interlocutor que aquella necrópolis tuviera como origen la reconquista del castillo de Grañón, por considerar que es anterior a este acontecimiento histórico, datando los restos, en una primera impresión, entre los siglos VI y VII. Todo dependerá de trabajos arqueológicos, antropomórficos y cronológicos posteriores que completarán la investigación.  

Dicen que las casualidades no existen. Llegamos para documentarnos sobre los monasterios que contribuyeron a repoblar el Camino de Santiago y nos encontramos con una necrópolis visigótica recién descubierta ¿Olfato profesional o casualidad? Nosotros nos limitamos a comentar lo que vimos.