Alba Lobera es sin duda una de las voces más populares del mundo disidente. A su juventud atesora una gran preparación con grado en Periodismo y Filología Hispánica, profesora de ELE y titulada en Locución y Doblaje así como Community Manager. Apasionada de su profesión y del compromiso por la verdad, en esta entrevista reflexiona sobre periodismo para ECDE, uno de los medio para el que colabora.

¿Por qué decidió estudiar periodismo?

Me pareció el siguiente paso a seguir… Me explico; llevo publicando artículos y otras informaciones incómodas desde que tengo catorce años, utilizando entonces un humilde blog y tejiendo una red de contactos en la que me he encontrado tanto con auténticos tiburones como con gente admirable, aunque estos últimos no abundan demasiado, lo que les hace aún más especiales, creo yo.

Siempre me ha apasionado la investigación; a eso le sumas que he contado con una familia que me apoyó desde el principio, facilitándome todas las herramientas posibles y todo el cariño que una niña podía necesitar (¡y más!). Cuando cumplí esa edad [14] ya tenía muy presente desde hace tiempo que el periodismo era mi profesión soñada.

Me parece imprescindible saber qué ocurre en todo momento, quiénes están implicados o por qué sucede una cosa u otra. La información es poder, puesto que gracias a ella las personas tenemos la capacidad de elegir cómo actuar o qué queremos. En definitiva: la información nos acerca a la libertad, o al menos crea un entorno seguro donde hay transparencia, porque la desinformación es manipulación.

El periodismo tiene que estar al servicio de la verdad, no al de intereses partidistas...

Siempre se ha dicho que “periodismo es aquello que no quieren que se sepa” porque de lo contrario se hablaría de propaganda. Considero que un periodista ha de ser objetivo siempre en la medida de lo que se pueda, es imposible cumplirlo a rajatabla porque somos personas y al final nos decantamos hacia un lado u otro que a su vez puede malinterpretarse de cara al público.

Pero respondiendo a tu comentario te diré que no sólo estoy de acuerdo con tu opinión, sino que además el periodismo debería ser humano, tener un toque auténtico, único, personal a la hora de trabajar, y también de buscar una manera de comunicar las cosas de tal forma que se ceda el turno al público para que éste pueda pensar y decidir por sí mismo. La información no debería plasmarse como algo cerrado o irrefutable. Hay cosas que sin duda conducen a un único camino, pero no seré yo quien marque las pautas de todo aquel que se molesta en escucharme o leerme. Es la otra persona quien tiene que decidir con cuál versión quedarse, pero siempre con todas las pruebas posibles cerca.

¿Por qué es necesario el periodismo disidente que no se doblega a la dictadura de lo políticamente correcto?

¡Porque si no, no sería periodismo disidente! Es más, ¡ni siquiera sería periodismo!

Por algo se conoce al periodismo como ‘el cuarto poder’… Y ciertas entidades lo tienen tan presente que se molestan en engullir, de un modo u otro, a aquellos medios con un espíritu íntegro.

Conozco a periodistas que han llegado a decirme que “la gente” no merece saber ciertas cosas porque “no podrían entenderlo” pero, ¿a juicio de quién? A un periodista no debería considerársele políticamente incorrecto, sino un periodista como tal si no se ajusta a una escala de valores subjetiva o impuesta por una sociedad. ¿Por qué habría que ocultar cierta información? ¿Cómo es posible que haya información ofensiva? Puede hacer daño la manipulación, la tergiversación, lo incierto, pero, ¿la verdad? ¿Lo real? ¿Lo que se expone guardando un respeto y una profesionalidad? ¿Lo que se difunde con intención académica o para fomentar la sana investigación? Esto daría pie a un debate…

En cierta manera tener claro esto te cierra las puertas de determinados medios.

Sí, y también nos abre las puertas a otros que sí serían dignos de la persona que predique estos valores, ¿no cree, Javier? [Risas]. Quiero expresar algo positivo; de los pocos años que tengo puedo decir con propiedad que siempre habrá un hueco para cada uno de nosotros. Las críticas y los ataques son lo más ruidoso, y por tanto parece que van a fustigarnos siempre, pero conforme pasa el tiempo y se van acumulando experiencias eso empequeñece y deja de afectar tanto como al principio. Es mejor quedarse con aquello que suma, que respeta, que construye y que te permite ser fiel a ti mismo. El periodismo también posee una ética y un código moral. Y con eso no se puede comerciar.

La información es algo muy necesario, y tratarla exige una responsabilidad de dimensiones mayúsculas. Personalmente, creo que no hay nada más gratificante que acostarse cada noche sabiendo que has dado lo mejor de ti al mundo, manteniéndote firme en tus principios. La dignidad, los valores, nuestra esencia: eso no tiene precio.

Usted escribe en diferentes webs, hace radio, vídeo...

Lamentablemente he aprendido poco o casi nada en academias, escuelas o la Universidad referente a temas periodísticos o del entorno digital. No tengo ninguna intención de que suene presuntuoso; yo misma, desinteresadamente, he cedido material y he realizado charlas informativas para otros estudiantes, pero precisamente el haberme formado desde un principio en todo esto, y el ejercicio personal me han ayudado en tiempo récord a adquirir la maña necesaria para encontrarme cómoda en un formato u otro. Incluso me han concedido premios por mi primer blog. No había terminado el instituto siquiera.

Pienso que no sólo hay que dominar la parte técnica, sino la creativa. Y aunque lo primero puede encontrarse en manuales, lo segundo exige de ingenio y personalidad. Es más complicado buscar algo que nos inspire o que nos ayude a gestionarlo de manera limpia y ordenada, y se puede caer en el error de descuidarlo, algo poco conveniente porque el estilo dice mucho de una publicación: ¿qué queremos transmitir al lector/oyente? ¿Y cómo? ¿Cuál es la mejor manera de mantenernos fieles a lo objetivo y a la vez, seguir conservando el interés del público? La recepción de la información no siempre es sencilla, y más cuando se manejan demasiados datos. En nuestra mente todo puede contar con una cohesión contundente, pero otro gran reto es el de verbalizarlo… Ahí el periodista o comunicador debe hacer uso de sus recursos. Unos, se llevan innatos en la forma de ser. Otros requieren de muchísimos años de estudio y práctica… Y no todos pueden aprenderse.

Además, y desviándonos un poco del tema, vivimos en la era de Internet donde sí o sí la Red de Redes es una puerta a un mundo muy diferente al físico.

Gracias a todos esos años de trabajo autodidacta no sólo soy independiente para muchas cosas, sino que he podido acceder a puestos que, de lo contrario, habrían estado muy lejos de mí.

Igualmente está especializada en locución y doblaje.

Una espinita que tenía clavada y, al poco de cumplir la mayoría de edad busqué cómo formarme profesionalmente. Hice trampa: no empecé de cero. A mis dieciséis años ya había empezado a entrenarme en la locución, guionizando sola programas de radio, y expresándome en plataformas como iVoox.

Tanto la locución como el doblaje requieren de experiencia. Hay unas pautas, un estudio, unos ejercicios de respiración y demás, pero la práctica ayuda a dar forma al asunto, como todo.

Y muy importante: no rendirse y no definirse en base a la opinión que se reciba de un grupo o centro. Me he encontrado con profesores que me han alabado y con otros que me han insistido en que mejor no comparta mi voz con el mundo. Mi consejo es: conócete, trabaja duro y no pongas barreras a tus metas, porque ya habrá quien quiera limitarte. Es imposible ser perfecto, es imposible que todo lo que nos guste se nos dé bien, pero de ahí a no moverse, a no intentarlo, hay un abismo de diferencia.

Y también toca el mundo editorial.

Otro de mis sueños de la infancia: la escritura. Recuerdo que siempre he confeccionado poesías desde niña, y libros. Aunque no se publicaban oficialmente, no iban más allá de Internet, yo seguía redactando y creando por pura diversión y, más adelante, por ir afinando las habilidades literarias. Mi familia siempre me regalaba libros de niña, a los pocos días escuchaban mi opinión al respecto y las expresiones que había aprendido, además de las que se me enseñaban.

En bachillerato y parte de la secundaria me pagué los libros gracias a los premios que obtuve en concursos literarios. Aunque no era una cifra muy elevada, suponían un buen complemento junto con las becas. Al margen del dinero, gracias al trabajo personal no me supone ningún esfuerzo acogerme a cualquiera de las destrezas comunicativas. De todas formas Javier, le digo esto en voz baja porque nunca dejamos de aprender. Tanto tiempo por delante, ¡y tanto por leer y escribir…!

¿Qué supuso para usted participar en el libro Pandemia contra España?

Una gran oportunidad en la que poder expresarme sin censura alguna, siendo yo misma, aportando de manera sintetizada uno de los muchos temas que pueden tratarse al respecto más allá de lo que los medios convencionales visibilizan. A lo largo de estos meses y por si me quedaba alguna duda, he podido ver con mis propios ojos hasta qué punto asfixia la censura a quienes distan de la versión oficial o hacen preguntas incómodas.

Que el formato fuese un libro también me pareció un acierto. Lo tradicional tiene sus inconvenientes, pero también sus ventajas; en esta era cibernética donde todo puede desaparecer a golpe de click, nada mejor que un libro el cual puedes llevártelo a todas partes sin necesidad de WiFi o baterías.

Por otro lado, creo que actualmente resulta más necesario que nunca realizar aportes disidentes en temas tan significativos como es el COVID19, el cual –dicho sea de paso- se habría impuesto como si de una ideología se tratase. No lo digo sólo por las disputas médicas tan radicales, sino por otros aspectos que no habrían sido debidamente tratados en público y que también habrían consumido al país en tiempo récord… En definitiva, un libro que, conforme se lee, nos hace preguntarnos si ha sido peor el remedio que la enfermedad. Si reflexionamos un poco, podemos respondernos.

También es filóloga y profesora de ELE... ¿Cómo valora la ley Celaá?

Esta pregunta es complicada para ofrecer una respuesta breve… [Pensativa].

Un paso más hacia la Agenda 2030, ese plan de acción que disfrazaría una masacre mundial como avance si nos detenemos a analizarla bien y a sopesar las condiciones en la que nos encontramos, y de atacar al español.

Por otro lado, la cultura, la libertad y los valores como propiamente conocemos estarían relegados a un segundo plano, a un papel inexistente calificado de opresor. Me llama la atención que quienes promueven este tipo de educación se cuidarían de que sus hijos la recibiesen, inscribiéndoles en colegios elitistas con un plan académico que dista bastante de lo que ellos predican como “necesario para el progreso”.

Sin duda, una polémica ley que ha suscitado quejas de muchísimas familias, las cuales se sienten impotentes ante el silencio de sus necesidades.

¿Qué valoración haría hasta ahora de su trayectoria profesional?

[Pensativa] ¡No sabría qué contestar! Me considero una persona inquieta y vehemente, y cuando realizo una autocrítica nunca me quedo satisfecha o considero que sea suficiente. Sí que puedo garantizarte que no ha sido un camino fácil… Ya no por el periodismo en sí, sino por la forma de pensar. Un pensamiento independiente supone un enemigo abatir en el día a día: escuelas, puestos de trabajo, grupos sociales etc.

No dejo de pensar en que siempre se puede hacer un poco más, pero egoístamente te confieso que, en la actualidad, me siento extremadamente feliz, y lo que más me llena de alegría es saber que aún quedan grandes cosas por vivir; un undo allá fuera en el que, por muy viperino que sea, siempre hay oportunidades para imponerse ante la oscuridad.

He conseguido muchas cosas que mi yo de niña anhelaba e incluso pensaba que jamás lograría. Espero mantenerme en el camino adecuado para no defraudarla.