¡Qué alegría tan inmensa,

qué gozo ya celestial

ver a Cristo ascender,

ascender a los Cielos

sabiendo que ha de volver

con su corona de Rey!

 

Nosotros no lo hemos visto,

mas lo vieron los Apóstoles

cuyos ojos fidedignos

ojos son de nuestra Fe.

 

¡Qué alegría tan inmensa,

qué gozo ya celestial

ver a Cristo ascender,

ascender a los Cielos

sabiendo que allí va

a preparar nuestra eterna morada!

 

Un coro de ángeles lo corteja

en su Ascensión hacia el Paraíso

donde lo espera su asiento

a la derecha del Padre.

Tan sólo nos separa

un poco de tiempo de Él

(un poco, sí, pues el tiempo

un suspiro es en la eternidad).

Orar y obrar debemos

como Él nos enseñó

sabiendo que si lo hacemos

su amor que todo lo alcanza

al Cielo nos llevará.

 

¡Qué alegría tan inmensa,

qué gozo ya celestial:

Nuestro Señor que a la tierra

a redimirnos bajó

asciende ahora a los Cielos

dejándonos la promesa

de que un día sobre las nubes

triunfante volverá!