Nos hemos puesto en contacto con el sacerdote de la parroquia desaparecida por el volcán, D. Alberto Hernández Felipe, párroco de San Pío X de Todoque, que nos cuenta sus impresiones de cómo vivió esos momentos dramáticos.

Tras la irrupción por sorpresa del volcán, ¿cómo fue el proceso para salvar todo de la parroquia con cierta urgencia?

El día siguiente a la erupción, las autoridades me advirtieron de que el probable recorrido de la lava podría afectar al barrio de Todoque. Consulté si les parecía conveniente que procediésemos a una evacuación preventiva e inmediatamente se pusieron a disposición de la Parroquia los operarios del ayuntamiento. Pudieron ponerse a salvo el Sagrario, las imágenes, los sitios litúrgicos (altar, ambón, sede…), la mayoría de los bancos, los ornamentos y vasos sagrados, los manteles y otros lienzos, algunos cuadros, candelabros… Todo lo que podía transportarse y cabía en los camiones. Por detrás quedó el retablo, las campanas, material de catequesis, la megafonía; pero había que hacer una opción y decidimos sobre la marcha lo que nos pareció prioritario sacar del Templo.

¿Sintieron la impotencia de ver cómo la lava venía y engullía literalmente la parroquia...?

Como todos los vecinos afectados, y la inmensa mayoría de quienes han vistos las imágenes por televisión, ante la fuerza de la colada todos nos sentimos impotentes. Con el Templo parroquial ha ocurrido lo que con las viviendas de más de 600 familias. Como el resto de las edificaciones del entorno ha sido derribado, pues la lava que ha dejado tanta destrucción y dolor a su paso.

Pero a la vez un símbolo de que nada en este mundo es plenamente estable...

Sin duda, estos acontecimientos nos invitan a contemplar el misterio de la fragilidad. Somos vulnerables, pequeños ante fuerzas que no podemos controlar, insignificantes ante una gigantesca masa de piedra incandescente. Muchas personas afectadas hacen estos días la misma reflexión: para qué preocuparnos tanto en la vida por “las cosas”, dejando muchas veces de cuidar las relaciones humanas, permitiendo que el trabajo nos acapare el tiempo, cuando lo importante no es lo material.

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¿Cuáles fueron sus principales recuerdos en la parroquia?

A lo largo de los más de doce años que llevo al servicio de la Parroquia de San Pío X, son muchos los recuerdos que guardo de lo vivido entre aquellos muros. Cuando cerraba la puerta y pensaba que, quizás, podía ser por última vez, me emocionaba recordando los rostros de las personas que en aquel espacio han vivido y celebrado su fe. Gente buena, sencilla, trabajadora. Hombres y mujeres, pequeños y mayores, que han encontrado en la iglesia parroquial un espacio de formación, de encuentro con Dios y con los hermanos. En ellos pensaba entonces y pienso ahora.

Y ahora la vida sigue y deben ayudar a los que han perdido todo....

En esos primeros momentos, cuando la erupción aún no ha cesado y la destrucción sigue avanzando, nos corresponde como comunidad cristiana estar lo más cerca posible de quienes más necesitan de nuestro apoyo y solidaridad. “Lo tenían todo en común” es ese versículo de Hechos de los Apóstoles, referido a la primera comunidad, que esto días viene una y otra vez a nuestro corazón. Es el momento (y tenemos una oportunidad única para ello) de hacer efectivo cuanto esto significa… y veo que lo vamos haciendo, gracias a Dios. La solidaridad de tantos está haciendo posible llegar a la necesidad concreta de muchos vecinos para recordarles que nos importan y que pensamos en ellos.

¿Cómo está siendo la solidaridad entre parroquianos?

Quienes se han visto afectados, al menos en lo que he tenido la oportunidad de comprobar, se animan unos a otros. Los que no han sufrido pérdidas materiales, se vuelcan en acompañar y proveer de lo más necesario a quienes están desplazados de sus hogares. Muchos han abierto las puertas de sus casas a otros vecinos o han puesto a su disposición, desinteresadamente, una segunda vivienda o su casa de veraneo. La solidaridad se palpa en el ambiente y es, quizás, la más bonita experiencia que nos deja esta tragedia.

¿Y a nivel de Cáritas?

Cáritas Diocesana fue de las primeras instituciones en abrir una cuenta específica para los damnificados por el Volcán. Desde el primer momento ha estado a disposición de las autoridades para colaborar en lo que fuera necesario. Y ahora está articulando el modo en el que la ayuda puede llegar del modo más eficaz a los afectados.

¿Qué tipo de ayuda necesitan más?

Los organismos públicos, con la colaboración de muchos particulares y empresas, han organizado de forma muy eficaz la ayuda inmediata tras la evacuación de los vecinos y hasta el momento siguen realizando una valiosa labor en este sentido: alimentación, ropa, productos de higiene… son necesidades cubiertas. La ayuda más necesaria, a corto y medio plazo, es la económica. Pronto muchas personas necesitarán buscar un nuevo espacio en el que recuperar su “hogar”, para ello tendrán que hacer frente al gasto de un alquiler (con el que no contaban). Muchas personas, sobre todo mayores, disponen de pensiones muy pequeñas, algunas no contributivas, con las que les será muy difícil afrontar esta nueva situación. Por ello, en los próximos meses, creemos que la principal demanda de los afectados tendrá que ver con esas ayudas para el alquiler.

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