El año 2020, según recoge elmundo.es (12/11/2021), se cerró con 3.941 muertes, una cifra jamás alcanzada desde que hay registros (1906). Hablamos de la primera causa de muerte no natural en España. El suicidio consumado casi triplica (2,7) por primera vez los muertos por accidente de tráfico, 13,6 veces más muertos que los homicidios y 90 veces más fallecidos que la violencia de género.

Unas 11 personas cada día se quitan la vida en España, hecho que ocurre cada poco más de dos horas. Una lacra social dejada de la mano de Dios, ¿tal vez porque un 75% de los suicidios sean hombres, esto es, 3 de cada 4?

En España, los hombres (2.930) se suicidan tres veces más que las mujeres (1.011). El suicidio en mayores de 80 años (548) ha subido un 20% y ha crecido el doble en menores de 15 años, la primera vez que se suicidan 14 chicas y chicos: 7 en 2019 y 14 en 2020.

Del suicidio sí conocemos que está sujeto a factores de riesgo y a factores de prevención, estando cada persona sometida a la acción de ambos en su conjunto. La Industria Nacional de la Violencia de Género española se muestra como un efectivo y directo factor que está acabando con la vida de más de 1.000 hombres cada año en España -y estamos manejando datos muy a la baja-.

De los 2.930 hombres suicidados en 2020, 8 suicidios masculinos cada día. Si estimamos que un 35% lo hacen por el conjunto de factores asociados al feminismo Made in Spain, 1.025 hombres, (2,8), casi tres cada día se quitan la vida debido a la presión insostenible y creciente que sobre su dolorosa existencia ejerce una jurisprudencia feminazi redactada para castigar y dañar a los varones, denunciados en un 90% falsamente, retenidos en calabozos y llevados a un  Juzgado sólo para Mujeres o Juzgado de Género en donde se aplica con rigor una Ley de Género que da como resultado una Sentencia de Género, sentencias de corta y pega, porque todos los hombres son maltratadores y merecen dura pena.

Si la cohesión social, y en ella especialmente la familia natural es un factor de protección frente al suicidio, las políticas anti familia y anti natalidad, tan características del “feminismo” español, que ni es feminismo ni nada, están alentando el suicidio masculino. En esto, el régimen feminazi de género, un endemismo español, tiene su especialidad en eliminar varones heterosexuales nativos del país que se suicidan debido al maltrato que sobre ellos ejerce de forma sostenida y creciente ese Poder Ejecutivo que se viene turnando en España desde Zapatero, allá por el feminista año 2004.

Ese 35% es un factor de riesgo de caer en suicidio si eres varón es característico de España y podemos titularlo como “incidencia directa de las políticas inconstitucionales de género en España en las muertes de varones heterosexuales nativos del país”. Nuestra insistencia en lo de varones heterosexuales nativos se debe a que los extranjeros tienen otro tratamiento informativo en los medios (des)informativos de género y un reproche penal suavizado por su condición de persona vulnerables, es decir inmigrante como futuro votante agradecido que pagamos todos.

Estas muertes, consumadas por el efecto directo de políticas insociales o feministas que el Poder Ejecutivo mantiene y sostiene, buscando en exclusiva una rentabilidad electoral, la de un clientelismo que vive y trabaja en una Industria Nacional de Género con la garantía del Estado, son crímenes de lesa humanidad contemplados en los artículos 5, 6 y 7 del Estatuto de Roma, instrumento de la Corte Penal Internacional sita en La Haya.

De manera que mantenemos y sostenemos que cualquier hombre suicidado que deje escrita la causa de su suicidio y la refiera al maltrato estructural de género que opera en España, es un asesinato de Estado susceptible de ser objeto de demanda penal frente a la citada Corte Penal Internacional como crimen de lesa humanidad al haber sido perseguido, hostigado e inducido al suicido por razón exclusiva de su sexo, por pertenencia a un grupo social concreto, el de los varones heterosexuales españoles.