Ayer me quedé hundido cuando vi en la prensa las esquelas del Profesor Doctor Don Rafael Navarro Linares, un gran científico e investigador de la Universidad de Zaragoza, recientemente jubilado, pero que, obviamente, seguía en activo…

Desconocía su enfermedad, y la verdad es que lo he sentido mucho.

Mi más sentido pésame para todos sus seres queridos, y especialmente a la propia Mater universitaria, que ha perdido a uno de sus miembros más preclaros y sobresalientes.

Yo soy de letras, y ya se sabe que los de letras tenemos una gran incapacidad para las ciencias, por lo menos en mi caso. Carezco, pues, de conocimientos para loar su gran obra, pero sí me adhiero a lo que dice la esquela del Departamento de Ciencia y Tecnología de Materiales y Fluidos:

“Manifestamos el reconocimiento por su dedicación y entrega en su dilatada trayectoria como Profesor y Maestro de Investigadores, así como por su ejemplar compromiso con la Universidad”.

De ese compromiso puedo dar fe, como Profesor expedientado disciplinariamente, en su día, allá por 1997, siendo él nombrado Instructor del expediente, por orden del rector Badiola, por presuntas falsas muy graves y graves.

El “Heraldo de Aragón”, 125 años al servicio del poder, se hizo eco de la “noticia”, un domingo, y en página impar, que son las que más se leen, creo recordar que la página 7, y dedicándome la totalidad de la página.

La “notitia criminis” se divulgó rápidamente por la ciudad y por todo Aragón, y llegó hasta mi pueblo natal, y todo el mundo cuchicheaba a mi paso, y a las espaldas, como es tradicional en esta tierra nuestra.

Yo tenía la conciencia tranquila, y sabía que no había hecho nada reprochable, por lo que procedí a defenderme como buenamente pude.

Desconfiaba del Instructor, pues era una persona sin conocimientos jurídicos, por lo menos aparentemente, al ser de Ciencias, si bien es cierto que la Universidad había designado un Secretario, en la persona de un profesor titular de derecho administrativo, pero al ser don Rafael el Decano del Centro Politécnico Superior, o Director de Departamento, no lo recuerdo con certeza, miembro por tanto de la Junta de Gobierno de la Universidad, etc., pensaba que todo jugaba en mi contra…

Pero no fue así.

Don Rafael me demostró ser una persona ecuánime, que rápidamente se dio cuenta de que todo era un montaje, orquestado por la dirección del centro, con la ayuda de un grupo de alumnos a los que yo había suspendido previamente, dada su falta de conocimientos…, y que aspiraban a que les regalasen el aprobado, o les examinase otro profesor, más blando y diletante.

Presenté numerosos documentos acreditativos de la situación de enfrentamiento con la dirección del centro, e incluso con el propio rectorado, se tomó declaración a una parte de los alumnos quejosos, elegidos al azar, etc., y el Instructor concluyó el expediente disciplinario dictando una resolución en la que decía que no había cometido infracción alguna, ni muy grave, ni grave, ni siquiera leve.

Y aquí paz y después gloria, o al menos eso creía yo, pues el rector Badiola “optó” por no renovarme el contrato, sujeto al derecho administrativo, por aquel entonces, como Profesor Asociado a Tiempo Completo.

(Excluyo decirles que el “Heraldo de Aragón” nunca rectificó su información inicial, y nunca ha publicado que ese expediente disciplinario quedó en agua de borrajas, al ser todo él un burdo montaje).

Pero esa es ya otra historia.

Es la historia de la infamia, pero creo que hay personas que ni siquiera merecen pasar a la historia, y por eso no voy a hablar de ellas, pues no merece la pena.

Son excrementos que periódicamente produce nuestra sociedad, y que no requieren mayor atención.

Como muy bien dice el ilustre catedrático don Santiago Molina García en el prólogo de mi libro “Estudios Universitarios en Aragón” :

“En la Universidad de Zaragoza se hizo con el poder un grupo de presión integrado por profesores del partido comunista y socialista, junto con sindicalistas de Comisiones Obreras y de la Unión General de Trabajadores, denominado Colectivo…

Hay un ejemplo paradigmático de hasta donde llegó ese sectarismo endogámico e ideológico en la contratación del profesorado, que es el de la Escuela Universitaria de Estudios Sociales /actualmente Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo)…

La politizada situación de dicha Escuela Universitaria en sus inicios la conoce mucho mejor que yo Ramiro Grau…

Pienso que si él no ha querido relatarla a lo largo de las páginas de este importante libro que estoy prologando, no debo hacerlo yo…”

(Grau Editores, Zaragoza, 2020, págs. 10 y 11).

En definitiva, don Rafael Navarro Linares no solo ha sido un universitario ejemplar, sino una buena persona, que no se quiso vender por un vicerrectorado, o cualquier otra gabela que hubiera podido obtener de acceder a cortarme la cabeza.

Descanse en paz.

Siempre le recordaré con afecto y gratitud.

Mi más sentido pésame a toda la comunidad universitaria, que ha perdido a uno de los mejores.