Ni Al Qaeda. Ni Eta. Ni servicios secretos marroquíes. O franceses. Ni cloacas nacionales vinculadas al PSOE. Hipótesis dizque verosímiles, pero todas ellas falsas. Nuestras obturadas mentes se ciñeron a España. Días convulsos, elecciones cercanas, vuelco electoral. Izquierdas y derechas nacionales acusándose mutuamente de mentir y manipular. Ambas lo hicieron a mansalva. La vaina trascendía ampliamente nuestros confines patrios. Turbios asuntos de mayores, no aptos para niños. Letales geoestrategias.

Un atentado de falsa bandera, servicios secretos de la OTAN, países europeos debiendo apoyar con mayor entusiasmo la "cruzada contra el terror", verbigracia, el siniestro plan de invasión de países de Oriente Medio desvelado inauditamente por el general Wesley Clark. Ganase Zapatero o Rajoy, irrelevante. Quien debía ganar en noviembre de 2004 era Bush II.

Versión oficial, colosal farsa

Toda la versión oficial, narcótica patraña. Togados, fiscalía, maderos, al servicio de una mayúscula mentira. Primera e imprescindible labor. Destruir las pruebas veraces que pudiesen alumbrar la genuina autoría del crimen. Segunda labor, creación de pruebas falsas. En nuestro caso, islamizar el atentado, implicar a los moros, Trashorras dixit. Nada nuevo bajo el sol, aclara el Eclesiastés. Grandes trolas, ocultación de pruebas, presentación de otras falsas, algo sólo está al alcance de una formidable organización criminal, tan grandiosa como la OTAN, con o sin connivencias de nuestro Estado más profundo.

OTAN, bases

La hipótesis de la autoría de la OTAN, tan probable, mirada desprejuiciada de por medio, obvio. La OTAN posee cuatro bases militares en nuestra patria. Llámenle invasión. Zonas negras más allá de la jurisdicción española. Las peanas yanquis, perfectas para diseñar cualquier logística criminal. El 11-M, por supuesto. Si a eso le agregamos la infiltración incesante por parte de los servicios secretos americanos en el aparato del Estado español, al menos desde los años cincuenta del pasado siglo, el hilo pespuntea. Los delegados de la CIA, y también los del Mossad israelí, en la sede del CNI, como Pedro por su casa.

OTAN, Gladio

De la intrínseca maldad de la OTAN, qué más decir. En sus facetas visibles e invisibles. Me interesa esta última. La Red Gladio, desde luego. Falsas banderas, estrategia de la tensión. Italia, laboratorio y paradigma setentero. Atentados falsamente atribuidos a anarquistas o comunistas, con la imprescindible colaboración de la extrema derecha de cada país para forjar un sentimiento de rechazo hacia esos movimientos políticos. Plaza Fontana en 1969 en Milán, o la estación de trenes de Bolonia en 1980. En nuestra patria, la barcelonesa discoteca Scala, desactivando definitivamente el anarcosindicalismo español, tan poco partidario de los Pactos de la Moncloa.

OTAN, enemigos manufacturados

Antecedentes, horripilantes. Pero nadie nos dijo que la Red Gladio se hubiese eclipsado del todo. Tras el derrumbe del muro berlinés, nuevas paranoias, nuevos enemigos. Antes rojos, ahora con chilaba. Como atestiguó el antedicho Wesley Clark, la guerra de Irak del 2003 solo era la primera etapa de un plan de ocupación de siete países de Oriente Medio en el intervalo de un lustro: Iraq, más tarde Siria, Líbano, Libia, Sudan, Somalia e Irán. Faltaba tan solo una mayor y fervorosa implicación de las naciones europeas, algo reacias y dubitativas. El 11-M, una brutal forma de persuadir a las pastueñas opiniones públicas de la imperiosa necesidad de marcar paquete, cortocircuitar (falsas) amenazas y reconfigurar concluyentemente la cartografía de Oriente Medio.

Indicios, camino de pruebas

Pero vistos los antecedentes, motivaciones y logística disponible en nuestro suelo patrio, ¿qué más debemos añadir? Pues, indicios, probatorios posiblemente, francamente turbadores. Uno. Una fotografía de la bolsa-bomba que aparece en la cadena estadounidense ABC sin que nadie explique nunca quien la tomó ni porqué salió en esta cadena. Foto que tuvo un papel muy relevante, ya que hasta que no se publicó se dudaba incluso de la existencia de esa rarísima bolsa-bomba aparecida súbita e inexplicablemente en la comisaría de Puente de Vallecas. Dos Una huella en la furgoneta atribuida durante un tiempo a Brandon Mayfield, picapleitos estadounidense, ex-miembro de una unidad de inteligencia del ejército. Tres. Un avión envuelto en los vuelos secretos de la CIA que despega de Mallorca a toda hostia un día después del atentado. Cuatro. Sin querer, imagino, ni Titadyne ni Goma 2-Eco, el jefe de los desactivadores de bombas de Madrid mencionó en su día el explosivo de uso militar C4.

Y, sobre todo, cinco. Una casualidad rarísima, simulacro de atentados, organizado el día anterior por la OTAN en toda Europa. Este simulacro de crisis, titulado CMX04, se prolongó del 4 al 10 de marzo y su “similitud con lo sucedido en Madrid era escalofriante y ha impresionado a los diplomáticos, militares y servicios de Inteligencia que participaron”. Recordemos que el antiguo miembro de las alcantarillas yanquis Eric H. May, afirmó en su día que “la manera más simple de hacer un atentado bajo bandera falsa consiste en organizar un ejercicio militar que simule exactamente el atentado que se quiere cometer".

Hacia la dictadura global, psicosis como coartadas

Hace dieciséis años los españoles fuimos víctimas de nuestra congénita endogamia y pequeñez de miras. Casi doscientas víctimas, daños colaterales. El 11 de marzo debimos mirar más allá de nuestras cada vez más cuarteadas fronteras, tanto interiores como exteriores, para vislumbrar mínimamente por qué a los españoles nos resulta cada vez más difícil construirnos como una nación de ciudadanos libres e iguales. No lo fuimos en ningún momento de nuestra historia. Ni lo seremos jamás.

Tras la paranoia antiterrorista, manan las paranoias médicas. Todas globales, burdos pretextos para la dictadura planetaria en ciernes. Nuevo rostros dizque víricos para desterrar los últimos fragmentos de libertad que aún nos pudiesen quedar. En fin.