El partido nacionalista griego Amanecer Dorado, habitualmente calificado como “neonazi” por los medios, aunque nunca haya tenido intenciones de invadir Grecia como hizo Hitler en 1941, ha sido en la práctica eliminado por orden judicial. Una sentencia ha condenado a su cúpula y a varios ex parlamentarios, definiendo además explícitamente el partido como “organización criminal” y culminando de esta manera varios años de persecuciones y “cordón sanitario” por parte de los medios, el aparato judicial y la política.

El principal pretexto de esta condena torticera es el asesinato del rapero “antifa” Pavlos Fyssas por un militante ocurrido en 2013; junto a otros casos menos graves de agresiones, la justicia ha atribuido al partido y en particular a sus dirigentes la responsabilidad de estos episodios. El más grave de estos, la muerte de Fyssas, tuvo lugar tras una pelea de bar. Evidentemente, responsabilizar a la dirección del partido es como decir que el responsable del delito, cabreado tras la pelea de bar llamó a sus jefes y estos, tras consultarlo con las altas esferas, le ordenaron: ¡mátalo!

Ni el malo de las películas de 007 llevaba así su organización. Este es el nivel de la justicia, de los medios y de los que fingen creer que se ha hecho justicia. Aunque naturalmente es inútil insistir demasiado sobre lo que es obvio: todos saben que esta es una sentencia política, para quitar de en medio una fuerza política que tenían y tienen atragantada los que de verdad mandan. La jueza ha hecho bien su trabajo de guillotina política usando medios judiciales y seguramente será recompensada.

Es casi superfluo recordar que, después de siete años, sigue quedando impune el asesinato de dos militantes de Amanecer Dorado en 2013; no tras una pelea de bar sino a sangre fría y con una profesionalidad dudosamente al alcance de antifas y perroflautas griegos. Detrás de esta advertencia mafiosa sí que hubo una orden y una organización criminal, que por supuesto no veremos ilegalizada. Porque con toda probabilidad es la misma organización criminal que hay tras la guillotina judicial, los medios conformistas y la farsa de los partidos democráticamente correctos.

Por lo demás las sentencias torticeras y con doble vara de medir las conocemos muy bien en España, donde jóvenes patriotas han sido condenados por acciones poco menos que insignificantes, sobre todo en comparación con las habituales prácticas de intimidación y agresión cobarde de la izquierda y la anti-España.

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Para tocar con mano el carácter político de la cochinada judicial griega basta con ver las reacciones: la repugnante alegría que se palpa leyendo la prensa basura escrita por los varios lacayos juntaletras; la inmunda satisfacción con la que miles de “antifascistas” en la calle han celebrado que la justicia les haga el trabajo sucio; el regocijo de los portavoces de Amnistía Internacional, organización cuya asquerosa idea fija es defender el inexistente “derecho” de los inmigrantes ilegales a invadir Europa, mientras les niega a los europeos el derecho, auténtico e inalienable, de defender sus fronteras de la invasión.

En una palabra, lo sucedido en Grecia es un triunfo de la Europa degenerada y muerta, de los enemigos de Europa: el esbirro judicial quita de en medio al partido que defendía la tradición y la identidad griega; en su espacio territorial y cultural, la tradición y la identidad europea. Porque la lucha de Amanecer Dorado por Grecia es la de todos nosotros, que cada uno ha de llevar a cabo en su propio ámbito.

Esta sentencia es también una advertencia: cada vez tenéis la cadena más corta y os vigilamos; si os oponéis de verdad a nuestros proyectos de invasión migratoria de Europa, a la basura que vomitan los lobbies LGTB, a la degeneración social, os echaremos de la política por las buenas o por las malas.

Grecia ha sido el primer país donde la farsa democrática ha tenido que quitarse la careta de manera tan clara. Pero la ni conciencia ni el espíritu de rebeldía de los mejores europeos pueden ser sofocados por una sentencia judicial. La misma indecencia de este episodio debería servir de revulsivo y abrir los ojos, fomentar la revuelta y la repulsa, la negación de legitimidad a estas élites traidoras o más bien anti-élites; ellas son las que manejan la verdadera organización criminal que busca la destrucción de nuestra civilización.