El pasado sábado 13 en Callao, a las 20,20, nos juntamos sin respetar ninguna distancia y por supuesto, sin llevar ningún bozal. El que lo que lo quiso llevar, libérrimo. Los que pasamos de bozales, na de na. Besos y abrazos a gogó. Gentes pluralísimas que coincidían, esencialmente, en algo: no se creían un puto pijo de todo lo que nos están contando.

Sobre todo dijimos NO. Non serviam. Lemas variados. Contra geoingeniería, vacunas obligatorias y 5-G. Sánchez, marioneta del nuevo orden mundial. El acojonavirus para tenernos controladitos y sumisos. Y sobre todo, contra Soros, genocida de manual. Y el master of commander, Bill Gates.

Soros, muy malo

Fíjense, qué dos inicios más memorables. Soros, soplón, colabora con los nazis en la Hungría ocupada, 1944. Su delación conduce a decenas a Auschwitz. De paso, roba, al alimón con los alemanes, las propiedades de los judíos húngaros. Pero lo del colega Gates es, también, de traca. Otro puto ladrón. En este caso de ideas. Humanamente basura, intelectualmente purita mediocridad. ¿Genio? Genio del plagio, claro. Un vulgar raterillo.

Gates, peor

William Henry Gates III, dinastías mierderas. Este genocida, nacido en Seattle, desde el principio, un puto zumbado, déspota que explotaba despiadadamente a sus empleados, con una agudísima neurosis a rastras y un pésimo trato hacia todo aquel que lo rodeaba.

Archimillonario con sus payasadas tecnológicas, gracias a devenir robador y plagiador de ideas y proyectos desarrollados por amigos que curraban con la compañía rival, Apple, dirigida a la sazón por el difunto Steve Jobs. Esencialmente, sus dos grandes trinques: MS-DOS y todo lo vinculado al entorno e interfaces gráficas.

Y, desde hace un tiempo, este siniestro ladronzuelo, se nos hace vacunador. Revienta. O no camines. En fin.

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