He de confesar que no conocí a esta mujer ni nunca tuve el menor diálogo con ella; sin embargo no me cuesta ningún trabajo declarar que, desde el principio, y sabiendo que era la hija de un fusilado en el Régimen franquista, acusado de espía, terrorista o no sé cuantas cosas  más, veremos si la historia nos dice la verdad de lo que pasó-, me sentí  identificado con su historia. Y es más a última hora, me entero de que vivía en Madrid, que tenía un hijo y que mantenía amistad con algunos camaradas. Yo, supe de su existencia a través de un falangista canario que me dio hasta su teléfono. Quería llamarla cuando pasara la fiesta de Santiago, pero lamentablemente he llegado tarde.

 Me pasa muchas veces; con tristeza observo que el asunto por el que me intereso, ha periclitado. En fin, son cosas de la vida que nadie puede evitar, pero quede constancia de que abogo por un reconocimiento a esa mujer que, aun a muchos años de su vida, guardaba una vocación falangista. Sé, porque me lo apuntan, que tenía una alta consideración de camaradas como Narciso Perales, a quien distinguía por su probada fidelidad a José Antonio.

No recuerdo si a Celia  se la ha tratado con el cariño que ella merece, pero a pesar de rodo,  sigo creyendo que una mujer como ella, que atendia un culto discreto y emotivo por su padre, y por eso a la Falange, es digna de un reconociiento general por parte de todos los falangistas, estén dónde estén, entre otras cosas porque  ya es tiempo de que nosotros honremos a los nuestros, y a las nuestras, con el respeto y la gratitud de que soh acreedores. De ahí mi recuerdo tambilen a Caros Batres, tampoco lo conocí, no imorta, iene mi honda esimación.