Chavea de 14 años, Miranda de Ebro. La localidad burgalesa, vuelta de tuerca del horror policial. Un zurullo humano, vestido de agente, casca su rodilla encima de la cabeza del niño, tratando de inmovilizarlo. La gente, - incluso los más covidianos, acojonado y alucinados- profiere gritos. En mi caso, confirmación de lo sabido. Sádica basura, mi desprecio eterno.

Desprecio eterno a la policía            

Todo deviene locura y desproporción. Según parece, a falta de confirmación fehaciente, el adolescente fue requerido por la madera porque caminaba por la calle sin el puto bozal. "Suéltale, cabrón, abusador, abusadores, dejadle". "Es un menor, ¿no os da vergüenza?".

Y, por supuesto, este chavea no se parece en nada a George Floyd. Venga, ánimo, títeres de Soros. Las vidas de los adolescentes burgaleses también importan, por muy blanquitas que éstas sean. En fin.