El primer edil asegura que hoy mismo se ha encontrado en el municipio a gente que habitualmente vive fuera del pueblo y ha venido a pasar el fin de semana. “Creemos que habrá entre 600 y 800 personas más de lo habitual; muchos han venido temprano evitando las carreteras principales para eludir los controles por carreteras entre pueblos”, asegura a LA RAZÓN. Los cálculos los ha hecho basándose en las ventas de los supermercados del pueblo, que están generando un volumen similar al que registran en Semana Santa. La situación ya está produciendo conflictos y enfrentamientos entre los residentes habituales y los recién llegados que no respetan el confinamiento. “Es un pueblo pequeño en el que la gente sabe quién vive y quién no y los que no residen aquí se sienten señalados por los vecinos y a nosotros nos supone duplicar los servicios y no llegamos”, dice.

La situación es tan preocupante que el alcalde ha emitido “el bando más agresivo que hemos hecho nunca” de tal manera que sólo se permite salir a la calle de 9 a tres de la tarde. “Es como un toque de queda”, dice. A eso se unen otras medidas: las compras tienen que ser por un mínimo de 30 euros para evitar que la gente salga con frecuencia a comprar y los concejales llaman con frecuencia a los vecinos de mayor edad y el Ayuntamiento les lleva la compra a casa. Con todo y con eso, el alcalde asegura que muchas personas de edad que están pasándolo mal. “Ha habido casos en los que se han escapado de casa porque no entienden lo que pasa y ellos no se sienten tan débiles ni indefensos como realmente están frente a este mortífero virus”, dice Díaz.

FUENTE: https://www.larazon.es/madrid/20200328/qbqpfu6uqbdg3agh2cqzktnzle.html