Entrevista con Witold Dobrowolski, reportero gráfico, ganador del Grand Press Photo 2020. Ha cubierto la guerra en Ucrania, las protestas de los chalecos amarillos en París, la revolución en Beirut y las manifestaciones en Hong Kong.

 

Acudes a Minsk, capital de Bielorrusia, para cubrir el día de las elecciones.

Si, acudí a trabajar como fotógrafo, pero oficialmente entre en el país unos días antes de las elecciones como turista. Un periódico con el que colaboró envío a dos periodistas acreditados y se les negó la entrada en el país, y algunos colegas bielorrusos me recomendaron que no me acreditase. Pero una vez allí no pude trabajar porque era peligroso. Tanto con acreditación como sin ella la policía detenía a los periodistas en la calle. Estuve trabajando en Hong Kong, en Ucrania en 2014, en Beirut, y no había tenido esa sensación de peligro a la hora de trabajar.

 

El resultado electoral da de nuevo la victoria a Lukashenko con un porcentaje superior al 70%. ¿Es entonces cuando comienzan las manifestaciones?

Si, aunque ya había algunas protestas menores. Pero la gente se echa la calle masivamente cuando se anuncia la victoria con un 79%. Muchos esperaban un fraude electoral más razonable, por ejemplo, un 60% contra un 30% de la oposición, y el anuncio enfureció a la población. Creo que se trató de una provocación por parte del régimen.

 

Un resultado tan escandaloso, ¿no puede ser un síntoma de que Lukashenko se ha desconectado de la realidad tras estar tanto tiempo en el poder?

También es una posibilidad, y es cierto que ha perdido la noción de la realidad. La nación le odia, pero aún cuenta con el apoyo de todo el aparato del régimen que se beneficia de su gobierno (tres millones de personas sobre una población de nueve millones y medio). Sin embargo, la situación económica ha empeorado mucho, en parte debido al covid, y esto ha causado que muchas personas que nunca se han preocupado por la política se echen a la calle. Estas protestas no son prooccidentales, proeuropeas o prorusas, simplemente quieren acabar con el régimen y unas elecciones libres.

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¿Qué sucedió durante las manifestaciones?

La gente intento concentrarse pacíficamente en el centro de Minsk, pero allí se había desplegado una gran cantidad de unidades del ministerio del interior, OMON (policía antidisturbios) y de la milicia. Ante la llegada de los manifestantes, la policía cargó contra ellos con toda clase de material antidisturbios. Nunca he visto una actuación tan brutal, pero a la vez tan eficaz.  Debido a esta brutalidad, hubo incidentes en Minsk las tres noches siguientes, sobre todo por parte de gente joven de todo tipo que quería enfrentarse a la policía.

 

¿Fuiste arrestado durante los incidentes de esa noche?

No, fui arrestado al día siguiente. Me encontraba con un compañero fotógrafo, también polaco, e íbamos de camino a las protestas cuando una furgoneta de OMON se detuvo junto a nosotros. Nos pidieron la documentación y les dijimos que éramos turistas polacos. Nos metieron violentamente en el vehículo y perdí el conocimiento a causa de los golpes. Luego nos llevaron a un lugar desde el que nos trasladaron en camión a un cuartel de la milicia. Allí empezó la pesadilla.

 

¿Qué sucedió en el cuartel?

Nos gritaron para que saliéramos del camión y nos hicieron correr por el aparcamiento hasta un edificio. Junto a la entrada había una decena de policías con porras de metal que nos golpeaban según pasábamos a su lado. Una vez dentro vimos que se trataba de una cancha de baloncesto. En el interior había unas trescientas personas tumbadas en el suelo con las manos atadas a la espalda. Se oían gritos y golpes. Nos ordenaron echarnos al suelo y nos maniataron. Nos dijeron que si nos movíamos nos golpearían, pero lo cierto es que golpeaban a los detenidos sin motivo alguno.

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¿Cambio la actitud de los guardias cuando descubrieron que erais polacos?

Si, pero a peor. Registraron nuestras pertenencias y no les importó que fuéramos periodistas polacos, fue un motivo para golpearnos más. Nos llamaban anticomunistas y nos preguntaban quién ganó la segunda guerra mundial. Ninguna respuesta era buena y me golpearon otras dos veces.

 

¿Cuánto tiempo estuvisteis en el cuartel?

Estuvimos allí desde la ocho de la tarde hasta la una del mediodía del día siguiente. No nos dieron comida y solo pudimos ir una vez al baño. Durante la noche nos obligaron a ponernos de rodillas con la cabeza apoyada en el suelo y las manos atadas a la espalda. Era una posición incomoda y dolorosa, pero si te movías te golpeaban. Nos insultaban y nos decían que pidiéramos perdón por destruir la ciudad, algunos de los detenidos lo hicieron para poder cambiar de postura y dejar de recibir golpes. Nadie desafió a los guardias, todo el mundo estaba muy asustado. Esta tortura duró cinco horas. Por la mañana me acusaron de participar en las manifestaciones y me entregaron un documento para que lo firmara, les respondí que era mentira y me negué a firmar. También les pedí llamar a mi embajada, pero no nos dejaron contactar con nadie. Después, comenzaron a llevarnos de vuelta a los camiones. Fui uno de los últimos en salir de la cancha de baloncesto y me impresionó ver el suelo lleno de manchas de sangre. Nunca había visto nada igual.

 

¿A dónde os llevaron?

Los camiones nos llevaron a la prisión de Zhodzina, a cincuenta kilómetros de Minsk. Allí estuvimos unos dos días. Comparado con lo que habíamos vivido antes, la prisión era un paraíso. No nos golpearon, había comida y agua, y se podía ir al baño. Lo único malo era que la celda tenía seis camas y había veinticuatro presos. Intentaron presentar cargos en nuestra contra, pero les dijimos que no entendíamos nada de ruso y tuvimos la suerte de que no contaban con ningún interprete. Por esa razón, a las 72 horas de nuestra detención fuimos liberados. El exterior de la prisión estaba lleno de gente esperando por sus parientes encarcelados y también había personal de la embajada polaca, que se hizo cargo de nosotros. Al día siguiente nos subimos a un avión con destino a Varsovia.

 

El personal de la embajada, ¿estaba allí expresamente por vosotros?

Si, hubo toda una operación por parte del gobierno, los políticos y los medios, para ayudarnos a salir de allí. No tuve ningún contacto con el personal de la embajada mientras estuve detenido, pero ellos tenían información de que estábamos encarcelados, por eso nos estaban esperando.

 

Esta represión recuerda a la política del terror empleada por la policía secreta soviética, con detenciones masivas y aleatorias. ¿Crees que será capaz de acallar las protestas?

En Bielorrusia, en solo tres días, la policía ha detenido a 7.000 personas. En Hong Kong las autoridades detuvieron a unas 8.000 personas, pero a lo largo de todo un año. Y muchos de los detenidos fueron como yo, elegidos al azar. Detuvieron a gente que iba al trabajo, a ver a su novia, o que había bajado a la calle a comprar cigarrillos. Fue una auténtica locura. Pero esto no ha logrado amedrentar a la población, que sigue acudiendo a las manifestaciones y quiere la caída del régimen.

 

Parece evidente que a Lukashenko le va a resultar complicado mantenerse en el poder, su imagen cuando era abucheado por los obreros de una fábrica en un acto que pretendía mostrar el apoyo de los trabajadores ha sido muy comentada. ¿Qué crees que va a pasar en Bielorrusia en las próximas semanas?

El discurso de Lukashenko en la fabrica es, sin duda, histórico y es la primera vez que sucede algo así, aunque es difícil saber qué va a pasar en el futuro. La nación bielorrusa ha despertado y no hay vuelta atrás, y podría darse una situación similar a la de Ucrania, donde el Maidan hizo aflorar un fuerte sentimiento nacional y cultural. Sin embargo, está por ver la reacción de los partidarios del régimen, si permanecen leales la situación podría encaminarse hacia un conflicto violento. Luego está Rusia, pero tiene demasiados frentes abiertos como para permitirse una intervención, además de la falta de una justificación, no hay conflictos entre ambos países y no pueden recurrir a la propaganda del “nacionalismo fascista” como hicieron en Ucrania. Espero que finalmente se produzca un cambio de gobierno de forma pacífica, pero en este momento puede pasar cualquier cosa.