Cuando se vio en la calle no se vino abajo y siguió luchando. Cuando llegaba el bien tiempo le gustaba dormir en un lugar especial, por ejemplo se iba al Escorial y se dormía mirando el cielo, sentado en la Silla de Felipe II. Está es la historia de Ignacio.

¿Cómo acabó en la calle?

Fue en el año 2008, con el crack financiero. Hasta ese momento realizaba trabajos temporales y, de repente, dejaron de llamarme. Soy de familia desestructurada y me encontré sin medios. Para colmo, el invierno de 2008/2009 fue el más frío de lo que llevamos de siglo.

¿Y cómo afrontó la situación?

Desde el principio tuve claro que, una persona que esté en riesgo de exclusión, si empieza a frecuentar comedores, albergues, etc., ahí se termina de excluir. En invierno, he dormido mucho en el aeropuerto; con el buen tiempo, me gustaba mucho irme a algún lugar especial, como El Escorial, y dormirme viendo el cielo, sentado en la Silla de Felipe II. Esto te lo cuento como anécdota; es muy importante mantener el buen humor en situaciones así.

Seguro que tiene mil anécdotas que contar sobre tu día a día…

Desde luego… Por ejemplo: en una ocasión, me llamaron para hacer un curso del Instituto Social de la Marina, y me exigían aportar para ello, un reconocimiento médico psicotécnico. Como ni siquiera tenía dinero para ir a mi centro de salud, se me ocurrió ir a la Cruz Roja. El edificio era compartido entre Cruz Roja y un famoso hospital de Madrid… Lo único que recuerdo haberles dicho es que necesitaba un simple examen médico y, cuando me di cuenta, se habían enzarzado en una discusión la voluntaria de Cruz Roja y el personal del hospital, sobre de quién era la responsabilidad en ese momento. Por supuesto, me fui de allí sin el papelito, y no hice el curso.

Y ¿en su rutina diaria? ¿con qué tenía que lidiar?

Lo peor es la incomprensión… Puedes estar haciendo la cola para un desayuno durante 2 horas y, a lo último, aparece mucha gente que se cuela, sin más. Una vez, me enfrenté a esa situación, y nadie quiso ayudarme. Además hay que tener cuidado con la manera de hacer las cosas. Hoy en día, te pueden meter delito de odio o acto racista, por ejercer la autodefensa.

¿Considera que hay trato de favor para el colectivo inmigrante en detrimento de los españoles?

Considero que ser un español sin recomendaciones genera una desconfianza que yo no conocía hasta ese momento. Qué duda cabe que, en muchos trabajos, no contratan a españoles, por ser sospechosos de denunciar al jefe si no cumple con la legislación laboral.

Eso también es discriminación…

Sí. La otra cara de la moneda era el vínculo con la clase media; es decir, tenía algún amiguete que quería ayudarme sinceramente, pero no podía entender que la buena disposición no basta para hacer progresar a un pobre, y eso generó una situación tensa para los dos. Es lo que se llama “Aporofobia”, elegida palabra del año en 2016, creo.

En medio de tanta tensión diaria, ¿encontró algún oasis de paz?

La verdad es que sí… Estoy muy agradecido al Padre Jaime Álvarez, de los Jesuitas de Madrid, por la confianza que depositó en mí. Es una persona que jamás voy a olvidar.

Finalmente ¿ha conseguido poner orden en tanto caos?

Poco a poco conseguí ir adquiriendo experiencia en algún que otro oficio y, resulta que, en cierto momento, ya tenía el derecho a percibir la Renta Mínima de Inserción. Una vez que me acostumbré a vivir sin dinero, cuando lo tenía, no sabía qué hacer con ello y así, realmente fue como me pagué los carnets de camionero, por ejemplo, que es en lo que trabajo ahora.

¿Qué opina, por su experiencia, sobre los servicios sociales?

Me di cuenta de que, en todos los ámbitos, hay corrupción. La Renta Mínima se define como “ayuda de carácter alimenticio”; sin embargo, cuando me la concedieron, me hicieron firmar que la iba a destinar a alojamiento. Y, claro está, con 400 euros, antes del día 10 ó 12 de cada mes, ya no tendría dinero. Me hubiera quedado tirado en la cama, mirando el techo, mientras también me había comprometido a buscar trabajo activamente. Así que, me rebelé, y me salió bien… No me alojé, encontré un trabajo y, estábamos a día 26, y aún tenía dinero para ir al trabajo, para desayunar, para comer al mediodía, etc., hasta llegar a cobrar la primera nómina.

Aún le ha quedado margen para más rebeldía…

No se me olvidaba que yo había acabado en la calle, por una crisis financiera internacional; de modo que quise averiguar de primera mano quién manda realmente en mi país. Entonces exigí mi Renta Mínima, sin aportar un número de cuenta, ya que ninguna ley nos obliga a tener trato con bancos, y no se puede tampoco, abrir una cuenta en el Banco de España. El proceso ha sido muy tedioso pero, con la ley en la mano, se han visto obligados a darme la razón. Lo interesante ha sido ver cómo todo nuestro sistema se disuelve, al margen de la banca.

¿Cree que es posible que la gente que lo pasa mal pueda reaccionar?

Creo que deberíamos recuperar la confianza entre ciudadanos, en vez de delegar tanto a los bancos. No hace mucho que, en España, apenas había bancos, y nuestra economía creció hasta volver a ser un país próspero. Los bancos tienen un 10 ó un 15 % del dinero que dicen tener; ¿por qué confiar en ellos?