Vagones de trenes abarrotados, andenes repletos de viajeros esperando su tren y largas esperas por la reducción de la afluencia del transporte público. Así han amanecido Barcelona y Madrid tras entrar en vigor las restricciones impuestas por el Gobierno el pasado sábado tras el Consejo de Ministros, que limitan la circulación de personas a lo imprescindible y fomentan el teletrabajo para que no aumenten los contagios por coronavirus. Una vez superada la hora punta, el transporte público de las dos ciudades ha quedado desierto.

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