La Asociación Profesional de Trabajadores Penitenciarios Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM) vuelve a denunciar el caos con el que se está gestionando la pandemia del Covid -19 en las prisiones españolas y el notable empeoramiento de nuestras condiciones laborales.

En primer lugar, recordar como sólo gracias a la profesionalidad de los trabajadores penitenciarios se logró impedir la entrada del virus en un primer momento en las prisiones españolas. Eso a pesar de la ausencia de protocolos claros de actuación y de un criterio común por parte de nuestros gestores (se negó la realidad, se permitieron comunicaciones y vis a vis en pleno estado de alarma, incluso se negaron a facilitar mascarillas a los trabajadores ( que éramos los focos potenciales de trasmisión de la enfermedad) e intentaron hacernos desistir con el argumento de que poníamos nerviosos a los internos...internos que nos demandaban que nos pusiésemos mascarillas, porque había mucho miedo, y lo sigue habiendo.

Pues bien, una vez pasada este primera fase estos mismos mandos no se sonrojaron lo más mínimo cuando se atribuyeron el “éxito” ante la opinión pública mostrando estadísticas parciales de la poca incidencia del covid-19 dentro de prisión, es mas, una de sus primeras medidas en la precipitada desescalada y vuelta a la “nueva normalidad” fue volver a autorizar los vis a vis, a pesar del evidente riesgo y de las múltiples llamadas a la reflexión y la prudencia que TAMPM efectuó. Todos estos avisos cayeron en saco roto y el acelerado regreso de los permisos y vis a vis es una de las causas evidentes de la cantidad de brotes que estamos sufriendo ( Asturias, Madrid II, Madrid III, Madrid V, Madrid VII, Murcia...etc y etc) brotes que la administración niega o minusvalora y que suponen un grave riesgo para funcionarios e internos ( no hace falta recordar los problemas sanitarios de gran parte de los internos ni la elevada edad media de los funcionarios, mas de 50 años en la mayoría de los centros). También señalar que hay módulos enteros confinados en numerosas prisiones, y que muchas de ellas ya no tienen ni infraestructura ni espacio suficiente para aislar y ubicar el aumento de casos positivos entre los internos.

Podemos concluir a día de hoy que la incidencia del coronavirus en las cárceles está descontrolada, A esto hay que añadir la ausencia de un rastreo efectivo de contagiados, que la administración no está realizando PCR, u otro tipo de test a los trabajadores penitenciarios que por responsabilidad se lo tienen que pagar de su bolsillo para saber si han sido contagiados y no propagar el virus en otros entornos.

Sumando a esto lo que viene a ser la realidad no edulcorada a la que nos enfrentamos ( incremento de incendios provocados por internos en las última semana, quema de celdas en Palencia, Estremera, Almería, Albolote, Zuera, incremento de agresiones a trabajadores penitenciarios como en Botafuegos, Albocasser, Soto del Real, Puerto I ,Puerto III, Psiquiátrico de Fontcalent, Valdemoro..., peleas entre internos con pinchos ..., traslado de 33 cabecillas del motín del Ceti de Melilla a una prisión claramente desbordada ) pone en evidencia el clima de tensión que se está viviendo dentro de las prisiones, el nivel de violencia con que nos enfrentamos a diario, sin la protección de la ley por no ser agentes de la autoridad, con una escasez de personal alarmante, estamos trabajando un/a funcionario/a por módulo de incluso más de 100 internos en muchos casos, sin medios ni formación, ni liderazgo a la hora de elaborar una normativa clara y eficaz de actuación.

Nos vemos en la NECESIDAD de instar a la Administración a que ejecute sus prerrogativas y nos provea del material sanitario necesario, nos de los medios legislativos imprescindibles para nuestro trabajo ( Agente de la Autoridad, Sector propio con Estatuto que delimite, reconozca y valore nuestra especificidad y penosidad ) y asuma de una vez sus obligaciones para con sus empleados.

La sensación de desamparo y abandono que nos embarga cuando empezamos nuestra jornada laboral con el recuento diario, agravado por este caos organizativo (quien tiene que imponer normas comunes se desentiende y deja que cada centro vaya improvisando según van apareciendo los problemas ), sin política de PREVISIÓN ni PREVENCIÓN se actúa tarde, cuando el daño muchas veces es ya irreparable, nos hace mirar el presente como una temeridad que está poniendo en riesgo nuestra vida y la de la población reclusa y el futuro con mucho pesimismo. Ojalá nos equivoquemos, pero el Covid -19 puede provocar una catástrofe sanitaria dentro de estos muros.