De encontrarse en Estados Unidos, muy probablemente estarían expuestas en The Cloisters, el museo que recoge piezas de arte y arquitectura medieval europea que depende del célebre Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Pero las tumbas medievales de la ermita de Cintul están en Cos, un pequeño barrio de Mazcuerras (Cantabria).

Para ser más precisos, no se encuentran ni siquiera dentro del antiguo templo, sino a unos pocos metros, dispersas por el prado que lo rodea. “Es frecuente que las pise el ganado”, explican algunos vecinos, y lo corroboran asociaciones en defensa del patrimonio cultural. Tampoco sería mucha la diferencia: el tejado de esta ermita del siglo XII se hundió en algún momento posterior a la década de los años 60 del pasado siglo, cuando se sabe que se usaba de establo. Además, las paredes han comenzado a agrietarse, por lo que la bóveda de crucería podría ser la próxima en venirse abajo. Su pésimo estado de conservación la ha llevado a ser incluida en la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra https://listaroja.hispanianostra.org/ y que recoge más de 1.100 monumentos españoles que se encuentran sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.

Pero no ha sido la única incorporación del patrimonio cántabro a la Lista Roja de Hispania Nostra. Hace unos días se registraba también la grúa/draga Priestman, ubicada en el puerto de Santander y perteneciente a su Autoridad Portuaria. Ya había sido abandonada a su suerte anteriormente, por lo que se hundió en la zona portuaria de Raos. Rescatada en 1995, se procedió a su restauración integral, quedando instalada en el testero principal del espigón de Raos, en un área de acceso restringido al público en general. De nuevo, la desidia y el abandono provocaron la nueva destrucción de esta pieza del patrimonio industrial e histórico. El estado actual es catastrófico.

El casco del pontón/flotador/gabarra, se conserva en bastante buen estado, pero la máquina, por el hundimiento de la cubierta de madera, al no realizarse ningún trabajo de conservación preventiva en más de 20 años, está caída en el interior de la misma. La grúa/draga Priestman, antes y después del hundimiento de su cubierta de madera La asociación “Red de Patrimonio Industrial de Cantabria” hizo un intento de mediación con la Autoridad Portuaria, para ver la manera de rescatar esta pieza historia. Se llegó a proponer un convenio de cesión temporal a la asociación para que gestionase la rehabilitación, con aporte del 50% del presupuesto por la propia Autoridad Portuaria, pero las condiciones leoninas, no negociables, que imponían a esta asociación sin ánimo de lucro y escasos recursos, hicieron imposible llegar a un acuerdo, al exigir el cumplimiento de unos compromisos y responsabilidades de los que la misma Autoridad Portuaria había hecho dejación durante más de 20 años.

Es más que probable, así se expresaron en un primer momento, que sea convertida en chatarra y nadie se entere, por estar en una ubicación a la que solo puede acceder personal portuario o autorizado. Pero volvamos a la ermita de Cintul. Se hallaba en un pequeño barrio con una torre y tres casas con sus huertas, dos llosas, una castañera, la gran pradería y una ferrería-molino. La ermita, hoy único elemento aparente de todo el conjunto edificado, presenta una fábrica inicial románica tardía, de los siglos XII-XIII, remodelada con posterioridad en manera gótica – especialmente en el ábside-, quizás hacia finales del XV. De poco más tarde de esta última fecha es la primera referencia documental del asentamiento.

Se trata de un templo construido en mampostería y sillares, de una única nave de planta rectangular que se cubría a dos aguas y un ábside cuadrado. La entrada está ubicada en el muro sur bajo un arco de medio punto con cimacio y guardapolvos lisos. Los vanos de sus muros son bastante pequeños, entre los que se encuentran ventanas germinadas y un pequeño rosetón calado en el muro sur del ábside. En el oeste se levanta la espadaña con una sola tronera apuntada. El ábside está cubierto con bóveda de crucería con nervios moldurados, clave tallada y plementería de sillar. Los nervios de la bóveda yacen sobre pequeñas columnillas con basas geométricas y capiteles simples y tronco – piramidales tallados con animales y vegetales. En el interior, un arco triunfal apuntado y doblado, yace sobre dos columnas de basa con capitel geométrico que carece de decoración.

A través de este se da paso al ábside. Pertenece al obispado de Santander. Por su parte, la grúa/draga Priestman se compone de dos elementos: el primero es una grúa/draga/excavadora de vapor de gran potencia, de caldera vertical, y el segundo, un pontón/flotador/gabarra de hierro remachado, con siete mamparos y con cubierta de madera, sobre el que se monta la máquina. En el año 1883, la Junta del Puerto de Santander consideró necesario la adquisición de una grúa/draga/excavadora de vapor de gran potencia, con la finalidad de hacer más económicos los trabajos de extracción de rocas y dragar el fango residual, de cimentar los nuevos muelles y, por último, de extraer los restos de buques hundidos.

El 7 de mayo de 1883 se formalizo el pedido a la firma inglesa Priestman Brothers Ltd., propietaria de la patente de esta maquinaria, llegando por ferrocarril a Santander el 26 de junio de ese mismo año. A la vez, se construía un pontón/flotador/gabarra de madera (en 1931, se cambió por una de acero remachado) de popa cuadrada y 17m de eslora, 7,33m de manga y 1,80m de puntal. El importe total de la máquina y el flotador fue de 39.043 pesetas. Posteriormente, en 1890, la Junta adquirió una segunda grúa/draga Priestman y, en 1894, una tercera, para reponer la draga «Priestman nº1» destruida en la trágica segunda explosión del vapor «Cabo Machichaco» el 21 de marzo de 1894, mientras realizaba trabajos de rescate en el pecio sumergido. En esta explosión, también sufrió daños la «Priestman nº 3». En 1936, la «Priestman nº2”, se reforma, aumentando su eslora en 7m. Paulatinamente, fueron siendo retiradas del servicio. La nº 2 fue achatarrada y la nº 3, abandonada a su suerte, se hundió en la zona portuaria de Raos, hasta que fue rescatada y restaurada en 1995.